El solo hecho de imaginar un sondeo con esos resultados, es una ofensa para el pueblo peruano.
Para un pueblo a quien se atropelló con la destitución farsesca del Presidente Castillo, a quien se saboteó durante toda su gestión y que sigue preso sin ninguna prueba, mientras el norteamericano Kuczsynski disfruta de una “mullida” prisión domiciliaria.
Para un pueblo atropellado en sus decisiones, a quien se ha impuesto nuevamente dos cámaras congresales, cuando había rechazado con un referéndum contundente el reinstalar una cámara de senadores.
Para un pueblo que ha reclamado de muchas formas la urgencia de refundar la república peruana a través de una Asamblea Constituyente pero que también ha sido burlado con el legicidio de un congreso que ha convertido la constitución vigente en un frankestein funcional al crimen organizado, del que sus miembros, en su mayoría forma parte.
Para un pueblo así, burlado, traicionado y en muchos casos muerto por protestar y defender sus derechos es imposible creer en esas encuestas amañadas y falsas.
Falsa izquierda que ahora mágicamente aparece figurando en las encuestas a través de quien se abstuvo, cual Pilatos, en la votación del congreso para la vacancia del Presidente Castillo.
En el caso del Perú, China ha construido un mega puerto en Chancay y la Marina de Grau se apresta a ser financiada por EE.UU. para construir una nueva base militar en el Callao.
Ese es el contexto internacional en que deberá manejar el país el nuevo Presidente y el nuevo Congreso que elegiremos. En este momento histórico, no necesitamos de grandes ideólogos, ni de líderes rupturistas.
Necesitamos de alguien con un mínimo de solvencia intelectual, decencia y dignidad para defender a nuestra patria.
Necesitamos de alguien que haya demostrado en estos años de oscuridad, su amor al Perú, que haya abrazado con su solidaridad las luchas populares y que no se haya escondido en sus cuarteles de invierno, punto en boca, solo para reaparecer ahora con ocasión de las elecciones.
A la hora de votar, fijémonos en quienes han estado enfrentando a la mafia política y en quien, o en quiénes, podrán sacar la cara por el Perú en este grave contexto internacional.
Es el tiempo de parar a los traficantes de la política que a través de sucesivos gobiernos nos han estado desgobernando para favorecer a sus intereses y a los de los grandes pulpos de la oligarquía, de adentro y de afuera.
En realidad, se trata de que el Perú pueda sobrevivir como país relativamente independiente y soberano, mientras termina de caer el imperio, que en sus estertores, se presenta cada vez más feroz e inescrupuloso.




