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domingo, diciembre 26, 2010

Los "otros" a los que ayudamos, en realidad, somos nosotros mismos _ Escribe: Nano Guerra García / Perú 21



Qué difícil sacarle la vuelta a la monotonía repetitiva y anestésica de la misma historia. El nacimiento de Jesús, en Belén, se ha “gastado” de tanto repetirse y casi, casi…solo sirve para vender juguetes y adornar la sala de la casa.

Pero, la fina sensibilidad de Nano Guerra García (valioso, pero frustrado candidato a la Presidencia del Perú, por Fuerza Social) ha descubierto un ángulo novedoso a la historia, que nos permitirá valorar mejor a nuestros semejantes, por más humildes que aparezcan ante nuestros ojos.(Jesús Hubert)

Hace muchos siglos, una joven pareja buscaba alojamiento para poder pasar la noche, encontrándose con la negativa de los dueños de las posadas. Él era un carpintero pobre y ella estaba a punto de dar a luz. ¡Parecían huir de algo! ¡La casa se reserva el derecho de admisión! Decían los hosteleros mientras le cerraban las puertas.

Cuando la noche estaba por caer, el esposo llamó desesperado a la posada de Jairo, quien con desgano y mal humor les dijo: “Unos pordioseros como ustedes pueden alojarse en mi establo nada más”, mientras les mostraba el pesebre.

Así nació Jesús, pobre y sin el cuidado de un emprendedor que pudo haberlo alojado y darle sus servicios. El tiempo transcurrió, el hostelero se volvió rico y construyó posadas en toda Galilea. Sin embargo, la tragedia lo esperaba: su única hija fue víctima de una enfermedad mortal.

El posadero rico, desesperado, salió a buscar a un rabí que decían que hacía milagros. Cuando lo encontró, le rogó que acudiera a su hogar. Jesús llegó a su lujosa casa y preguntó por qué hacían duelo si la niña solo estaba dormida, lo que Jairo confirmó conmovido.

Cuando Jesús partió, el hombre rico averiguó su vida y supo que había nacido en el pesebre de su posada. La tristeza reemplazó a la alegría, el recuerdo del maltrato que le hizo a sus padres no lo dejó en paz y decidió, desde ese momento, servir siempre a sus huéspedes y dedicarse al servicio antes que a la mera ganancia.

Así quedó para siempre nuestra obligación de darle a nuestros prójimos o clientes siempre mucho más de lo que nos piden. ¿A quién serviste tú en este año, emprendedor? Feliz Navidad.

Publicado con el título: “Una historia de Navidad” en el Diario Perú 21 del 26/12/2010

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