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miércoles, marzo 19, 2008

La bondad es un rasgo biológico humano _ Escribe: Guillermo Giacosa / Perù 21


Sentir como el “otro”. Esa capacidad no solo emocional sino biológica del hombre para experimentar lo que su prójimo esta sintiendo, no es casual. La diversidad de rostros, cuerpos e historias es solo una ilusión. Porque todos somos el mismo SER ÙNICO, manifestado múltiplemente. Cerrar los sentidos y el corazón a esa conexión esencial, acarrea males de todo tipo, del cuerpo y del espíritu.

Nos despertó a la reflexión, este valioso articulo de Guillermo Giacosa, que nos complacemos en compartir con Ustedes. (Jesús Hubert)



El sabio chino Mencio dijo en el siglo III antes de Cristo: "Todos los hombres tienen una mente que no soporta ver el sufrimiento de los otros".

Casi 2,300 años después de formulada esta sentencia, las neurociencias han venido a corroborar como cierta la sabia intuición de Mencio. Según Goleman: "Cuando vemos a alguien en estado de aflicción, circuitos similares reverberan en nuestro cerebro, una suerte de resonancia empática muy sólida comienza convertirse en el preludio de la compasión".

Frente al dolor ajeno, nuestro cerebro activa las mismas partes que se activan cuando somos nosotros quienes padecemos ese dolor. Podemos experimentar la angustia, la tristeza, la ira, la alegría o la desazón de otra persona solo permitiendo que la empatía, que es el impulso natural de sentir como el otro, pueda hacer su trabajo.

Repito: en esas situaciones se activarán en nosotros los mismos circuitos cerebrales que están activados en quien vive la emoción. Por un principio de economía propio de la naturaleza, el cerebro actúa "disparando las mismas neuronas sea que perciba o realice una acción".
Según Jerome Kagan, destacado investigador científico de la Universidad de Harvard, la suma total de la bondad supera ampliamente la de la mezquindad. Sus palabras son: "Aunque los humanos heredan un prejuicio biológico que les permite sentir ira, celos, egoísmo y envidia, ser grosero, agresivo o violento, heredan un prejuicio biológico todavía más fuerte hacia la bondad, la compasión, la cooperación, el amor y el dar alimentos, en especial a los necesitados", y agrega que este sentido ético innato "es un rasgo biológico de nuestra especie".

El llamado 'darwinismo social', es decir, la explotación del más débil por parte del más fuerte, que es el rasgo característico de la sociedad contemporánea, va a contramano, no solo con lo que quiso expresar Darwin, sino también con los resortes más íntimos de la naturaleza humana.
Charles Darwin destacó la empatía (aún no se usaba esa palabra, recién aparece en inglés en 1989 y, luego, en español) como un factor de supervivencia. Sin embargo, "una lectura errónea de sus teorías -dice Daniel Goleman en su libro Inteligencia social- enfatizaba que la naturaleza "tiene rojo los dientes y las garras", idea que favorecen los darwinistas sociales, quienes torcieron el pensamiento evolucionista para racionalizar la avaricia.

De más está decir que detrás de estos conceptos científicos se escudan ideas que defienden la actual conformación de la sociedad humana y que pueden, a la larga, conducirnos al suicidio colectivo o a la potenciación de un ser acorde con los altos valores que nuestra civilización ha enunciado, mas no cumplido.

Ocurre que el 'rasgo biológico' se ve alterado por la pérdida de contacto con el prójimo. El dolor que despierta la solidaridad no es solo una noticia en el periódico, ni mucho menos una estadística. El dolor es, básicamente la mirada y el sentimiento del otro.

Tomado de la edición Internet de “Perú 21” del 28/02/08

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