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martes, junio 29, 2010

Heidemarie Schwermer : Trueque vs. dinero, la solidaridad contra el capitalismo / Entrevista de Ana Ibarra / Diario de Noticias de Pamplona



El mundo vive una carrera desbocada: La vida como consumo.

El ciudadano vive y trabaja para consumir y las grandes multinacionales devoran la naturaleza para seguir produciendo…más consumo.

¿Es posible romper este círculo vicioso? Los proyectos alternativos al capitalismo chocan con el condicionamiento del mercado mundial.

La política esta fallando para resolver los problemas del mundo.

¿Entonces qué nos queda? La alemana Heidemarie Schwermer propone el trueque. Esa forma ancestral de afrontar las supervivencia.

Y Heidemarie Schwermer nos muestra el camino con su propio ejemplo. (Jesús Hubert)

“Soy más feliz como mujer y me siento más libre ahora que vivo sin dinero porque tengo lo que quiero"

La alemana Heidemarie Schwermer fundó el primer trueque en Alemania y es autora de un manual de supervivencia, una crítica feroz al capitalismo neoliberal


UNA VIDA FIEL A UNOS IDEALES

Nació en 1942 en Memel, Prusia. Hija de una familia de refugiados de la II Guerra Mundial, tenía sólo dos años cuando su familia se vio obligada a huir al oeste. Aquel hecho le marcó para siempre. "Éramos una familia de comerciantes y tuvimos que empezar de cero, pasando muchas penurias...". Tras finalizar los estudios de Magisterio obtuvo su primer trabajo como profesora de primaria en Kiel. El hecho de no poder llevar adelante sus "ideales" pedagógicos le hicieron abandonar esta profesión y trasladarse a Lunenburg, donde estudió Psicología y Sociología.

Allí se especializó en psicoterapia gestáltica y abrió su propia consulta en Dortmund, en la cuenca del Ruhr. En los años sesenta se separó del padre de sus hijos tras una breve y traumática convivencia. Desde entonces no le ha vuelto a verlo. Supo educar a sus dos hijos que han conocido a una mujer que ha luchado por una vida mejor y ha cultivado la filosofía del vales lo que eres no lo que tienes. Ambos viven hoy en comunas, sin profesión y casi sin estudios, aunque no se siente responsable del camino que han seguido, como tampoco quiere que dependan de ella.

En 1994 fundó un centro de intercambio en esta ciudad y dos años más tarde donó todos sus bienes y se comprometió a no volver a utilizar el dinero. Un armario en casa de unos amigos guarda su ropa y algunos recursos personales. Su imagen no es la de una mendiga. Viste con sencillez y elegancia y luce un collar y pendientes de perlas verde. Se trata de ropa regalada, obtenida a través del trueque y algún que otro regalo. Es vegetariana. Un zumo de tomate le acompaña durante la entrevista, y elige para comer ensalada y menestra. No prueba el café ni el vino, y reconoce que el yoga es uno de sus secretos para mantenerse tan fresca. Entre risas, le confiesa a Rosa, de Andrea, que es una mujer rica porque posee una vivienda (en Alemania la cultura del alquiler está más arraigada).

En su libro 'Mi vida sin dinero' (20.000 ejemplares en Alemania y editado en castellano por la editorial Gedisa), cuyos beneficios donará a una entidad benéfica, relata momentos de soledad y crisis, sobre todo al sentirse una mendiga a la hora de tener que pedir un favor a alguien. Se ha dedicado al cuidado de casas, niños y mayores, ha limpiado y cocinado, ha impartido conferencias, cursillos terapéuticos... Ha viajado por varios países de Europa invitada por diferentes asociaciones, y en Navarra, paró en Estella y Pamplona.

Domingo, 10 nov. 2002 Núm. 2314

No lleva ni un euro encima. Cuando cumplió cincuenta y ocho años decidió que todas sus pertenencias cabrían en su bolso de mano; dejó su piso, su trabajo como psicoterapeuta, renunció a la segundad social, regaló su coche, sus libros y canceló todas sus cuentas. No tiene nada y, sin embargo, se considera tremendamente rica: una mujer libre y feliz. Vivir sin dinero no es una pose hippy es la conclusión a la que ha llegado en su vida una mujer serena y luchadora que presta asesoramiento o cocina a cambio de techo y comida. Fundó el primer trueque en Alemania y es autora de un manual de supervivencia, una crítica feroz al capitalismo neoliberal

Es una europea alemana que no conoce los euros. Hace siete años que vive sin dinero. Despidió de su cartera esas tarjetas de plástico que nos recuerdan que todo el dinero lo controlan los bancos. Voluntariamente eligió una nueva vida "nómada" y "aventurera" que le ha dado felicidad y libertad, y dice que amor no le falta. Bajo el lema "No tener nada y ser mucho" Heidemarie propugna es ejemplo, sin necesidad de apología, de una nueva ética personal basada en la solidaridad, la libertad y la justicia. El viernes ofreció una charla en Pamplona invitada por el Centro de Atención a la Mujer Andrea.

-Esta postura suya tan antisocial y antisistema la toma con 60 años, digamos que después de haber saboreado esa sociedad consumista y materialista que ahora censura...


-No es una actitud antisocial. Yo siempre he pensado que el mundo que hay no me gusta, el sistema en el que nos movemos no funciona porque la diferencia entre pobres y ricos crece, hemos alterado el clima de la tierra... Yo creo que así no podemos seguir. Y reflexioné sobre lo que podía hacer como persona individual.

-¿Quiere decir que ese inconformismo ha sido una constante en su vida?


-De hecho, cuando trabajaba como profesora en la escuela, tenía muchos ideales y no podía llevar a cabo mis proyectos. Por eso lo dejé. En la escuela no se tiene tiempo para enseñar otra cosa que no sean las materias obligatorias. Yo pensaba que podía educar en otro sentido, pero no fue así. Yo no podía cambiar el mundo y empecé por el mío. Hice otras cosas y mi última profesión fue como psicoterapeuta. Tenía una consulta y mi situación económica era inmejorable. Venía gente con mucho dinero porque los pobres no podían pagarme y yo necesitaba el dinero así que no podía escoger. En esa ciudad también existe pobreza.


-Se encontró entonces con todos los demonios y secuelas psicológicas que había creado esa sociedad tan competitiva...


-Tengo dos motivos para haber dado este paso. Uno es la pobreza que existe en el mundo y el otro es la pobreza del alma. La gente está aislada, vive sola, no sabe cómo acercarse al otro, y yo detecté en mi profesión como psicoterapeuta estos problemas de comunicación.

-Psicóloga, ¿cómo afecta esa soledad a cada género?


-Las mujeres han logrado trabajar, pero también tienen hijos y llevan el peso de la casa. Su trabajo es ingente. Y los hombres apenas han cambiado, apenas colaboran. Y la mayoría viven solas sin marido. Hay mucha madre soltera y separada porque no quieren aceptar esa dependencia del hombre. Yo me divorcié cuando tenía los niños muy pequeñitos. Ahora tienen 34 y 33 años, ven que estoy bien y me comprenden. Se alegran mucho cuando voy a dormir a casa de amigos porque hago muchas cosas para ellos. Si una madre tiene problemas con sus hijos, por ejemplo, hago de mediadora. Ofrezco tranquilidad y eso se agradece mucho"

-Usted ha vivido además la unificación de las dos Alemanias, la convivencia de dos modelos culturales diferentes...


-Conviven las dos Alemanias, el muro no existe pero es un muro invisible. Tengo ideas para la Alemania del este, son proyectos sin dinero

-¿Cómo se le ocurrió montar un trueque?


-Un día tuve noticias de un proyecto de trueque que se organizó en Canadá. Pensé en hacerlo en Dortmund, la ciudad donde ahora vivo. La gente acogió con total entusiasmo la idea y se fundó el primer círculo de intercambio. Fue uno de los primeros en Alemania y además tuve la complicidad de los medios de comunicación.

-¿Cómo funciona?


-Empecé en mi casa y le puso de nombre Dar y Tomar. Se intercambia de todo, productos y servicios sin que medie dinero: un corte de pelo, por ejemplo, por una clase de matemáticas. Al principio, la gente no confiaba en el trato con gente desconocida. A mí me molestaba mucho y quise demostrarles que era viable. Se necesita corazón. Primero me planteé vivir sin dinero. Y me puse como meta un año.

-¿Y cómo se equiparan las horas de trabajo de oficios con diferente grado de responsabilidad y cualificación?


-En mi trueque hemos hecho equivalencias de horas para todo; da lo mismo que uno limpie, que uno preste asesoramiento... Yo prefiero dar consejo que limpiar, pero es verdad que me enojaba reconocer que a algunas tareas como la limpieza o el cuidado de la casa y de los niños no se les diera ningún valor. Por eso introduje el criterio de igualdad en las actividades. Una hora de atención médica es lo mismo que pasear al perro. Tenemos personas de todas las edades y profesiones. Somos 300 personas.

-¿A muchos profesionales en activo seguro que no les interesaría en principio este modelo salvo que estuvieran parados...?


-Es cierto que creían que su trabajo tenía otra relevancia, pero también es verdad que las mujeres trabajan muchísimo y la sociedad no lo reconoce cuando en realidad es una función necesaria y que requiere mucho mimo.

-¿Cuál era su función?


-Me dedicaba a organizar y dirigir el trueque. También llevaba la consulta en aquel momento. Las personas me daban comida y me cortaban el pelo, y yo me dí cuenta de que no necesitaba tanto dinero. Empecé a dejar clientes hasta abandonar mi trabajo. Un día una persona conocida se fue a América para tres meses y me ofreció cuidar la casa. Ahí empezó todo.

-¿Dónde están sus cosas?


-He dejado todo lo que tenía a otras personas. Mis objetos, mi coche, mi ropa... Mi dinero para mis hijos, y la casa estaba alquilada. No tengo ni seguro médico.

-¿Qué tiene o qué le queda?


-Ahora no tengo nada. Soy una persona sin techo, pero ante todo una persona libre.-¿Y si se pone mala? -Tengo una amiga médico pero no quiero ir. Nunca los he necesitado porque yo me curo a mí misma.

-¿Quiere decir que lleva una vida sana?


-Claro, pero siempre. Mi vida es una evolución. Tuve reuma y ahora la he superado gracias a la alimentación. Como frutas por la mañana para depurar...

-En esta sociedad donde lo viejo se desecha y se incita al consumo desaforado, donde el dinero corrompe las conciencias, sostiene las guerras y fomenta las desigualdades, usted ha montado una isla para la utopía. ¿No cree?


-Muchas de las cosas que tenemos son inútiles. Trabajamos para tener. Todo lo que me llega a mí y no lo necesito, lo regalo a otros. No me gusta tener demasiadas cosas. Yo quería hacer mi experimento para un año, lo que pasa es que he notado que el dinero es malo porque nunca es bastante. Uno siempre quiere tener más. Los millonarios también. Y, sin embargo, yo ahora sé que cuando tengo hambre como y estoy satisfecha. No quiero más. Es una diferencia muy grande. La calidad de mi vida es mayor desde que no tengo dinero. Ésta fue mi voluntad y la lleve adelante porque creía en ello. Nunca me he sentido pobre. Yo creo que cada persona puede evolucionar. El ser humano no es malo.

-Sus hijos son grandes y no tiene que atender a sus padres, pero cualquier persona no se puede permitir no tener un trabajo, una estabilidad económica... Hay unas letras de un piso que atender, unos gastos fijos...


-Yo siempre digo que no trato de convencer a nadie. Sólo quiero dar impulsos, no se trata de que me copien. No se trata de que desaparezca el dinero sino que las personas cambien sus conciencias, que se den cuenta que el mundo en el que vivimos no es el mejor. Somos una masa dirigida y la gente no busca su felicidad dentro de sí mismo.- Esta alternativa a la vía de consumo tradicional en algunos países como Argentina se convierte en la única opción de supervivencia. Los principales beneficiarios de estos puntos de trueque son ancianos, parados o amas de casa que pueden obtener huevos frescos diariamente a cambio de la reparación de un coche, o un corte de pelo a cambio de una clase de inglés. -En Argentina ahora existe una gran pobreza y los trueques funcionan muy bien porque hay una necesidad. Pero es mejor cuando los cambios tienen su origen en la conciencia y no en la necesidad porque cuando vuelve el dinero, todo cambia.

-¿Cree que es posible vivir en una sociedad más solidaria cuando son las multinacionales son las que dirigen las economías?


-Sí, se puede vivir sin apoyar ese sistema. En el fondo cada uno sabe lo que realmente necesita. Son opciones personales. El primer paso debe ser saber que el sistema capitalista no puede funcionar mucho más tiempo.

-¿Se considera una persona de izquierdas, sintoniza con modelos más socializadores?


-No me encasillo. Claro que tengo ideas comunistas, budistas y cristianas. Creo en Dios. Es verdad. La gente puede vivir con amor y solidaridad, pero como individualidad voluntaria en la sociedad.

-¿No pertenece a ningún colectivo o movimiento?


-No. Yo tengo muchas oportunidades de hablar a la gente, no sólo a través de charlas, sino en televisión, y mi mensaje sé que va calando...

-¿No quiere ser ideóloga de un nuevo partido político?


- Creo que el modelo de los partidos políticos está caducado, lo de marcar el camino para la colectividad. Es tiempo de que el individuo sea fuerte y elija su opción de vida de forma voluntaria, que crea en su propia potencialidad. Es la gente la que demanda un tipo de gobierno, un modelo de televisión, etcétera. Son libres para elegir. Hasta ahora predominaba el camino masculino, con una mente rígida donde tiene cabida la guerra y la violencia. Una mujer no pone bombas. Es necesario que el lado femenino decida sobre un nuevo mundo

-Pero lo cierto es que las mujeres vivimos más esclavas de la imagen y del consumo.¿Es usted feminista?


-No. Soy mujer. Este mundo es todavía un mundo de hombres, pero en él empiezan a asomarse las mujeres fuertes. Hay muchas y con mucha energía, y saben crear nuevas formas de vida y de relación.

-¿Trabajamos para tener?


-Separamos ocio y trabajo, trabajamos para tener dinero y acumular cosas

-¿Hasta cuándo va a seguir?


-Voy para el séptimo año y sigo.

-¿Qué añora del pasado?


-Nada. Tengo una vida aventurera. Cada día he hecho una charla y dos entrevistas. Soy una nómada.

-¿Cómo es un día cualquier en la vida de Heidemarie?


-Tengo una oficina en Dortmund. Yo no hago cosas con el trueque. Hago mi trueque aparte. Tengo un correo electrónico e Internet y a cambio cocino cada día para mí y para un grupo de gente de cinco personas. Doy consejos a gente por Internet sobre temas terapéuticos u otros problemas, pero no cobro nada, yo recibo lo que necesito por otro lado. Vivo en una Casa de Cultura (una especie de gaztetxe autogestionado que no depende de la Administración) donde trabajan diferentes grupos. La comida viene de una tienda biológica. Puedo dormir allí si no tengo otro techo. Duermo con amigas y tengo al menos diez oportunidades cada noche.

-¡Serán buenas amigas! ¿No le preocupa poder molestarles en su vida privada?


- No hace falta tener una relación muy estrecha para encontrar un techo (Heidemarie mira a una de las mujeres de Andrea que le acompañan y que la ha ofrecido su casa).


-Es mucho más fácil. He conocido a mucha gente.

-Tampoco paga tampoco impuestos. ¿Es insolidaria?


-No, yo contribuyo a mejorar la vida de los demás de otra manera.-¿Entonces, anarquista?


-Sí, y me gusta.

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