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miércoles, octubre 24, 2007

Anita Roddick: Una empresaria que dió su vida por el planeta_ Escribe: Alberto D. Fraile Oliver

“Hay tres mil millones de mujeres que no parecen supermodelos y sólo 8 que sí”
Ana Roddick, creó la Barbie "gordita" , como contracampaña a los patrones de belleza femenina, excluyentes y discriminatorios


La fundadora de The Body Shop, Anita Roddick, murió el pasado mes de septiembre. Su trayectoria como empresaria comprometida con la defensa del medioambiente y de las comunidades más desfavorecidas ha cambiado la manera de entender los negocios para siempre. Habrá un antes y un después de Anita Roddick en el mundo de la empresa. Si los empresarios han empezado a preocuparse por su responsabilidad social y ecológica se debe en gran medida a esta mujer.

Esto es así porque en realidad Anita Roddick fue una agitadora de conciencias y una activista que gracias a su inteligencia se coló en el mundo empresarial de primer nivel. Fue una infiltrada en el sistema que utilizó todas las armas que su éxito le proporcionaba para volcarse en causas nobles: defensora de los derechos humanos, protección del planeta, activar la autoestima de las personas, pionera del comercio justo, y defensa del medioambiente y de los animales.

Revolucionaria ética

Esta mujer rebelde convirtió su empresa en un referente mundial de empresa ecológica y socialmente responsable hasta tal punto que ella misma se convirtió en una fuerza moral. Pese a que fue uno de los mayores azotes para los poderes establecidos fue una de las mujeres que mayor fortuna personal acumuló en vida por meritos propios. Sin embargo vivía de una forma bastante austera, era espontánea, natural y nada arrogante. Siempre formó equipo con su marido Gordon, juntos formaban una pareja que se nutría mutuamente y que siempre reía.

Cualquier empresario lo suele tener muy claro, en su horizonte hay una única palabra que guía su acción: beneficio. Anita Roddick fue una empresaria diferente porque a esa palabra anteponía otras dos: gente y planeta. Es decir que los beneficios son bienvenidos cuando la gente y el planeta también salen beneficiados. Satish Kumar, otro gran activista, editor de la revista Resurgence, suele decir que “los negocios son para hacer amigos y servir a la comunidad”. Anita fue el ejemplo vivo de esta frase.

Su activismo la convirtió en la abanderada del cambio social y medioambiental a través de los negocios. Hay otra forma de hacer negocios y ella lo demostró. Cuando algunas personas empezaban a hablar tímidamente de comercio justo, ella fue y lo hizo. Nunca aceptó las reglas del juego de la globalización y desde su empresa trató de ofrecer alternativas constructivas al modelo de las multinacionales que en sus propias palabras “han transformado el planeta en un terreno de juego, paseándose de país en país a la búsqueda de sueldos más bajos, las leyes medioambientales más débiles y los trabajadores más dóciles y desesperados”.

Todo comenzó en 1976 cuando Anita se vio en la necesidad de sacar a sus hijas adelante y creó una pequeña tienda de cosméticos naturales en Brighton, un pueblecito de Inglaterra. La tiendecita no contaba con más de veinte productos pero su impulsora era una fuerza de la naturaleza cuya pasión por la vida le permitió transformar su chiringuito en una gran empresa. Luchó en un mundo empresarial dominado por hombres y en treinta años hizo el milagro de convertir un chiringuito en una compañía que cuenta con 2.000 establecimientos en todo el mundo, y que el grupo cosmético francés L’Oreal compró por casi mil millones de euros. Ella siempre reconoció que su gran error fue sacar The Body Shop a bolsa. Esta mala decisión le obligó, años más tarde a vender el que había sido el proyecto de su vida.

Frugalidad


Según contaba la propia Anita, “la frugalidad que mi madre experimentó durante los años de guerra me hicieron cuestionarme algunas cosas: ¿Por qué tirar un envase cuando se puede usar de nuevo? Nos comportamos tal y como ella había hecho durante la Segunda Guerra Mundial, utilizamos todo de nuevo, rellenamos todo, reciclamos todo lo que pudimos. La creación del activismo medioambiental de The Body Shop nació de ideas como esas.”

Sus campañas

Nunca tuvo pelos en la lengua y siempre criticó la avaricia y la falta de escrúpulos a los que contrapuso responsabilidad social, comercio justo, derechos humanos, defensa de la naturaleza, inversión ética y ética publicitaria.

Pese a que The Body Shop vende productos de belleza, su fundadora siempre afirmó que el mejor producto de belleza era una sonrisa. Por este motivo alentó el mejorar la autoestima de las mujeres ya que estaba convencida de que una buena autoestima es la raíz de la dignidad y de la libertad personal.

Fue muy crítica con los patrones de belleza establecidos por la industria de la moda. Criticó las imágenes idealizadas de la mujer, que tanto daño hacen al psiquismo de muchas personas y que son la causa principal de trastornos como la bulimia y la anorexia. Una de las campañas más polémicas de su compañía fue una que utilizó la imagen de la muñeca Barby con unas caderas más bien gordas y algunos kilos de más. El texto que acompañaba la imagen era el siguiente: “Hay tres mil millones de mujeres que no parecen supermodelos y sólo 8 que sí” La campaña fue censurada porque al fabricante de Barby, la empresa Mattel, no le gustó ver a su muñeca con algunos kilos de más. Se parecía demasiado a una mujer real como para que lo pudieran soportar.

Una de las causas de Anita Roddick fue siempre la lucha contra la utilización de animales en las pruebas de cosméticos. Algo que en 1976 era totalmente opuesto a la práctica de las empresas de productos de belleza, que torturaban a los animales para probar sus productos. La filosofía de Roddick estaba basada en la frase del filosofo Jeremy Bentham “la cuestión no es si los animales pueden razonar, tampoco si pueden hablar, la cuestión es si sufren.” El gobierno británico prohibió las pruebas en animales para productos de cosmética en 1998. Y bastante tuvo que ver la lata que dieron Anita y su empresa al respecto.

La defensa de los derechos humanos fue otro de sus caballos de batalla. Ella afirmaba que “son absolutamente esenciales si queremos mantener nuestra humanidad”. Una de las acciones de las que Anita estaba más orgullosa tuvo lugar en 1993 cuando se reunió con una delegación del pueblo Ogoni de Nigeria. Buscaban justicia y compensaciones de la gigantesca multinacional de petróleo Shell que estaba destrozando sus tierras para buscar y producir petróleo. Trabajando junto con ONG’s hicieron de su campaña una causa internacionalmente conocida. Trágicamente, el representante clave de los ogoni, Ken Saro-Wiwa y otros ocho ogonis fueron ejecutados por el gobierno nigeriano en 1995. Pero la campaña apoyada por Anita continuó y, finalmente, otros 19 ogonis que estaban presos fueron liberados. En 1997, después de cuatros años de presión incesante, Shell revisó su “manual de operaciones”, comprometiéndose como empresa a respetar los derechos humanos y el desarrollo sostenible.

La defensa del planeta también tenía cabida en sus campañas. Citaba a Jonh F. Kennedy: “la suprema realidad de nuestro tiempo es la vulnerabilidad de nuestro planeta” y proponía tres líneas de acción: decantarse por energías alternativas, cortar las emisiones de dióxido de carbono y presionar por un transporte público decente.

Anita Roddick demostró que las empresas pueden mostrar sentimientos más elevados que el temor y la codicia y, con su pasión, cambió el mundo, al menos el de los negocios.

Artículo publicado en la Revista Namaste num. 48, Octubre 2007. (Extraido de la pagina web: http://www.pocapoc.net)