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jueves, octubre 29, 2009

El código Esenio: ¿sufridores o creadores de la realidad?_ Escribe Brad Hunter



La sabiduria esenia nos llegó a través de los rollos del Mar Muerto,
descubiertos en 1946


Quizás el mayor robo de conciencia perpetrado por las iglesias cristianas ha sido convertir al creyente en un ser pasivo, sufridor de la realidad y de las decisiones de un dios falso, cruel y castigador. Convirtiéndonos así, en seres empequeñecidos, distantes y separados de nuestro creador.

Brad Hunter, en este valioso artículo, nos retrocede hasta las raíces mismas del cristianismo, hasta el pueblo esenio y su sabiduría esencial, para ayudarnos a recuperar la conciencia de nuestra condición divina, íntimamente unida, en naturaleza y poder, al Padre creador. (Jesús Hubert)


Los principales fundadores de lo que más tarde se denominó cristiandad fueron esenios: Santa Ana, José y María, Juan el Bautista, Jesús, Juan el Evangelista, entre otros. Los esenios no se limitaban a una sola religión, sino que estudiaban todas para luego extraer de ellas los grandes principios del conocimiento; y sostenían que cada religión era un estado diferente de una misma manifestación. Le daban gran importancia a las enseñanzas de los antiguos caldeos, a las de Zoroastro, a las de Hermes Trismegisto, a las instrucciones de Moisés, como así también a las revelaciones de Enoc.

Su legado consiste en la documentación de diversas técnicas que nos brindan un acceso directo a la conexión cuántica, permitiendo el acceso al conocimiento infinito. El estudio de antiguas enseñanzas realizado por esenios le ha devuelto a la humanidad una llave que posibilita reencontrarse con las herramientas necesarias para construir un mundo mejor. Dichas enseñanzas nos instruyen sobre cómo hacer de la compasión una ciencia que ayude a trascender los retos que ahora enfrentamos de forma individual y colectivamente.



Estos conocimientos se hallan contenidos en los textos -recientemente traducidos- de los Rollos del Mar Muerto, antiguos legados esenios de 2000 años de antigüedad y que fueron descubiertos en 1946. De los 22.000 fragmentos y rollos escritos sobre papiro, metal y cuero, únicamente uno fue hallado intacto: El Rollo de Isaías. Una de sus interpretaciones, aclarada por el nuevo conocimiento cuántico, ofrece una respuesta al sufrimiento del individuo o de las masas ante los cambios planetarios, ya sea por disturbios naturales, guerras o enfermedades. Describe cómo podríamos unirnos en un todo colectivo y enfrentar estos cambios por medio de la ciencia contenida en el Rollo de Isaías.

EL ROLLO DE ISAÍAS

La información contenida en este manuscrito relata una profecía dirigida específicamente para nuestros tiempos y presenta una visión del futuro que se asemeja a las profecías de numerosas otras tradiciones. Todas nos advierten -generalmente en tono catastrófico- sobre las infinitas posibilidades de caos basadas en nuestro libre albedrío.

En 1957 un físico en Princeton, Hugo Everett III, sugirió que por cada instante de nuestras vidas existen muchos momentos, posibilidades y resultados que tienen lugar simultáneamente para cada elección que hagamos en nuestras vidas. En la interpretación sobre el Rollo de Isaías, hecha por el investigador Gregg Braden, explica que cuando nos enfocamos en una de esas tantas posibilidades, la misma se convierte en nuestra realidad. Entonces las profecías se convierten en una especie de advertencia y nos indican el rumbo que debemos corregir en el futuro para así poder revertir nuestro propio destino.

¿CREAMOS O ELEGIMOS LA REALIDAD?

Una de las cosas que nos ha dicho la física cuántica y que coincide con antiguos legados de los manuscritos esenios es que nosotros creamos nuestra realidad. Afirman que la profecía se aproxima a la verdad aunque no sea totalmente exacta. Es decir que en cada momento de nuestras vidas vivimos numerosas posibilidades simultáneas que se llevan a cabo a través del tiempo y dependen de nuestras propias decisiones colectivas.

Estas posibilidades se encuentran inactivas en nuestro cosmos, latentes hasta que las despertemos por medio de nuestras elecciones. Todas nuestras alternativas individuales se convierten en una respuesta colectiva en un tiempo dado de la historia. Por eso ahora, aunque estemos atestiguando los inicios de algunas de las profecías más aterradoras, existen otras realidades disponibles y son igual de posibles, dependiendo de nuestra decisión. ¿Cómo nos desplazamos de una posibilidad a la otra? Las pistas están en el Rollo de Isaías.

EL CONOCIMIENTO ANTIGUO

La humanidad se distanció de la espiritualidad y de las disciplinas de apertura a su potencial interno, las cuales nos ayudan a influir en la realidad. Perdimos de vista la relación entre la humanidad, el pensamiento, los sentimientos, las emociones y el cosmos, y los textos sagrados en los cuales figuraban las claves de acceso a este potencial nos fueron retirados en el siglo IV. Se cree que cuando los esenios abandonaron Qumran para escapar de la persecución trasladaron su conocimiento al Tíbet, entre otros lugares.

En 1998 Braden, durante su peregrinaje por 12 monasterios tibetanos, corroboró que los locales no solo custodian conocimiento esenio, sino que hoy en día viven estas tradiciones y han incorporado las técnicas de autoconocimiento interior a su rutina de superación humana. Allí el investigador descubrió que existe una forma de oración que ayuda a creer y sentir lo que uno reza.

LA ORACIÓN COMO CREACIÓN

La oración a la cual nos referimos trasciende las creencias de cualquier religión y se basa en reincorporar el sentimiento y mentalismo humano en nuestra relación con el mundo. En lugar de sentirnos pecaminosos y miembros no partícipes ni decisivos de la realidad, oramos con conciencia creyendo en el principio de crear eventos que nos permitan desenvolver una nueva.

Los antiguos esenios utilizaban las cualidades del pensamiento, el sentimiento y la emoción para decidir cómo experimentar la vida en este mundo. La emoción es la energía que cada día nos impulsa hacia adelante en nuestro mundo, y ese sistema de poder no tiene una trayectoria hasta que es guiado por nuestro pensamiento. La unión del pensamiento con la emoción es el sentimiento.

Los tibetanos hacen una clara distinción entre sus plegarias y los cánticos, también entre los mantras y mudras que utilizan para ambientarse en el sentimiento adecuado para la oración. Esto es algo valioso para destacar porque ahora la ciencia cuántica sugiere que el sentimiento humano es la forma en cómo nos movemos de un resultado cuántico al otro. De alguna manera, el sentimiento humano está relacionado con el resultado que experimentamos individual y colectivamente.

Esta nueva forma de orar nos invita a crear el sentimiento en nuestros cuerpos como si la oración ya hubiese sido respondida. Las visualizaciones no tienen poder a menos que experimentemos a través del poder de la emoción y del sentimiento. Si este modo de orar funciona como creemos que lo hace, no hay motivo alguno para que suframos las predicciones catastróficas porque ahora poseemos el poder colectivo de transformar la realidad. Entonces debemos utilizar el poder de la emoción humana como una herramienta, porque quienes ya lo hicieron sintieron un profundo efecto sanador, solo porque percibieron nuevas posibilidades abiertas en su corazón y se dieron permiso para cambiar.

Cuando personificamos un sentimiento atraemos esa realidad y el mundo exterior nos refleja lo que nuestro mundo interior ha creado. Más allá de que elijamos paz o temor en nuestra vida personal, el mundo nos refleja esas mismas cualidades porque el mundo honra los principios de la creación. Así dijeron los antiguos esenios: "Conviértanse en la paz, porque eso atraerá paz para el mundo".

NOTA ORIGINAL PUBLICADA EN LA REVISTA EL PLANETA URBANO, SECCIÓN PLANETA-X.