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jueves, abril 23, 2009

Tucos(*) y narcos _ Escribe: Rocío Silva Santisteban


Después de más de diez años de una eclosión violenta de los abismos sociales en el Perú, la guerra cesó. Pero ahora, como una caricatura trágica, la secuela de esa violencia pretende instalarse nuevamente en algunas estribaciones de los andes peruanos.

Los responsables principales de las diferencias sociales que anidan todas estas tragedias, como siempre, pretenden simplificar todo y echar en un solo saco lo que fue y lo que son ahora las escaramuzas violentistas. Pero la historia no se repite, siempre alumbra o aborta nuevos hijos, con características propias que les imprime su tiempo.

El valor de este artículo de Rocío Silva Santisteban, en el diario La Repùblica, está en que muestra la entraña misma, la ideología real, más estructural que ideològica, de estos nuevos actores, paridos por la necesidad de sobrevivir en un país que les sigue negando oportunidades, porque como en el Virreinato español, - a despecho del discurso oficial - el Perú aun se circunscribe a Lima, la ciudad capital. (Jesús Hubert)


Jóvenes jugando a la muerte en pared con el poderosísimo flagelo que es el narcotráfico.

Cuando Wally dio su testimonio a la CVR (Comisiòn de la Verdad y Reconciliaciòn) todavía era joven y no tenía un discurso político-ideológico a la usanza tradicional maoísta. Todo lo contrario. Su historia y la forma como se auto-representa traslucen un fuerte componente arribista usando la violencia y el poder que podía ejercer mediante las armas. Andar armado en el Alto Huallaga o en Tingo María era una forma de expresar su fortaleza. Él prefería parecer “narco” que “tuco”: “Éramos los más sonaditos en todos los aniquilamientos, ataques, asaltos que hacíamos… nosotros éramos el grupo de asalto, éramos más fuertes”.

Este es uno de los testimonios recogidos por la CVR y se encuentra archivado en el Centro de Información para la Memoria y los DDHH. Wally es nada más y nada menos que un senderista de la nueva generación con un discurso bastante pragmático y poco ideologizado, que muestra claramente cómo se ha dejado atrás el maoísmo duro: “Y yo me hacía ver como combatiente: a los cojudos les hacíamos creer que nosotros estamos luchando por unos ideales, pero en el fondo somos unos burgueses […] quien te habla, era un jaranero pues. Quien te habla, cuando estaba de mando, [era] el que te conoce las grandes discotecas, bien vestido; manejaba mi plata. No parecía tuco, más parecía narco, como decía. Pero no le hacíamos saber a ellos, porque si se filtraba iba a ser tu responsabilidad, tu aniquilamiento, ¿no?”.

“Ellos” son por supuesto los dirigentes que monitorean el trabajo de los mandos locales y que, sin embargo, no veían directamente lo que estaba sucediendo con estos “combatientes” que poco a poco se convertían en sicarios del narcotráfico.

Como sostiene Wally en este testimonio el motivo por el cual la gente se enrolaba en la guerrilla era “por ilusión más que todo”: una ilusión casi adolescente en el poder que otorgan las armas.

Entrevistador: ¿Y por qué?

Wally: Porque te ven armado, por otros problemas que ellos tenían, por una venganza entraban. No había una entrega.

Entrevistador: ¿Una convicción?

Wally: Jamás va a haber una convicción, jamás, yo le puedo afirmar a cualquier mando político que en mí jamás había una convicción […] nos [estábamos] volviendo delincuentes comunes (…); ya no teníamos los principios. […] los jóvenes se engañan, vamos en mancha, vamos al ejército, y se mandan al ejército, ¿no?, así había en la guerrilla […] ellos se venían por comer bien, en los momentos, comías bien y dormías bien, en los momentos del boom del narcotráfico., pero después ya no…

Nos encontramos, entonces, ante decenas de “simples combatientes” que entran a formar parte de las filas del neo-senderismo sin convicción ideológica alguna y con la esperanza vana de lograrse una representación poderosa como “hombres armados”. Estas “ilusiones” parecen las mismas de los sicarios colombianos que juegan a la muerte en zonas similares y muchos de ellos, de la misma edad de estos senderistas así como de los jóvenes militares fallecidos. Jóvenes contra jóvenes: todos fascinados por las armas, unos de un lado, otros de otro lado; algunos con la ilusión de defender a la patria, otros con la ilusión de salir de la miseria, todos jugando a la muerte en pared con el poderosísimo flagelo que es el narcotráfico. El narcotráfico que aporta el financiamiento para estas masacres entre peruanos.

Esta nueva “autopercepción” del neo-senderista es uno de los puntos centrales que se deben tener en cuenta para una estrategia militar, pero también política, en el VRAE.
(*) En el Perù a veces se llama "tucos" a los terroristas.
Tomado de el Suplemento "DOMINGO" del diario "La Repùblica" de Lima_19/04/2009

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