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sábado, octubre 06, 2007

Ernesto...¿quién lo diría?

Quién lo diría: el asmático, capturado, cazado como un conejo en las selvas bolivianas…el “vencido” hace 40 años, surge de nuevo a full-color como icono invencible, amado hasta la trivialidad en polos, tatuajes y afiches esnob.

Allí está, silencioso, esperando que pregunten quién es, para entonces ponerse de pie con toda su humanidad, nuevamente el Ché, para recordarnos “que no dejo nada material a mis hijos y mi mujer… y no me apena” y “que cada uno de nosotros, solo, no vale nada”.

Y como no hay nada casual, en la humilde escuelita de la Higuera, Bolivia, el 9 de Octubre de 1967 hace -y nace el Ché - de Cristo yaciente, clavado a balas y casi desnudo, como para que la equivalencia sea perfecta.

Centuriones…esbirros…pueblo silencioso….toda la coreografía exacta, para coronar en olor a eternidad, a quien recordaba a sus hijos que “sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”.

Cristificarse es transparentarse a las aspiraciones y al aliento de la vida, sin ninguna frontera ni limitación, sin mezquindad ni medida, como él.

Ecce Homo, Ecce Ché.

(Jesús Hubert)

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