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domingo, julio 12, 2009

Roberto Carlos celebró 50 años de vida artística




"Sem dúvida um dos momentos mais emocionantes. Que coisa linda, sublime... ímpar. Um ser humano iluminado que acima de tudo é um grande amigo. Inspirador. O queremos por todas as próximas reencarnações. Roberto, te amamos!" (Comentario de admiradora en youtube)

Anoche 70,000 personas sumaron corazones para ovacionar los 50 años de vida artística de Roberto Carlos
quien los celebró cantando, al calor de multitud y amistad,
en el Estadio Maracaná de Rio de Janeiro.

Y toda la inmensa gratitud de sus admiradores-amigos, se encarnó en el verbo sentido de otra de las leyendas musicales de Brasil, Erasmo Carlos, quien fue el rostro y el abrazo del amigo para Roberto Carlos. De verdad, emotivo e inolvidable

Sigue cantando por siempre, Roberto, amigo. (Jesùs Hubert)




Tu eres mi amigo del alma, realmente el amigo
que en todo camino y jornada esta siempre conmigo
aunque eres un hombre aun tienes el alma de un niño
aquel que me da su amistad su respeto y cariño
recuerdo que juntos pasamos muy duros momentos
y tu no cambiaste por fuertes que fueran los vientos
es tu corazón una casa de puertas abiertas
tu eres realmente el mas cierto en horas inciertas.
en ciertos momentos difíciles que hay en la vida
buscamos a quien nos ayude a encontrar la salida
y aquella palabra de fuerza y de fe que me has dado
me da la certeza que siempre estuviste a mi lado.
tu eres mi amigo del alma en toda jornada
sonrisa y abrazo festivo en cada llegada
me dices verdades tan grandes con frases abiertas
tu eres realmente el mas cierto en horas inciertas
no preciso ni decir todo esto que te digo
pero es bueno así sentir, que eres tu mi gran amigo

Mitos y mentiras acerca de la Gripe AH1N1 _ Entrevista al epidemiólogo Dr. Juan Carlos David



Como me comentaba la amiga Nané, de Argentina, quien tuvo la gentileza de pasarme el enlace de estos videos, el Dr. Juan Carlos David es de esos médicos viejos y con larga experiencia, a quienes no es fácil meterle el dedo a la boca con la pandemia comercial de la ex - gripe porcina y ahora rebautizada, para hacerla mas misteriosa y temible, como AH1N1.

Les va a divertir y esclarecer mucho esta simpática y contundente entrevista de la televisión argentina. Que la disfruten. (Jesús Hubert)


Primera parte



Segunda Parte



"La Memoria" y "Solo le pido a Dios" _ Cantan: León Gieco, Victor Heredia y Juan Manuel Serrat



Reactualizamos un video que ya hemos publicado. Pocas veces lo hacemos, pero ante la amenaza de nuevos golpes militares en Amèrica Latina, consideramos oportuno y necesario recordar lo que ocurrió en la Argentina y otros paises del cono sur.

Se trata de la actuaciòn de los cantautores argentinos León Gieco y Victor Heredia, unidos solidariamente con su par catalán Juan Manuel Serrat, en el acto de inauguración del Museo de la Memoria en el año 2004, en el mismo local de la ESMA, ex-instalación militar argentina que sirvió a la dictadura de los años 70 como uno de los principales y siniestros centros de torturas y ejecución de más de 30,000 personas . (Jesùs Hubert)



“Mi nombre es Victoria”: Una historia que nunca mas debe repetirse _ Entrevista a Victoria Ginzberg / PÀGINA 12

Cuando la crisis mundial amenaza polarizar nuevamente a las sociedades y surge el peligro de que broten nuevos intentos autoritarios, especialmente en América Latina, como ha ocurrido ya con el golpe militar en Honduras, vale la pena recordar lo que ocurrió en los países del cono sur bajo el imperio de las botas durante los años 70.

Victoria Donda, es una joven que nació en prisión y que después de ser desaparecidos sus padres por la dictadura argentina, fue apropiada por los militares y asignada a una pareja que fungieron como sus padres reales.

Victoria, llegó a ser diputada del parlamento de su pais y ha logrado desentrañar la verdad de su vida y nos la cuenta en un libro estremecedor del que da cuenta este reportaje del diario argentino Página 12.

Toda una lección para no olvidar. (Jesús Hubert)





Nació en la ESMA y fue apropiada por un miembro del grupo de tareas de ese centro clandestino. Recuperó su identidad en 2004 y tres años después fue elegida diputada. Su libro habla de la militancia, del camino recorrido antes y después del análisis de ADN, de su relación con quienes la criaron y con su familia biológica, en la que también hay un represor.

Mi nombre es Victoria. Ese es el título del libro. Allí se cuenta la historia de quien siempre fue Victoria pero también fue Analía. De quien fue Analía sin dejar de ser Victoria. El relato lo construye Victoria Donda, la joven que recuperó su identidad en 2004 y fue poco después la primera hija de desaparecidos apropiada en convertirse en diputada nacional.

“El libro cierra una etapa. Soy hija de desaparecidos, pero antes soy militante y espero ahora seguir adelante desde otro lugar”, explica Donda a Página/12.

El texto está presentado en primera persona, aunque Donda tuvo la ayuda de un escritor que “no quiso aparecer”.

“Lo quería contar yo, no que otro lo contara por mí. Cuando alguien escribe sobre vos, lo tamiza con sus propias visiones, sus sentimientos”, dice.

Tal vez ser dueña de su palabra fue lo que permitió explayarse sobre hechos o temas que hasta ahora había preferido evitar o que nadie le había preguntado. Mi nombre es Victoria es el relato del despertar de las inquietudes sociales y políticas de una adolescente de Avellaneda, del descubrimiento de que su padre había sido un torturador durante la última dictadura militar y finalmente, de la revelación de que él no era su padre sino su apropiador.

Ella había nacido en la Escuela de Mecánica de la Armada, donde la habían arrancado de los brazos de su madre, quien antes de la separación logró nombrarla Victoria y pasarle un hilo azul por un agujerito de su oreja como marca identificatoria.

Mi nombre es Victoria es también la historia del compromiso de Cori y el Cabo, María Hilda Pérez y José María Donda, los padres de Victoria. La vida de esta joven, además, está cruzada por una serie de encuentros y desencuentros fraternales: el hermano de José María es el represor Adolfo Donda, uno de los responsables del centro clandestino donde dio a luz su cuñada y desde donde se llevaron a su sobrina, a quien no se animó a enfrentar cuando pidió verlo en una prisión de la Armada. Adolfo Donda, a su vez, crió a la hermana mayor de Victoria, y la relación entre las dos mujeres no pudo hasta ahora siquiera empezar a construirse. En cambio, el vínculo que Victoria tiene con su hermana de crianza resistió el peso de la historia que cayó sobre ambas.

“Mi historia –dice ella en el libro– no es solo mía, de Victoria o Analía, sino que es la historia de la Argentina, una historia de intolerancia, violencia y mentiras que se viven todavía, y que no estará completa hasta que el último de los bebés robados durante la dictadura pueda recuperar su verdadera identidad, hasta que el último de los responsables de aquella barbarie sea juzgado por sus crímenes, hasta que el último de los treinta mil desaparecidos pueda tener un nombre, una historia y una circunstancia de muerte y hasta que el último de sus familiares pueda, al fin, hacer su duelo.”

Victoria Donda, que integra el Movimiento Libres del Sur, reivindica la militancia de Cori y el Cabo y la militancia en general, pero no esconde las contradicciones que, en el plano sentimental, le genera quien en el libro llama Raúl pero que es en realidad Juan Antonio Azic, un torturador de la ESMA.

“Tengo muy claro que fui apropiada –señala– y no tengo ambigüedades, pero sí tengo ambigüedad con mi apropiador, a veces lo siento de otra forma, pero eso tiene que ver con sentimientos. Podría haber sido más fácil escribir sólo desde la política, desde mis ideas políticas, pero cuando uno quiere a alguien lo quiere. Me parecía importante no mentir. De otra forma terminaría no ayudando a nadie. Plantear que una persona tiene necesariamente que odiar a sus apropiadores no lo hace nadie, ni las Abuelas. Mentir para tergiversar las cosas era falso y yo no soy así. Quiero aportar a la historia colectiva, aportar una parte pequeña pero sin ocultar nada, aunque algunos puedan no estar de acuerdo.”

A partir de aquí, partes de la historia de Victoria tal como ella la cuenta.

“El 24 de julio de 2003 el juez argentino que había recibido el pedido de extradición, Rodolfo Canicoba Corral, solicitó la detención preventiva de los cuarenta y siete militares de la lista de Garzón. Yo en aquel entonces vivía en el centro cultural que habíamos organizado en una antigua sede del Banco Mayo, desde donde seguíamos haciendo trabajo territorial. El 24 de julio era jueves, y como todos los jueves, la familia se reunía en casa de Raúl y Graciela. Estas reuniones estaban preestablecidas desde tiempos inmemoriales, como aquellas en las que cena junta toda la familia.

Cuando llegué aquella noche, me resultó extraño no ver a Raúl por ningún lado. Graciela me dijo que no se sentía bien, y que se iba a quedar en la cama. Raúl no solía dejarse abatir por un simple malestar, y lo normal era que hubiese bajado aunque fuese a estar un poco con nosotras. Siempre habíamos sido una familia muy unida, y los jueves y domingos eran los dos días en los que no se admitían faltas de ningún tipo. Me ofrecí a subirle un té a la habitación esperando verlo postrado y enfermo, pero lo que me encontré distaba mucho de mis expectativas.

Raúl estaba de pie, agitándose de un lado al otro de la habitación mientras se vestía. Si algo había sido característico en él era esa meticulosidad al vestirse tan típica de los militares, como si cada movimiento estuviese planeado de antemano. Cuando era chica me encantaba verlo vestirse, siempre en el mismo orden, en una continuidad producto de repetir siempre los mismos gestos. Aquella noche, sin embargo, dudaba al elegir su camisa, que cambió dos veces, y entre prenda y prenda se detenía a resoplar como agotado por un esfuerzo sobrehumano.

Quedé tan sorprendida por aquella persona nerviosa y dubitativa en quien no reconocía a Raúl que me olvidé por completo del té y del hecho de que no sólo no estuviese enfermo, sino que se estaba preparando para salir.

Cuando por fin pareció notar mi presencia, me dijo directamente, sin saludarme y avanzando hacia el cajón de la cómoda donde guardaba su revólver:

–Analía, necesito que esta noche te quedes en casa.
Asentí sin emitir sonido ni cuestionar lo que era casi una orden. (...)
A la una de la mañana sonó el teléfono.

–Analía, soy yo –dijo desde el otro lado Raúl en un tono aún más sombrío que cuando lo había cruzado unas horas antes–. Necesito que esperes un poco más en casa. Dentro de una hora llamá a este teléfono –y me dictó el número mientras yo anotaba como un autómata, con un ojo puesto en la televisión.

Una hora después llamé, siempre con la vista fija en la pantalla del televisor, sin poder dormirme ni hacer algo diferente que mantenerme a la expectativa. Antes de que me respondiese sabía, por la forma en que estaba sonando, por el escalofrío que recorría mi espalda, por el tono de Raúl la última vez que había llamado, que no se trataba de buenas noticias. Cuando escuché que la voz que se dirigía a mí desde el otro lado del aparato no era la de él, confirmé mis peores presentimientos.

–¿Vos sos Analía? Tu papá está en el hospital. Acaba de pegarse un tiro.

Raúl había intentado suicidarse, disparándose un tiro en la boca con su revólver reglamentario. Quizás había considerado que no tenía la fuerza ni la voluntad de hacer frente a su pasado, de ver resurgir los muertos en las tumbas silenciosas, y considerado que la mejor opción para su familia era librarlos de lo que se vendría: la cárcel, las miradas de los vecinos... y más. Mucho más.

Pero había fallado. La bala no había dañado el cerebro, y Raúl se encontraba en coma inducido en una cama del Hospital Naval, en Capital. Yo no tenía tiempo para llorar. No todavía. Graciela siempre había sido una mujer de salud muy frágil, por lo que yo tendría que encargarme del asunto. Subí a despertar a mi hermana y a su novio, que se había quedado a dormir en casa; juntas despertamos a Graciela con cuidado y llamé a un remise para que nos llevase al hospital. Cuando entré a la habitación donde lo tenían lo hice intempestivamente, sin reflexionar sobre lo que podía encontrarme: frente a mí estaba mi padre, al que había visto unas pocas horas antes, inconsciente y sin rostro. El disparo lo había desfigurado.

Casi como si todo hubiese sido orquestado desde el principio, en el momento en el que salí de la habitación hacia la sala de espera, en una televisión empotrada en la pared para hacer perder aunque sea un poco la noción del tiempo a quienes allí aguardaban, se encontraba la explicación de las acciones de Raúl. En la pantalla brillaba la placa informativa roja y amarilla de Crónica TV donde se anunciaba el pedido de extradición, la lista, y en la lista, el nombre de Raúl. No pasaría mucho hasta que el intento de suicidio se convirtiese a su vez en una placa informativa, desnudando por completo nuestra familia a los ojos del país entero. Así, cuando finalmente comprendí por qué había tomado aquella trágica decisión, ya no sabía por qué llorar: ¿llorar por el intento de suicidio de mi padre, llorar por el sufrimiento de mi madre, o llorar por las causas de su intento de suicidio? Mi padre de repente había dejado de ser un inocente comerciante de frutas y verduras de Dock Sud para convertirse en una de las personas por cuyo encarcelamiento yo luchaba desde hacía años. Las imágenes de Raúl ayudándome con dinero, con algunos muebles viejos o simplemente llevándome y trayéndome de lugares como el Azucena Villaflor se volvían incongruentes y difusas pensando que la mujer que daba su nombre al centro cultural era una desaparecida, secuestrada por los grupos de tareas durante la dictadura. Los mismos grupos que tareas a los que Raúl había, aparentemente, pertenecido.

En algún momento muy próximo al intento de suicidio de Raúl, torturada por las nuevas informaciones que tenía ahora sobre mi padre, no pude soportar más la sensación opresiva de tener que hacer algo respecto de mi militancia. Esta vez sí entre lágrimas, incapaz ya de contener mi inconmensurable sufrimiento, decidí llamar a la sede de Abuelas de Plaza de Mayo, con quienes últimamente habíamos estrechado nuestros lazos y colaboración, en vista de los nuevos impulsos dados a los derechos humanos desde el Gobierno. Cuando tuve del otro lado de la línea a Estela Carlotto, sólo podía balbucear lo que sentía. Necesitaba disculparme porque había descubierto que mi padre era un torturador, necesitaba en el fondo que alguien me dijese que tenía el derecho de seguir militando, que mi herencia genética no me prohibía continuar luchando por lo que siempre había luchado. Estela fue comprensiva y maternal, me dijo aquello que yo necesitaba escuchar, y me pareció sorprendentemente calma dadas las circunstancias, aunque en aquel momento yo era incapaz de detenerme en detalles. Lo que yo no sabía era que Vicky, a quien había llamado en primer lugar buscando su amistad y su consuelo, se había adelantado en el llamado a las Abuelas, y para cuando yo hablé con la presidenta de Abuelas, ya había sido convocada una reunión de urgencia para determinar los pasos a seguir en mi caso. Llevaban mucho tiempo teniendo extremo cuidado respecto de la investigación sobre mi identidad, y nadie estaba dispuesto a tirar todo aquel trabajo por la borda. Sobre todo si ello implicaba algún tipo de daño a mi persona.

Apenas tres días después, y sin dar siquiera tiempo a que pasase una semana desde el intento de suicidio de Raúl, me encontré con el Yuyo frente a la mesa de un bar. Me había dicho que necesitaba hablar conmigo. “Es urgente”, había sentenciado, como excusándose por interrumpir en un momento tan difícil de mi vida. O al menos eso creí cuando accedí a verlo. Los recuerdos de aquel encuentro son fragmentarios. Tras salir del bar en el que estaba con el Yuyo yo ya no sabía quién era, incapaz de procesar toda la información que había destruido mi existencia en pocos días (...). Cuando esa noche llegué a mi casa actuaba en piloto automático, moviéndome como una zombi, incapaz de cargar con el peso de lo que había sucedido. Incluso durante unos instantes estuve a punto de acabar con todo: fui al lugar donde Raúl guardaba su revólver, y me quedé mirándolo durante unos minutos que parecieron eternos mientras intentaba decidir si era capaz de vivir la vida que me tocaría a partir de entonces.

Y así, sin que me diese cuenta, sin que fuese capaz de mensurar el verdadero alcance de lo que sucedía a mi alrededor, llegó el 24 de marzo de 2004, y con él, la inauguración del esperado Museo de la Memoria (...). En aquel acto habló Juan Cabandié, y su discurso pensando en su madre, pensando en los culpables de que no hubiera podido conocerla, haciendo referencia a quienes quisieron quitarle la vida, me hizo sentir por un instante que el esfuerzo que hacía por mantenerme entera no sería suficiente, que si relajaba un solo músculo, me derrumbaría para siempre. Hacía tan sólo dos meses que había descubierto su verdadera identidad, y desde el Gobierno le habían propuesto participar del acto. Cuando terminó de hablar, una vez al pie del estrado, lo vi llorar conmovido algo alejado de la gente. Me acerqué a él por detrás, y poniendo una mano en su hombro le dije:

–Vos, por lo menos, sabés quiénes fueron tus papás. Yo no siquiera eso.

Sabía que mi madre había entrado a la ESMA embarazada, sabía que muy probablemente yo había nacido dentro del Casino de Oficiales, igual que Juan, e incluso sospechaba fuertemente que la persona que me había tenido unos días en brazos era probablemente la misma que me había mirado desde su fotografía en la sede de Hijos.

¿Cómo era posible que mi mamá se bancase la tortura, haber estado embarazada en un campo de concentración, ver cómo se llevaban a su hija, todo por aquello en lo que creía y por lo cual dio su propia vida, y que yo no fuera capaz de tomar la decisión de sacarme unas gotas de sangre?

Tenía que entender que todo esto no se trataba de Raúl y Graciela, y ni siquiera se trataba de hacer justicia, o de juzgar a los responsables de la dictadura. Se trataba de mí, de mi identidad, de mi pasado y de mis posibilidades de un futuro. Supe que no podía seguir esperando. Era el momento de hacerme los análisis. (...)

Pasaron dos años desde que las chicas de Hermanos me habían contactado por primera vez, y más de un año desde que me dijeron que era hija de desaparecidos. Y aquel 8 de octubre, con un 99,99 por ciento se seguridad, por fin podía afirmarlo, gritarlo a los cuatro vientos, si eso era lo que quería. Y quería decirlo:
Ahora sí, mi nombre es Victoria."

Publicado originalmente con el título: En primera persona, en el diario argentino PÁGINA 12 del Domingo, 12 de Julio de 2009



Del G-8 al G-20: Surge un nuevo poder mundial _ Escribe:Jorge Castro / CLARÍN

Ante la magnitud de la crisis económica global,
a los paises centrales del poder mundial,
no les quedaba otra que ceder.

Y dejando asi su tradicional omnipotencia excluyente,
incorporar a los paises emergentes
en las grandes decisiones que deberán tomarse
ante la aceleración del desempleo
que amenaza con extender la crisis a las estructuras polìticas,
las cuales corren el peligro de ser barridas
por inmensas olas de descontento social en ciernes.

Tal es el sentido
de este interesante informe del diario argentino CLARÍN.
(Jesùs Hubert)


Cumbres. Las reuniones del G-8 más el grupo de potencias emergentes y la última encíclica papal coinciden en las fórmulas para enfrentar la crisis.

La reunión del G-8 en L´Aquila, Italia, se tornó relevante cuando se sumaron China, India, Brasil, México y Sudáfrica. También se incorporó Egipto, principal país árabe. La ampliación del encuentro aumenta la relevancia del G-20 (G-8 + 12 países emergentes), transformado en plataforma de gobernabilidad del sistema mundial, que se reúne en septiembre, en Pittsburgh (EE.UU.). En junio parece haber terminado la recesión de la economía mundial que se desató en septiembre de 2008. El producto industrial fue positivo por primera vez en nueve meses en EE.UU., Gran Bretaña y Japón; y creció significativamente por tercer mes consecutivo en China, que se encuentra ya en el cuarto mes de auge del PBI (+6.5% anual).

En el caso chino, la recuperación que comenzó en marzo apunta a transformarse en crecimiento pleno en la segunda parte del año. Pero la desocupación aumenta en el mundo entero: en junio se perdieron 473.000 puestos de trabajo en EE.UU.; y el desempleo trepó a 9.6%.

"Pero lo peor está por venir. El verdadero test de gobernabilidad está en el futuro, cuando la contracción económica acentúe el desempleo y la crisis social; y ésta, a su vez, se traduzca en inestabilidad política", dice Pascal Lamy (OMC). Lula sostuvo que "el G-8 ya no tiene razón de existir"; y agregó con Nicolas Sarkozy: "se requiere un orden mundial más democrático, que otorgue un papel mayor a los países emergentes (...) Exigimos un cambio en el gobierno mundial".Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) dijo esta semana: "Se necesita una nueva y verdadera autoridad política mundial, que pueda crear un nuevo orden político, jurídico y económico global, capaz de conducir la economía hacia una cooperación internacional para el desarrollo solidario de todos los pueblos. Sin el establecimiento de esta nueva autoridad política, no se puede conducir la globalización". (Veritas in Caritate, capítulo 6, punto 67).
Agrega Ratzinger: "el papel central de los países emergentes en el proceso de globalización permite enfrentar mejor la crisis global, y orientarse hacia una nueva civilización y una sociedad más humana".

La globalización es un proceso simultáneo de fragmentación e integración, en el que la producción se descentraliza, al tiempo que se concentra en el sistema integrado transnacional de producción (empresas transnacionales e inversión extranjera directa). El resultado es la unificación del mundo, a través de un solo modo (transnacional) de producción; y el predominio de una lógica de "desterritorialización".Cada fase del capitalismo tiene su sistema de instituciones políticas y económicas, que tornan posible -y a través de las cuales se realiza- el proceso intensivo de acumulación. Es la idea de Marx: "En el capitalismo, no hay nada particular fuera de lo general". Por eso la globalización no es sólo un fenómeno económico, sino también un proceso civilizatorio (social, cultural y político).

En los últimos 30 años, el ingreso per cápita de China aumentó 1.090% (8.7% anual) y el de India 230% (4% anual). En 2009, China se convierte en la segunda economía del mundo. Es el primer año en la historia del capitalismo en que la capacidad de crecimiento de la economía mundial está exclusivamente en manos de los países emergentes. Raymond Aron fijó la regla estratégica primordial: "El que sabe el qué, descubre el cómo". Por eso el G-8 no es más el eje del poder mundial; y el G-20 se transforma en la nueva plataforma de gobernabilidad global. "Los medios de poder han escapado al control de los Estados (...) Domar el fuego telúrico -finanzas, técnica-, presupone el Estado mundial. No se trata de una mera suma, una duplicación, sino de un salto cualitativo; el ascenso a una potencia aún inimaginable (...) No es un postulado ético o voluntarista; es algo que adviene, que entra en el presente desde el futuro", indica Ernst Jünger.

Publicado oroginalmente con el título: "Surge un nuevo poder mundial para conducir la globalización" en el Diario Clarín de Argentina del domingo 12, julio 2009.

Obama, seis meses _ Escribe: Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique


Con una reconocida autoridad moral,
que le viene de practicar un periodismo serio y comprometido
con los más sanos objetivos de la humanidad,
LE MONDE DIPLOMATIQUE, edición española de Julio del 2009,
a travès de su director Ignacio Ramonet,
hace un valioso balance de los primeros seis meses del gobierno de Obama.

Vale la pena conocerlo y tomarlo en cuenta.(Jesús Hubert)


El próximo día 20, Barack Obama cumple sus primeros seis meses en la Casa Blanca. ¿Qué balance se puede establecer, al cabo de este periodo, del conjunto de su política?

Primera constatación: el nuevo Presidente no ha cometido ningún error grave. Lo cual es primordial si recordamos que John F. Kennedy, por ejemplo, en su primer semestre, se había dejado arrastrar, el 17 de abril de 1961, a la desastrosa invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba. Tampoco se ha visto Obama enfrentado a un acontecimiento violento imprevisto, cuando Ronald Reagan, el 30 de marzo de 1981, ya había sido herido en un atentado. Y a Bill Clinton, el 26 de febrero de 1993, o sea 38 días apenas después de su toma de posesión, le tocó afrontar la tragedia provocada por la explosión, en los sótanos del World Trade Center, en Nueva York, de un camión repleto de explosivos que mató a seis personas e hirió a más de mil.

Segunda anotación: la simpatía respecto a Barack Obama se mantiene a un nivel alto. A pesar de que Estados Unidos atraviesa la peor crisis de su historia desde la Gran Depresión de los años 1930, una mayoría de estadounidenses -más del 56%- aprueba su gestión. Y según el barómetro "World Leaders", Obama se ha convertido en el "dirigente más apreciado del planeta" (1) en términos de popularidad y de influencia.

Tercera observación: el nuevo Presidente ha cumplido sus principales promesas. Sin rechazar en absoluto la economía de mercado, ha vuelto a colocar al Estado en el corazón de la vida económica y social (como se pudo apreciar cuando quebró General Motors y el Estado decidió controlar el 72% del capital del nuevo grupo reestucturado). El plan de ayuda a los bancos alcanzó cerca del billón de dólares; el penal de Guantánamo se cerrará en enero de 2010 y los presos serán enviados a países de acogida o juzgados por tribunales estadounidenses; la tortura se ha prohibido; las tropas se retirarán de Irak antes de agosto de 2010; cuatro millones de niños pobres disponen ahora de un seguro de salud financiado por una tasa sobre el tabaco; nueve millones de propietarios de viviendas tienen por fin la posibilidad de renegociar sus hipotecas; la investigación médica sobre las células madre se ha autorizado; el financiamiento público de la planificación familiar se ha restablecido; y se ha lanzado un amplio programa para el desarrollo de energías renovables.

En oposición a la ideologización fanática de la diplomacia que practicó George W. Bush, Obama adopta una actitud de no-ideólogo pragmático. Su empeño principal: transmitir un sentimiento de confianza; el de un hombre que mantiene su serenidad a pesar de las presiones y que no se deja desestabilizar. No ha dudado en multiplicar, en diversos frentes diplomáticos, los gestos de conciliación y de apertura; aunque también a veces -contra los piratas de Somalia- de firmeza. Empeñándose siempre en rehabilitar la credibilidad de Estados Unidos y en recuperar la confianza internacional.
Orador fuera de serie, Obama ha ido marcando su amplio programa diplomático con discursos y declaraciones importantes. Por ejemplo, en abril pasado, en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, cuando admitió que la política de Washington durante 50 años contra Cuba "no funcionó". Propuso una "nueva era" en las relaciones con Suramérica; mantuvo entrevistas cordiales con los mandatarios de los nuevos países progresistas (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay). Contrariamente a una larga tradición de intervencionismo estadounidense en Centroamérica, Obama condenó, el 28 de junio pasado, el golpe de Estado militar en Honduras contra el Presidente legítimo, Manuel Zelaya.

Frente a los enrevesados problemas de Oriente Próximo, Barack Obama ha confirmado la prioridad que él le confiere a la compleja guerra de Afganistán. Ha aumentado allí el número de efectivos; y ha alcanzado una importante victoria diplomática al conseguir que Pakistán combatiera por fin a los talibanes y Al Qaeda en su propio territorio, en particular en el valle de Swat.

Sobre la cuestión nuclear en Irán, ha tendido la mano a Teherán y propone negociar directamente con las autoridades iraníes. A pesar de las acusaciones de fraude en la reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad el 12 de junio pasado, Obama ha mantenido su política de apertura hacia la Revolución islámica.

A propósito del asunto más intrincado, el israelo-palestino, las cosas se han complicado después de la formación, en Israel, de un Ejecutivo con elementos de extrema derecha, dirigido por el ultraconservador Benyamín Netanyahu. Este Gobierno cometió el error de rechazar, en un primer momento, la teoría de los dos Estados (palestino e israelí) (2), lo que Barack Obama sancionó poniendo fin al apoyo incondicional de Washington a Israel. Es un cambio transcendental.

Por otra parte, en su importante discurso del 4 de junio en El Cairo, el mandatario estadounidense quiso restablecer el contacto con el mundo musulmán. Y romper así también con la política de su predecesor, no tanto sobre la "cuestión árabe" sino más bien sobre la "cuestión israelí", lo que, en el contexto de esta región, es idéntico en el fondo pero causa un impacto muy diferente en la forma. Después de recordar los lazos "indestructibles" que unen Estados Unidos e Israel, Obama ha repetido su apego a la solución de los dos Estados para acabar con el conflicto israelo-palestino. Y le ha exigido claramente al Gobierno de Benyamín Netanyahu que cese toda nueva intalación de colonias. Cosa que éste, presionado por sus aliados ultras, no acepta. En consecuencia, y a pesar de sus grandes dotes de conciliador, Obama no podrá evitar un choque contra el Gobierno extremista de Israel.

No todo ha sido exitoso o perfecto en estos primeros seis meses, pero el nuevo Presidente ha dado muestras de iniciativas imprevistas. Se ha colocado del lado del movimiento, del cambio, del deseo de justicia; y ha dado la impresión de querer dirigir a su país hacia la defensa de un Estado de derecho planetario. Podría tratarse de un cambio copernicano. Los oponentes habituales de Estados Unidos van a tener que moderar sus "automatismos críticos" contra Washington (hasta ahora casi siempre justificados). Y empezar a admitir que algo estaría cambiando, para bien, con Barack Obama.

Notas:

(1) The International Herald Tribune, París, 29 de mayo de 2009.

(2) Benyamín Netanyahu, en su discurso de la Universidad Bar-Ilán, el 15 de junio pasado, acabó por aceptar la creación de un Estado palestino, pero con muchas condiciones difícilmente aceptables por los palestinos, entre ellas, la de que sea un Estado desmilitarizado y que reconozca a Israel como "Estado del pueblo judío".