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lunes, mayo 24, 2010

EL PODER DE LA INOCENCIA: Niña peruana frente a Michelle Obama



Esta vez si el Cardenal Cipriani habló con verdad: El Espíritu Santo se manifestó a través de la niña peruana de siete años que puso en apuros a Michelle Obama sobre el tema de la inmigración.

Miles de niños se expresaron por labios de uno de ellos.
El poder del verbo es mayor cuando no existe el cálculo ni el miedo. Es el poder de la inocencia, que perdemos cuando adultos.

¿Y entonces quiénes tendríamos que aprender de quién?

Tomémosle el peso a la afirmación de Jesús en el evangelio cuando dice que si no llegamos a ser como niños no podremos ver a Dios (ni decir su palabra).

Como vemos, si acallamos al espíritu en nosotros, hasta los niños hablan. (Jesús Hubert)










Encuentro en Washington


Nadie aclara a una pequeña por qué su familia vive en la zozobra …Tampoco le garantizan que su madre no será deportada _ Escriben: David Brooks y Claudia Herrera / Diario La Jornada de México - 20/05/2010 de 2010, p. 3


Washington, 19 de mayo. Una estudiante de segundo de primaria pide la palabra:señora Obama, yo tengo una pregunta. La esposa del presidente de Estados Unidos responde: ¿cuál es tu pregunta? La niña continúa: Mi mamá dice, creo que dice, que Barack Obama se está llevando a todos los que no tienen papeles. Michelle Obama le explica: sí, eso es algo sobre lo cual tenemos que trabajar, ¿verdad?, para asegurar que la gente pueda estar aquí con los papeles correctos. ¿Verdad? Es exactamente así. La niña responde: pero mi mamá no tiene... (papeles).

El diálogo tuvo lugar en una primaria de niños ma yoritariamentelatinoamericanos (salvadoreños y mexicanos, sobre todo), donde Michelle Obama y Margarita Zavala participaron este miércoles en un acto para promover la salud, mientras casi a la misma hora sus esposos sostenían una conversación en la Casa Blanca, donde dicen que el tema de la migración figuró como asunto central.
Obama reiteró su compromiso de impulsar una reforma integral en la materia si logra contar con suficiente apoyo bipartidista. Calderón denunció la criminalización de los inmigrantes y su trato como delincuentes.

Pero nadie intentó explicar a la pequeña cómo o quién defenderá a su madre si de pronto es tratada como delincuente.

Y nadie le puede asegurar que su madre algún día no será detenida y deportada. Ella, como millones más de niños en este país, tiene que vivir con el temor de que el presidente se va a llevar a sus padres.

Eso sí, mientras los dos mandatarios repitieron promesas de resolver los grandes problemas bilaterales, pero sin anunciar nada particularmente nuevo que lleve a eso, Arizona les sirvió a ambos. Reprobaron la nueva ley antimigrante y, con ello, tenían algo que ofrecer a sus respectivos públicos como políticos (Obama para los latinos aquí; Calderón, tanto para los inmigrantes como para la imagen del presidente de México defendiendo los derechos frente a su homólogo estadunidense).

Para la Casa Blanca, uno de los objetivos políticos de esta visita de Estado tiene poco que ver con México y mucho con los latinos.

Unos 31 millones o dos terceras partes de la población latina de este país –la minoría más grande– es de origen mexicano.

Calderón, obviamente, tiene un público aquí también: según el Centro Hispánico Pew, en datos de 2008, unos 12.7 millones de inmigrantes mexicanos residen en el país, más de la mitad indocumentados. O sea, aproximadamente 11 por ciento de toda la población que nació en México vive de este lado de la frontera.

Los latinos son un sector clave para el Partido Demócrata, especialmente en esta coyuntura electoral (hay comicios legislativos federales en noviembre), y para Obama esta visita está en gran medida dedicada a ese sector.

No es por casualidad que entre los invitados a la cena de esta noche estén algunas de las principales figuras latinas del país, desde el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, hasta el alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa, además de líderes legislativos y dirigentes de algunas de las principales organizaciones latinas. También, figuras como Dolores Huerta y otras del mundo sindical, de los medios y del espectáculo.

Igual de notables son algunos de los no invitados, como el representante federal Luis Gutiérrez, quien presentó una propuesta de reforma migratoria integral más progresista que la ahora apoyada por Obama.

La última vez que Gutiérrez visitó la Casa Blanca, el 3 de mayo, se puso una camiseta que decía: arréstame a mí, no a mis amigos, y el servicio secreto cumplió con esa invitación y lo aprehendió junto con otros manifestantes que impugnaban las políticas antimigrantes.

También entre los invitados a la Casa Blanca están dirigentes sindicales nacionales, entre ellos María Elena Durazo, líder de la central obrera de Los Ángeles, y Leo Gerard, presidente del sindicato nacional siderúrgico (USW).

Horas antes de la cena, Durazo y líderes del USW participaron en una manifestación frente a la embajada de México, en demanda de una solución pacífica al conflicto en Cananea, Sonora, y el respeto a los derechos laborales en ambos lados de la frontera.


Ante unos cien sindicalistas que marchaban frente a la embajada coreando: justicia para los mineros ya, Durazo aseveró: luchamos por los derechos laborales en todas partes.

Agregó: las fronteras son empleadas para enfrentar a trabajador contra trabajador, pero no permitiremos que las fronteras nos dividan.


Los manifestantes pidieron solidaridad con los mineros. Llamamos al gobierno mexicano a retirar su amenaza de emplear la fuerza militar para desalojar a los huelguistas, y a iniciar negociaciones con los mineros para resolver este conflicto pacíficamente, declaró ayer Leo Gerard (no se sabe si entregará personalmente ese mensaje en la cena).



Las banderas de México y Estados Unidos decoran el interior de la Casa Blanca y la calle frente a la residencia, y se repite el mensaje oficial de cooperación sin precedente, de que son socios que impulsan la prosperidad económica en beneficio de ambos pueblos y del compromiso de una reforma migratoria.

También reiteran la corresponsabilidad por los problemas de cada país (consumo de drogas, armas, blanqueo de dinero, etcétera). Tal vez la sensación más fuerte aquí es dedeja vu, ya que esas palabras, o fórmulas muy parecidas, se han repetido durante los últimos 20 años en reuniones como ésta, pero, en los hechos, hoy las condiciones de las mayorías en ambos países se han deteriorado, y hay más apoyo que nunca para construir muros, enviar tropas a la frontera e impulsar leyes antimigrantes.

O tal vez es sólo un problema de traducción. Hoy, el intérprete al inglés del discurso de Calderón al arribar a la Casa Blanca fue tan problemático e incoherente que las palabras trasmitidas en vivo por los noticieros de cable y radio y a los asistentes estadunidenses resultaron incomprensibles por momentos, reportó la agencia Ap.

En castellano, el mensaje estaba claro, pero el traductor de la delegación mexicana no lo reflejó, a tal nivel que no se incluyó en la transcripción oficial de la Casa Blanca, y la embajada mexicana después preparó una versión en inglés corregida.

Al parecer, el problema de traducción de hoy quedará resuelto mañana para el discurso de Calderón ante una sesión conjunta del Congreso, ya que hablará en inglés.

Pero ni en inglés ni en español alguien logra explicarle a esa niña, y a millones como ella, por qué con tanta cooperación, tantos tienen que migrar y vivir con temor en estos dos países tan amigos.

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