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lunes, octubre 03, 2011

René Pérez (Calle 13) solidario con la lucha de los estudiantes chilenos



Residente junto a

Residente junto a Camila Vallejo en la U. de Chile (@elmontolio)


“Soy lo que dejaron,
soy toda la sobra de lo que se robaron.
Un pueblo escondido en la cima,
mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima.
Soy una fábrica de humo,
mano de obra campesina para tu consumo
Frente de frío en el medio del verano,
el amor en los tiempos del cólera, mi hermano.
El sol que nace y el día que muere,
con los mejores atardeceres.
Soy el desarrollo en carne viva,
un discurso político sin saliva.
Las caras más bonitas que he conocido,
soy la fotografía de un desaparecido.
Soy la sangre dentro de tus venas,
soy un pedazo de tierra que vale la pena.
soy una canasta con frijoles ,
soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles.
Soy lo que sostiene mi bandera,
la espina dorsal del planeta es mi cordillera.
Soy lo que me enseño mi padre,
el que no quiere a su patria no quiere a su madre.
Soy América latina,
un pueblo sin piernas pero que camina.”

Fragmento de “Latinoamérica”
coreada por René Perez de Calle 13 y los estudiantes chilenos



Tenía que ser en Chile. En la patria de Víctor Jara, René Pérez , “Residente”, la voz principal de Calle 13, pasó de las letras solidarias de sus canciones a su presencia fraterna junto al movimiento cívico y estudiantil chileno, que está luchando ejemplarmente por una educación pública gratuita y de calidad.

René Perez visitó, el 06 de Setiembre último, el local central de la Universidad de Chile, tomada por los estudiantes, diálogo y hasta cantó con los jóvenes luchadores que corearon un fragmento de su emblemática “Latinoamérica”. Aquí los videos del histórico encuentro. (Jesús Hubert)

Video 2



Video 3

http://www.youtube.com/watch?v=5GU0cjPdC_o&feature=related

Video 4
http://www.youtube.com/watch?v=cNIB2vcM31M&feature=related

Video 5

http://www.youtube.com/watch?v=h4doLBUrSBU&feature=related

Video 6

http://www.youtube.com/watch?v=GtEh2A6vfiQ&feature=related

Video 7

http://www.youtube.com/watch?v=cc63AubMvjI&feature=related

Video 8

http://www.youtube.com/watch?v=t-SL4ZciiqM&feature=related

Residente de Calle 13 visita la toma de la Casa Central de la Universidad de Chile

06.09.2011 | El cantante del popular grupo puertoriqueño fue a entregarle su apoyo al movimiento estudiantil. Anoche, los dirigentes universitarios y secundarios subieron al escenario durante la primera presentación del grupo en el país.

René Pérez, cantante del grupo Calle 13 realizó una visita a la toma de la Casa Central de la Universidad de Chile como forma de entregar su apoyo al movimiento estudiantil del cual el cantante ha estado muy pendiente.

Días antes de llegar a Chile, Residente había manifestado vía Twitter su apoyo hacia el movimiento estudiantil chileno promoviendo las marchas y los actos que se han desarrollado durante los últimos cuatro meses en el país. “Apoyando desde México como artista a la lucha estudiantil Chilena”.

Ayer, durante el primer recital del grupo en nuestro país, Residente invitó a los dirigentes de la Confech , Giorgio Jackson y Camila Vallejo junto a Freddy Fuentes y Rodrigo Rivera a subir al escenario para entregarle un mensaje a los estudiantes del país.

La visita está siendo transmitida en vivo vía Live Stream en el canal de la Fech.

Publicado en la web de Soy Chile el 06/09/2011

Haití: Los colonialista no perdonan _ Escribe: Eduardo Galeano / Página 12




El paternalismo es una forma de dominio. El que adopta el papel de padre es alguien que se siente superior a ese “hijo” a la fuerza. El pobre es como un niño, al que otros, los pudientes, tienen el derecho de manejar y decidir por él. Este es el caso de Haití.

Sobre cuernos, palos. Después del terremoto que le costó mas de doscientas mil vidas el año pasado, las Naciones Unidas decidieron ocupar Haití para “ayudar”. Y ya sabemos los resultados. Pero detrás de esa imagen de pobreza, atraso y minusvalía, que lo justifica todo, esta la verdadera y valiosa historia del pueblo haitiano que reivindica, con la elocuencia que lo caracteriza, Eduardo Galeano. (Jesús Hubert)

Haití, país ocupado

Consulte usted cualquier enciclopedia. Pregunte cuál fue el primer país libre en América. Recibirá siempre la misma respuesta: los Estados Unidos. Pero los Estados Unidos declararon su independencia cuando eran una nación con seiscientos cincuenta mil esclavos, que siguieron siendo esclavos durante un siglo, y en su primera Constitución establecieron que un negro equivalía a las tres quintas partes de una persona.

Y si a cualquier enciclopedia pregunta usted cuál fue el primer país que abolió la esclavitud, recibirá siempre la misma respuesta: Inglaterra. Pero el primer país que abolió la esclavitud no fue Inglaterra sino Haití, que todavía sigue expiando el pecado de su dignidad.

Los negros esclavos de Haití habían derrotado al glorioso ejército de Napoleón Bonaparte y Europa nunca perdonó esa humillación. Haití pagó a Francia, durante un siglo y medio, una indemnización gigantesca, por ser culpable de su libertad, pero ni eso alcanzó. Aquella insolencia negra sigue doliendo a los blancos amos del mundo.

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De todo eso, sabemos poco o nada.

Haití es un país invisible.

Sólo cobró fama cuando el terremoto del año 2010 mató a más de doscientos mil haitianos.

La tragedia hizo que el país ocupara, fugazmente, el primer plano de los medios de comunicación.

Haití no se conoce por el talento de sus artistas, magos de la chatarra capaces de convertir la basura en hermosura, ni por sus hazañas históricas en la guerra contra la esclavitud y la opresión colonial.

Vale la pena repetirlo una vez más, para que los sordos escuchen: Haití fue el país fundador de la independencia de América y el primero que derrotó la esclavitud en el mundo.

Merece mucho más que la notoriedad nacida de sus desgracias.

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Actualmente, los ejércitos de varios países, incluyendo el mío, continúan ocupando Haití. ¿Cómo se justifica esta invasión militar? Pues alegando que Haití pone en peligro la seguridad internacional.

Nada de nuevo.

Todo a lo largo del siglo diecinueve, el ejemplo de Haití constituyó una amenaza para la seguridad de los países que continuaban practicando la esclavitud. Ya lo había dicho Thomas Jefferson: de Haití provenía la peste de la rebelión. En Carolina del Sur, por ejemplo, la ley permitía encarcelar a cualquier marinero negro, mientras su barco estuviera en puerto, por el riesgo de que pudiera contagiar la peste antiesclavista. Y en Brasil, esa peste se llamaba haitianismo.

Ya en el siglo veinte, Haití fue invadido por los marines, por ser un país inseguro para sus acreedores extranjeros. Los invasores empezaron por apoderarse de las aduanas y entregaron el Banco Nacional al City Bank de Nueva York. Y ya que estaban, se quedaron diecinueve años.
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El cruce de la frontera entre la República Dominicana y Haití se llama El mal paso.

Quizás el nombre es una señal de alarma: está usted entrando en el mundo negro, la magia negra, la brujería...

El vudú, la religión que los esclavos trajeron de Africa y se nacionalizó en Haití, no merece llamarse religión. Desde el punto de vista de los propietarios de la Civilización, el vudú es cosa de negros, ignorancia, atraso, pura superstición. La Iglesia Católica, donde no faltan fieles capaces de vender uñas de los santos y plumas del arcángel Gabriel, logró que esta superstición fuera oficialmente prohibida en 1845, 1860, 1896, 1915 y 1942, sin que el pueblo se diera por enterado.

Pero desde hace ya algunos años, las sectas evangélicas se encargan de la guerra contra la superstición en Haití. Esas sectas vienen de los Estados Unidos, un país que no tiene piso 13 en sus edificios, ni fila 13 en sus aviones, habitado por civilizados cristianos que creen que Dios hizo el mundo en una semana.

En ese país, el predicador evangélico Pat Robertson explicó en la televisión el terremoto del año 2010. Este pastor de almas reveló que los negros haitianos habían conquistado la independencia de Francia a partir de una ceremonia vudú, invocando la ayuda del Diablo desde lo hondo de la selva haitiana. El Diablo, que les dio la libertad, envió al terremoto para pasarles la cuenta.

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¿Hasta cuándo seguirán los soldados extranjeros en Haití? Ellos llegaron para estabilizar y ayudar, pero llevan siete años desayudando y desestabilizando a este país que no los quiere.

La ocupación militar de Haití está costando a las Naciones Unidas más de ochocientos millones de dólares por año.

Si las Naciones Unidas destinaran esos fondos a la cooperación técnica y la solidaridad social, Haití podría recibir un buen impulso al desarrollo de su energía creadora. Y así se salvaría de sus salvadores armados, que tienen cierta tendencia a violar, matar y regalar enfermedades fatales.

Haití no necesita que nadie venga a multiplicar sus calamidades. Tampoco necesita la caridad de nadie. Como bien dice un antiguo proverbio africano, la mano que da está siempre arriba de la mano que recibe.

Pero Haití sí necesita solidaridad, médicos, escuelas, hospitales y una colaboración verdadera que haga posible el renacimiento de su soberanía alimentaria, asesinada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras sociedades filantrópicas.

Para nosotros, latinoamericanos, esa solidaridad es un deber de gratitud: será la mejor manera de decir gracias a esta pequeña gran nación que en 1804 nos abrió, con su contagioso ejemplo, las puertas de la libertad.

(Este artículo está dedicado a Guillermo Chifflet, que fue obligado a renunciar a la Cámara de Diputados del Uruguay cuando votó contra el envío de soldados a Haití.)

* Texto leído ayer por el escritor uruguayo en la Biblioteca Nacional en el marco de la mesa-debate “Haití y la respuesta latinoamericana”, en la que participaron además Camille Chalmers y Jorge Coscia.