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jueves, setiembre 20, 2007

Las armas y el dinero no lo son todo_Guillermo Giacosa / Perú 21

La impresión que uno tiene de los dirigentes actuales de los Estados Unidos es que ellos están total y absolutamente convencidos de que el poderío militar, por un lado, y la lluvia de dólares, por el otro, son las fuerzas centrales que pueden mover y controlar el universo.

Esta una visión simplista e intelectualmente tan pobre como quienes la defienden. Esto no quiere decir que no pueda, eventualmente, cosechar algún éxito, como de hecho ha ocurrido y, por sobre todo, es imposible negar que sirve para impresionar favorablemente a quienes les gusta simplificar la realidad humana.

Los hechos, sin embargo, señalan lo contrario. Vietnam, por ejemplo, logró vencer la sofisticada maquinaria de guerra estadounidense con guerrilleros mal equipados y regularmente alimentados, pero profundamente convencidos de aquello que estaban defendiendo. En el sudeste asiático, las fantásticas bombas inteligentes -que eran atraídas por la urea que produce el cuerpo humano- fueron desviadas colocando orina de los guerrilleros en las zonas selváticas que ellos no iban a atravesar. Como la orina contiene una alta cantidad de urea, las bombas castigaban la orina y dejaban paso a los osados muchachos del 'Vietcong' que recorrían otros caminos. Y así, sufriendo enormemente, pero con la constancia propia de quien cree estar defendiendo lo que realmente le pertenece, ese ejército de desarrapados logró expulsar a la mayor superpotencia del planeta (en ese tiempo, EE.UU. compartía esa denominación con la URSS; ahora la tiene para sí solo, pero cada vez comienza a quedarle más grande).

Hoy, los pantanos de Vietnam han sido sustituidos por los desiertos de Irak, y los resultados son cada vez más parecidos. Cambian administradores, cambian generales, juegan a elegir gobiernos democráticos (lo cual -para cualquiera que conozca la región o la cultura del Medio Oriente- suena a broma de mal gusto), pero la situación sigue en un tirabuzón imparable, incontenible, desastroso.

Ahora, para los republicanos, el mayor logro ya no es obtener éxitos en el campo de batalla (tampoco se tiene muy en claro cuál es el campo de batalla) sino en dejarle el fardo bélico -que ellos crearon- a una futura administración demócrata que, por lo que he escuchado hasta ahora, no es demasiado creativa e innovadora en sus propuestas.

Ni la maquinaria de guerra ni el dinero invertido han mejorado Irak. Lo primero, porque las armas utilizadas son útiles para otras circunstancias distintas al tipo de enfrentamientos que se plantean en Irak; y, lo segundo, el dinero, porque este ha ido directamente a enriquecer todavía más a las empresas que le prestan sus servicios al ejército de ocupación o a los mercenarios, y no se ha destinado para mejorar los servicios de infraestructura: alumbrado, agua, carreteras, etc., que reclama la población iraquí. Si las cifras sirven para ilustrar, es triste señalar que el número de muertos y de heridos sobrepasa largamente el millón, y que el número de exiliados oscila entre dos y cuatro millones. (Publicado en "Perú 21" - 19/09/07)

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