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jueves, enero 14, 2010

Si, soy salvaje _ Escribe: Marita Mancilla



Gerónimo

Existe una energía superior que alimenta al hombre, pero no solo al habitante de este planeta, sino a todo lo viviente. Es el espíritu de la vida, cuya conexión hemos perdido. Quemada por los inquisidores, de ayer y de hoy.

Los “salvajes”, "desalvajisandose" aceleradamente, aun conservan esa conexión, pero que se va debilitando al influjo de la “kryptonita” de la llamada civilización de cemento, de depredación y despilfarro.

El espíritu de la vida que anima a lo que queda de los pueblos originarios habla y dice su palabra en esta hora definitiva.

Marita Mancilla de Cabo San Lucas (México) le cede su voz y su letra, para que nos diga lo que nos tiene que decir. (Jesús Hubert)



Emergí de la tierra, el lodo fue mi primer vestido
que cubrió mi cuerpo desnudo.
De rama en rama busque mi alimento
y me cubri de la lluvia en un hueco que formo mi Madre.
Las estrellas fueron el manto que me cubrió del frío y
la luna mi confidente.

Si, soy una salvaje, que brinda
su Corazón al Sol, mas no es un sacrificio. Mi sangre han
visto derramada mas no es sangre, es el sudor que brota
de mis poros por la batalla que enfrento de día y de noche
para ubicar mi casa.

Las luciérnagas me alumbran sin cegarme
y sin condición alguna llegan cada Luna y se apagan
cuando llega un nuevo Sol.

Si soy una salvaje, porque he caminado por el desierto
y he tenido sed, y si he caído me he levantado al sentir
la ardiente arena en mi piel; si soy una salvaje porque
aun con heridas Amo sin mas a quien pudiera
haberme lastimado con toda la Fuerza y Voluntad de Vida
con la que me muestra mi Madre que yace bajo los pies
de los que aun no han sabido nacer de Ella.

Marita Mancilla
cristoforever_2@hotmail.com
14/01/2010
Cabo San Lucas,
México

Volteemos la página _ Escribe: Paulo Cohelo



Vivir también es un aprendizaje.
Y muchas veces la diferencia entre la felicidad y la tragedia,
entre la alegría y la tristeza
está solo en nuestra forma de mirar
... en nuestra decisión de ver las cosas de otra manera.
(Jesús Hubert)


Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú. Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.

¡Esa es la vida!

Publicado originalmente con el título: "Cerrando círculos"

2010: La lucha por el tiempo y el conocimiento _ Escribe: Rocio Silva Santisteban / La República



Cuando se habla de la humanidad, el concepto es ambiguo y discutible. Hay en realidad muchas y variadas condiciones de existencia .

Con información precisa y contundente, Rocio Silva Santisteban, poetisa y periodista, señala las diferencias abismales que separan a los hombres, tanto, como si fuésemos unos terrícolas y otros extraterrestres.

Sobreabundancias y carencias, polarizadas y extremas, que no se refieren solo a dinero y comida, sino sobre todo a dos aspectos vitales que establecen la condición misma de ser humano: conocimiento y tiempo…¿se dan cuenta?. (Jesús Hubert)


Para los multiempleados el tiempo se vuelve cruel y maligno. Y nos chupa la vida. Con algo de tiempo podemos activar el pensamiento crítico.

Hace años entrevisté a un filósofo español que escribió sobre la ética de los náufragos: ¿podemos tener ética en un momento de precariedad y desesperación? Él respondió que sí, siempre, que aun en casos desesperados y de precariedad extrema se deben tomar decisiones apelando a una ética elemental. Y me advirtió que la indignación es un gran sentimiento para lograr ese primer paso. Unos cuantos años antes, entrevisté a una señora que vendía tejas en el camino a Humay. La señora era muy pobre, tenía apenas una casa de madera, una cocina de kerosene, en donde, acondicionadas en situación apretujada, estaban las tejas sobre un mantel de lino blanco impecable. Las condiciones de su repostería eran paupérrimas, pero de una blancura de nieve. Le tomé unas fotos y ella me pidió previamente un tiempo para arreglarse, colocarse delicadamente unos pendientes baratos, y esas fotos fueron la imagen de la mujer más digna que he tomado en mi vida. La dignidad no está en la pobreza, pero es más difícil, es muchísimo más difícil, encontrarla entre los ricos.

Dignidad e indignación parecen ser dos lados de la misma moneda. Hace doscientos años la relación entre los ingresos de pobres y ricos era de 9 a 1; ahora, es de 60 a 1. ¿Qué significa en buena cuenta eso? Que, por ejemplo, tres de los multimillonarios de la revista Forbes son dueños de la misma cantidad de dinero que el PBI de los cuarenta y ocho países más pobres. La fortuna de Bill Gates, nomás –por nombrar a uno de los “ricos buenos”– es igual a la suma de la fortuna de 106 millones de estadounidenses. ¿Qué hacen con esa cantidad de dinero? La re-invierten, pierden y ganan, la juegan en Wall Street casi como si fuera Las Vegas y a veces producen terremotos económicos que pueden llevar a la pobreza, precisamente, a esos 106 millones mencionados. Por eso es falsa la hipótesis de que la riqueza no genera pobreza, como sostienen algunos mantras del libre mercado; quizás no en un laboratorio de índices al vacío, pero cuando se tienen que tomar decisiones éticas, y estas responden al afán de acumulación capitalista, los productos de estas decisiones pueden ocasionar la caída de hipotecas, de precios y hasta de los índices de PBI de países ninguneados.

La globalización ha creado un efecto de “aparente” igualdad de acceso a la información y a ciertos bienes que circulan por el mundo más baratos que hace cien años; pero esto es potencialidad pura pues, en la realidad dura y cruda, el acceso a esos bienes e incluso a otros intangibles, como la salud, la educación, la democracia, está cada vez más limitado. Por eso los afanes de Rupert Murdoch por organizar un sistema de copyright inescrutable para pretender cobrar por el acceso a sus periódicos en Internet; y por eso nosotros, en nuestra resistencia pasiva precaria, seguimos pirateando a diestra y siniestra, sobre todo, software. Una de las luchas del 2010 tiene que ser el acceso libre al conocimiento.

Pero otra, la principal, es el acceso al tiempo. El tiempo de los países capitalistas periféricos, como el nuestro, nos rompe la espina dorsal con sus angustias, sus premuras, sus colas interminables, sus combis a velocidad de tortuga. El tiempo para los multiempleados se vuelve cruel y maligno. Y nos chupa la vida. Con algo de tiempo podemos poner en marcha el pensamiento crítico, la conciencia sobre los discursos autoritarios, la indignación ante actos tan indignos y viles como esos vergonzosos indultos, esos vergonzosos archivamientos de pruebas en los Petroaudios, esos silencios cómplices, o ante la ignominia de las universidades chicha.

Para este 2010 les deseo tiempo, dignidad e indignación.

Publicado originalmente en el Suplemento “DOMINGO” del diario La República de Lima-Perú del 03/01/2010 con el título: “Resistencia: ¿los ricos son dueños del 2010? “