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sábado, mayo 09, 2009

Jèssica Sánchez Comanti: una ashàninka canta con la Orquesta Sinfònica del Perù_Escribe: Cynthia Pimentel / Suplemento Variedades

Vivimos un tiempo privilegiado. Y podremos disfrutarlo si sabemos abrir los ojos y valorar “lo nuevo”.

“Los últimos serán los primeros”. Este es el tiempo del cumplimiento de esa promesa.

De los lugares más olvidados y humildes, están surgiendo luminarias del arte y la cultura. ¿De dónde han salido? Precisamente de aquella geografía por la que nadie daba medio centavo o servia solo para postales turísticas, de entre aquellos que se miraba con desprecio o indiferencia… de los habitantes de las serranías, de las selvas, de esos eternos rincones olvidados por la civilización.

La verdad es que esas manifestaciones superiores de inteligencia y belleza no contaminada, siempre estuvieron allí. Pero no teníamos ojos, ni menos entendimiento para reconocerlas.

Hoy, ante el caos y la crisis profunda del mundo conocido, de "progreso", de ciencia y tecnologia materialista y de cultura ornamental, volvemos los ojos a los olvidados, para que nos regalen de sus tesoros escondidos y nos alimenten con su esperanza, con esas esencias del hombre, que ellos guardaban desde siempre. (Jesús Hubert)



Jéssica Sánchez Comanti, una dulce
adolescente asháninka enamorada de su
idioma, asombró al auditorio del Museo de
la Nación cuando intervino como solista
acompañada de la Orquesta Sinfónica
Nacional y del Coro Nacional de Niños.


Posonki quiere decir "gracias" en el idioma asháninka y Jessica Sánchez Comanti, una bonita adolescente de 17 años, nacida en el seno de esta etnia milenaria, hace honor a su expresión favorita, pues es como ella: encantadora y talentosa, además de servicial.

La secuestramos cuando se disponía a regresar al camerino vestida con la indumentaria típica de su terruño, luego de cantar como solista en su lengua materna para la Orquesta Sinfónica Nacional, en el auditorio Los Incas del Museo de la Nación, hecho inédito.

Subimos juntas, como jugando, las escalinatas del edificio para que nos cuente algo de su vida. Compone música y letra de canciones desde los 10 años de edad, 15 ya fueron grabadas en un disco compacto por Milagros, su profesora de Comunicación, nos dice.

Pero no piensa lanzar su producción al mercado discográfico sino hasta 2012, pues quiere prepararse. Aún no tiene ofertas. Eso sí, apenas culmine el año, pues cursa el quinto de secundaria, estudiará dos carreras: arte dramático y farmacia.

Ya disfrutó de la primera experiencia durante el rodaje de la cinta Asháninka de José María Salcedo, y se propone ingresar a la Universidad Peruana de los Andes

“SUS PADRES LE CONFIARON
LOS SUFRIMIENTOS DE LOS
SUYOS DURANTE LOS AÑOS
DE LA VIOLENCIA: “LAS AVES
ESTÁN TRISTES PORQUE
LLORAN LOS ASHÁNINKAS,
IRA YARI YARI YA YA YA...”


(UPLA). Actualmente estudia en un internado multicultural de la aldea Beato Junípero Serra. Su colegio está ubicado en Mazamari, distrito de la provincia de Satipo (Junín). En realidad son seis hermanos, los mayores trabajan en Lima: "andan por aquí", mira de reojo. Viajó a esta capital para ensayar con la OSN, un sueño.

Sus padres, Marcos Sánchez y Felicia Comanti, jóvenes aún, pues no superan los 40 de edad, le confiaron los sufrimientos de los suyos durante los años de la violencia: "las aves están tristes porque lloran los asháninkas, ira yari yari ya ya ya", cantó.

Animadora, recitadora, cantautora, no imaginó que un día estas estrofas tejidas en el paradisíaco paisaje de su pueblo fuesen interpretadas por un coro sinfónico o que sirvieran de inspiración a un director de orquesta. Lo soñó y no lo soñó, confiesa.

También celebra la naturaleza, ensalza al ser humano, festeja la vida, convoca a la paz; compone letra y música para los adolescentes relativa a la autoestima; definitivamente tiene muchos planes, pero el matrimonio aún no figura en esta relación.

Somos descubiertas por las enfermeras María Gamonal y Miriam Meléndez, quienes, cámara fotográfica en mano, la distraen, abrazan y besan. Ellas hicieron su internado en la aldea, oportunidad en que Jessica las ayudó haciendo las veces de traductora. "Canta que es una maravilla: en agosto, aniversario de la aldea, todos los niños entonan el Padre Nuestro y el Himno Nacional en asháninka", revelan alborozadas.

El tiempo expiró. Mina Maggiolo, directora de la sinfónica, recupera a su pupila.

EL MÚSICO

Abraham Padilla solía asistir de niño todos los domingos a las funciones que ofrecía la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), puntualmente. Su amor a la música lo indujo a aprender piano, primero, y violín y clarinete, además de los muchos otros instrumentos que un director de orquesta debe conocer. Hay que verlo dirigir para contarlo.

Mantiene aún esos ojos de niño, la mirada despierta, la voz alegre y una vitalidad que sólo la música podría asumir.

Ninguna otra actividad. Lo supo a tiempo. Por eso le dedica su vida o, como él prefiere decir, se la dedica "a la gente", pues su energía es un abrazo de amor, al punto que, si alguienno lo siente así, mejor que no salga de casa.

No es casualidad, entonces, que le fascinara la posibilidad de crear una obra sinfónico-coral inspirada en las canciones que escuchó a Jessica en su lengua materna, pues asháninka significa "la gente". La encontró tres años y medio atrás cantando en una función colegial durante uno de sus viajes a la selva central. Le entendió. Le gustó.

Inicialmente, estuvo motivado por la posibilidad de musicalizar una película; pero el destino se encargó de hacer su trabajo: solicitó a la niña permiso para grabar sus canciones, labor que acometió en sucesivas visitas, y con ellas, dándole vueltas, empezó a trabajar la obra cuyo estreno mundial apreciamos el último domingo.

Su amistad con Oswaldo Kuan, director del Coro Nacional de Niños del Perú, le permitió compartir la propuesta y, finalmente, la posibilidad de ser director invitado de la OSN le ayudó a plasmarla. El resultado merece ser reeditado por su magistral composición, pues sólo la música sabe embellecer las emociones humanas.

El público tuvo el privilegio de escuchar las piezas: "Shirentsi korake pokatsine" (El Espíritu del tiempo); "Pampoyantsipee betsikiori anampisato" (Cantando se crea el mundo); "Ora shintsi anitantyari" (La fuerza de la libertad); "Antabakachari impoiji kiario" (La lucha por la verdad) y "Shironi impoiji inkani" (Las palomas y las lluvias).

EL ESCRITOR

En junio debe culminar el rodaje y la edición del filme Asháninka, escrito por el periodista José María Salcedo con la finalidad de llevar a la pantalla grande una historia de ficción basada en hechos reales: la rebelión del pueblo del mismo nombre contra las huestes terroristas que tenían sujetos a sus mujeres y a sus niños.

"Chema", que en hebreo significa "escucha", acometió esta empresa en 2006 de la mano de Padilla en la parte musical. Entre los personajes reales importantes destaca el padre Castillo, sacerdote franciscano que dirige la misión de Puerto Ocopa, resiste al invasor, permanece en su parroquia a pesar de la agresión y recibe refugiados.

Interpreta al clérigo, Eduardo Cesti; otros actores son Ricky Tosso, Gerardo Zamora, Antonio Arrue, Reynaldo Arenas, Sergio Galliani. Este último compone a un viejo periodista cuya enamorada se va a trabajar al Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica donde una sicóloga cuida de los niños huérfanos, personaje real.

FOTOS: STEPHANIE ZOLLNER

Publicado originalmente con el tìtulo: "EIRO POBASHIRETA" No estés Triste, en el suplemento "Variedades"
del diario oficial EL PERUANO el 10/05/2009

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