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martes, marzo 15, 2011

Elecciones peruanas: Se busca “piloto automático”_Escribe: Santiago Pedraglio / Perú 21




Intolerancia, autocensura, una caza de brujas(rojas y aun rosadas) lista a saltar contra el primero que abra la boca más allá de los sacrosantos parámetros del modelo económico en curso, es el marco en que se desarrolla la campaña electoral presidencial en el Perú.

Por ello, hacemos nuestro el brillante enfoque del analista Santiago Pedraglio y afirmamos que mientras el pueblo no despierte a sus propios intereses, los peruanos no vamos poder elegir otra cosa que no sea un político alineado con el verdadero poder económico (léase: transnacionales, mineras, financieras, etc) que opere como “piloto automático” del modelo económico…y nada más. (Jesús Hubert)

La razón por la que subsiste la democracia peruana es principalmente una: el gran acuerdo, expreso o implícito, en torno al modelo económico. Esa es la clave. El día que ese acuerdo se quiebre, la democracia sin partidos que tiene el Perú se puede desmoronar como un frágil castillo de naipes.

Es una verdad cantada que las democracias requieren partidos políticos para organizar y representar a las grandes corrientes de opinión, jerarquizar las demandas y construir los espacios institucionales para legitimar la autoridad del Estado y resolver los conflictos.

Pues bien, esa condición no existe en el Perú. Los dos partidos más institucionalizados del país, el Apra y el PPC, se debaten en sendas y graves crisis internas y los resultados que obtendrán en abril próximo serán míseros. El sello indeleble de las campañas de las agrupaciones son los rostros de sus jefes: Toledo, Castañeda, Humala y Fujimori.

Deben sumarse a la ausencia de partidos el desprestigio del Congreso y de los parlamentarios, la pobre aprobación del presidente de la república y del poder ejecutivo, la falta de legitimidad del poder judicial y, en general, de las instituciones centrales del Estado: Policía, servicios públicos, etc. Hay excepciones, como la Defensoría del Pueblo, pero no modifican la situación general.

No es que los peruanos quieran vivir en dictadura y que no les guste disfrutar de libertades. Lo que podría hacer colapsar la democracia no es un presunto afán autoritario de los peruanos; por el contrario, un “exceso” de democracia en torno al modelo puede poner en crisis el régimen. Un frenazo de la economía podría causar un efecto similar. Y este detalle distingue al Perú de países como Chile, Uruguay o Brasil. En esos tres países las bases institucionales partidarias y estatales son infinitamente más sólidas.

La democracia peruana ¿podría controlar los impulsos desestabilizadores o incluso golpistas en caso de haber un gobierno de centroizquierda? Un presidente tipo Lula o Mujica ¿podría culminar su periodo en el Perú? Seguramente no, salvo que abandone sus propuestas y gobierne como derechista. Dicho de otra manera: si una fuerza política gana democráticamente, pero rompe el consenso en torno al modelo —es decir, primacía absoluta de las inversiones (ni siquiera del mercado) sobre la autoridad del Estado (convertido en una feria de prebendas) y los derechos ciudadanos—, el régimen político colapsa. Los poderes verdaderos no lo aceptarán y las fuerzas políticas democráticas y sociales no tendrán fuerza para impedirlo. Este es el drama de la actual democracia sin partidos: su vida depende de la economía y de una forma particular de entenderla y dirigirla.

Publicado en el diario Perú 21 del 05/03/11, con el título: El gobierno de la economía

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