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sábado, mayo 16, 2015

José Matos Mar y Antonio Zapata, un antropólogo y un historiador hablan sobre Tía María_ Diarios El Comercio y La República





Un antropólogo y un historiador, ponen su cuota de conocimiento, razón y responsabilidad para esclarecer el conflicto del proyecto Tía María.

Al margen de sus puntos de vista particulares, salta a la vista que, tanto la empresa Southern Perú como el Estado Peruano, nunca han tomado en serio a las poblaciones que serán afectadas por el proyecto.

Igualmente es evidente la inequidad de trato y consideración de las autoridades y del gobierno central, con la empresa y con los pobladores, repitiendo la relación de subordinación colonial de los pueblos respecto a la autoridad central.

La falta de respeto a la dignidad de las personas es una de las principales causas de los conflictos a nivel personal y también social. Ya es tiempo que los políticos no solo acudan a los hijos del Perú “profundo” para encandilarlos y arrancarles sus votos.

Es una pena que sean los más humildes, en este caso los campesinos y los policías, los que tienen que pagar con su sangre los yerros y las irresponsabilidades de sus gobernantes de turno. (Jesús Hubert)


SÁBADO 16 DE MAYO DEL 2015 | 06:00

El desborde popular en acción,

por José Matos Mar
Antrópologo

Claves para entender el conflicto de Tía María.


El proyecto Tía María es muy importante para el país. Por ello, es fundamental que los científicos sociales ayudemos a entender el conflicto en toda su dimensión. Para mí es un ejemplo vivo de lo que he llamado desborde popular. Con apoyo de un colaborador, propongo algunas claves de este drama.
Primer acto: Incomprensión de la realidad. Como todo valle costeño, el del río Tambo tiene tres sectores muy bien diferenciados: el bajo, formado por agricultores independientes; el medio, formado por los obreros de la Central Azucarera Chucarapi; y el alto, formado por campesinos. El sector bajo corresponde a los distritos de Deán Valdivia y Punta de Bombón, con 12 mil pobladores; mientras que el medio y alto corresponde al distrito de Cocachacra, con 10 mil pobladores.


Una consultora extranjera elabora el diagnóstico y trata a todos como si fueran una realidad homogénea. Como consecuencia, la negociación del estudio de impacto ambiental (EIA) se hace con los pobladores del sector bajo, sin tomar en cuenta al medio y al alto, que son las zonas de influencia directa del proyecto minero. Conclusión: sector alto y sector medio excluidos pese a ser tan numerosos como el sector bajo.


Segundo acto: Error empresarial. En diciembre del 2013, la empresa interesada lleva a cabo la audiencia pública que manda la ley y, conocedora de la resistencia del sector bajo, trae desde Arequipa a un centenar de jóvenes estudiantes que sustituyen a los agricultores. En 30 minutos exponen el EIA de 300 páginas y “absuelven” las 138 observaciones formuladas por la Oficina de Proyectos de las Naciones Unidas. Conclusión: sector bajo también excluido del conocimiento del proyecto. 

Como era lógico de esperar, en ese momento nace la protesta. 


Tercer acto: Miopía del gobierno. Ajeno a estas dos realidades, en abril de este año el actual primer ministro visita Mollendo y demanda “orden”. Inmediatamente se desata la violencia. Si de verdad quería poner orden, hubiese sido más aconsejable no viajar a Mollendo y a cambio ir a la avenida Las Artes de San Borja para sancionar a los funcionarios del Ministerio de Energía y Minas que se prestaron al despropósito de no cumplir la ley en la audiencia de aprobación del EIA. 


Además, el Ejecutivo forma una comisión con cuatro respetables técnicos, ministros de Estado, para negociar con los dirigentes opositores del proyecto. El supuesto implícito es que el problema es técnico y no político o social. Los opositores se dan el lujo de desairar a los ministros, a la presidenta del Congreso y a la gobernadora regional. Un incidente inadmisible que me hizo recordar que en el 2004, en el Caso Ilave, Luis Thais hizo llevar a Puno a los dirigentes renuentes en patrullero y luego de hablar con ellos se fue solo sin policía a la plaza de Ilave, donde saludó en aimara a la población e inició el diálogo. Una mezcla de firmeza y apertura democrática que ahora se hizo extrañar.
Conclusión: la protesta, lejos de aplacarse, se encrespa hasta hacerse inmanejable.

Luego nadie supo qué hacer. Los opositores extreman su violencia para provocar un muerto más y lo logran. El gobierno apuesta por la militarización. La empresa no sabe si continuar o paralizar el proyecto.


Colofón. Este resumido balance nos arroja tres factores claves: 1°. El punto de partida de la empresa estuvo errado; 2°. Debido a ello, en la negociación no están todos los actores sociales que deberían estar; y 3°. Quienes deben negociar políticamente por el gobierno no han sabido hacerlo bien.
¿Todo está perdido o hay salidas viables y racionales? Considero que sí las hay. 

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A propósito de “Tía María”: EL MERCADO…O LA VIDA_ Escribe: Leonardo Boff




El Valle de Tambo es un pedazo del planeta
que debemos preservar para la vida

El discurso del Presidente Humala sobre el proyecto Tia María ha sido el más elocuente de su mandato. No por el verbo o la brillantez de sus ideas. Ha sido elocuente porque ha traslucido, ha dejado ver con transparencia, a quienes gobiernan realmente en el Perú. Y hay que agradecerle por ese didáctico arranque de sinceridad.

Humala, pese a ver sido elegido por una mayoría importante del pueblo peruano, se ha declarado incompetente para resolver el conflicto más grave que afecta hoy a nuestra patria. Conflicto que sigue matando, hiriendo  y enfrentando a peruanos contra peruanos, por la prepotencia de una empresa extranjera. Empresa a la que ha delegado, entre líneas, la capacidad de decidir acerca de un tema de gobierno y soberanía que solo corresponde al Estado Peruano y a sus gobernantes.

Y con esta decisión ha renunciado, de hecho, a ejercer el alto cargo para el cual ha sido elegido, poniéndose al margen del mismo estado de derecho que dice defender.


Ningún convenio, ley o acuerdo del Estado Peruano puede mantenerse inconmovible si atenta contra una parte del pueblo peruano, a quien precisamente tiene la obligación constitucional de representar, proteger y defender.

Lo que está ocurriendo con Tía María no es un hecho aislado, no es un “affaire” peruano. Es la expresión del conflicto global entre las poblaciones originarias y la voracidad inescrupulosa del capital internacional, que al borde del abismo ecológico planetario, sigue oponiendo a la preservación de la tierra agrícola y el agua, el lucro depredador, sin límite alguno. Ellos son quienes realmente gobiernan.

Y en ese contexto, la llamada corrupción, no es otra cosa, que la manifestación, a todo nivel, del lucro a cualquier precio, como principio de conducta y de vida.

De allí, la importancia del certero artículo del teólogo brasileño Leonardo Boff, cuyo único defecto es, quizás, no  subrayar con mayor énfasis la principal responsabilidad sobre la crisis ecológica de los grandes dueños del capital, que manejan el mundo a su completo antojo. Manejo que debe de cambiar de manos, si queremos de verdad salvarnos y salvar al planeta. ¿Será posible? (Jesús Hubert)

La era de las grandes trasformaciones
15/05/2015

Vivimos en la era de las Grandes Trasformaciones. Entre tantas, destaco apenas dos: la primera en el campo de la economía y la segunda en el campo de la conciencia.

La primera en la economía: empezó a partir de 1834 cuando se consolidó la revolución industrial en Inglaterra. Consiste en el paso de una economía de mercado a una sociedad de mercado. El mercado ha existido siempre en la historia de la humanidad, pero nunca una sociedad solo de mercado. Esto quiere decir que la economía es lo que cuenta, todo lo demás debe servirla.

El mercado que predomina se rige por la competición y no por la cooperación. Lo que se busca es el beneficio económico individual o corporativo y no el bien común de toda una sociedad. Generalmente este beneficio se alcanza a costa de la devastación de la naturaleza y de la creación perversa de desigualdades sociales.

Se dice que el mercado debe ser libre y el estado es visto como su gran traba. La misión de este, en realidad, es ordenar con leyes y normas la sociedad, también el campo económico y coordinar la búsqueda del bien. La Gran Transformación postula un Estado mínimo, limitado prácticamente a los asuntos ligados a la infraestructura de la sociedad, al fisco y a la seguridad. Todo lo demás pertenece y es regulado por el mercado.

Todo puede ser llevado al mercado, como el agua potable, las semillas, los alimentos y hasta los órganos humanos. Esta mercantilización ha penetrado en todos los sectores de la sociedad: en la salud, la educación, el deporte, el mundo de las artes y del entretenimiento y hasta en los grupos importantes de las religiones y de las Iglesias con sus programas de TV y de radio.

Esta forma de organizar la sociedad únicamente en torno a los intereses económicos del mercado ha escindido a la humanidad de arriba abajo: se ha creado un foso enorme entre los pocos ricos y los muchos pobres. Predomina una perversa injusticia social.

Simultáneamente se ha creado también una inicua injusticia ecológica. En el afán de acumular han sido explotados de forma predatoria bienes y recursos de la naturaleza, sin ninguna limitación ni ningún respeto. Lo que se busca es un enriquecimiento cada vez mayor para consumir más intensamente.

Esta voracidad ha encontrado el límite de la propia Tierra. Esta ya no tiene todos los bienes y servicios suficientes y renovables. No es un baúl sin fondo. Tal hecho dificulta si no impide la reproducción del sistema productivista/capitalista. Es su crisis.

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