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jueves, setiembre 27, 2007

Por represión disminuyen remesas de migrantes latinos en USA_Carlos Molina / América Economía.Com

John Warner, gerente de Money Gram para América Latina, se ha enfrentado a los mayores enemigos del negocio de las remesas en sus más de 20 años al mando, entre ellos, recesiones y ataques inclementes de la competencia.

Pero un día a principios de este año se topó con el verdadero cuco de la industria: las autoridades de migración de Estados Unidos, o la “migra”, que están ahuyentando a sus clientes de las tiendas, donde suelen esperarlos el día de pago para arrestarlos y deportarlos. “Hicimos un recorrido y nos dimos cuenta de que migración estaba frente a algunos de nuestros establecimientos todos los jueves de 15 a 17 hrs. y se llevaban a la gente que iba a mandar su dinero”, afirma Warner.

En ese caso, según el ejecutivo, no hay nada que ellos o las estrategias de marketing puedan hacer para atraerlos porque no hay mayor temor para los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos que un encuentro cara a cara con los agentes de la “migra”, especialmente desde que fracasó en el Congreso, en junio pasado, el proyecto de legalización de unos 12 millones de indocumentados que viven y trabajan en este país.

Por si fuera poco, la industria de la construcción, una de las principales fuentes de ingresos de los “sin papeles”, está de capa caída, lo cual limita severamente el dinero disponible para envíos.

El caso de MoneyGram se hace extensivo a toda la industria de las remesas, que está pasando por uno de sus peores momentos, con una caída de su crecimiento de 27,5% en el primer trimestre de 2006, contra 3,4% en 2007, debido a la dupla migración-desempleo, de acuerdo a cifras del Banco de México.

Pero el bajón en el negocio de las transferencias de dinero tiene un impacto no sólo en los operadores de la industria. En economías como la mexicana y centroamericanas, donde los envíos de divisas ocupan los primeros lugares en el ingreso nacional, el efecto se compara al de una onda sísmica cuyo epicentro es el sacudón en las remesas, pero que alcanza a varias industrias a su alrededor.

Y hay aún más. En el caso de México, los sectores afectados no sólo estarían en el área de consumo, donde tradicionalmente aterrizaban las remesas enviadas del exterior. Debido a nuevos hábitos de los receptores, hoy sólo la mitad del dinero percibido por remesas es usado en bienes de consumo, mientras el resto se deriva a inversiones, de acuerdo a un estudio encomendado por el Banco Interamericano de Desarrollo. Mientras que en 2003 el 78% de los envíos se convertían en bienes de consumo, en 2006 ese porcentaje bajó a 57%. En consecuencia, un 40% de los más de US$ 23.000 millones en remesas enviados a México el año pasado fueron a parar en inversiones en vivienda, negocios e instrumentos financieros básicos, como el ahorro.

Como resultado de la caída en los envíos, México dejará de percibir unos US$ 4.000 millones este año, lo cual “puede afectar en el corto a mediano plazo a industrias como la construcción, los pequeños negocios, la educación”, según Sergio Bendixen, de la consultora Bendixen & Associates, con sede en Miami, y que ha realizado estudios al respecto. De acuerdo a Bendixen y su equipo, los mexicanos han estado usando las remesas en cuatro rubros principales, además del consumo de bienes y servicios: construcción 8% (versus 5% anterior), establecimiento de pequeños negocios 5% (versus 1% anterior) educación 13% (versus 7% anterior), ahorro 14% (versus 8% anterior).

Aunque gracias a su gran tamaño la economía mexicana le permitiría absorber el golpe, pequeñas localidades fronterizas y algunas economías más pequeñas y altamente dependientes de los envíos podrían verse más afectadas. Es el caso de El Salvador, por ejemplo, que cuenta a las remesas como su rubro número uno de ingresos nacionales, con US$ 2.800 millones anuales en envíos. “Creemos que allí se va a sentir el impacto, y también en los pequeños pueblos tanto de México como de Centroamérica, cuyas economías giran casi exclusivamente en torno a las remesas”, afirma Peter Bate, portavoz del Banco Interamericano de Desarrollo, (BID) para el área de México y Centroamérica. “Ahora mismo estamos estudiando nuestros siguientes pasos para lidiar con esta situación”.

Es que “esta situación” parece tener cuerda para rato. Según los estimados de Warner, la caída del envío de remesas no se va a componer en el corto plazo, sino “en el mediano o largo plazo”. Para empezar, el desmoronamiento de la industria de la construcción en Estados Unidos, no ha tocado fondo aún y la mayoría de los analistas predicen tres años más de declive. De acuerdo al Centro de Estudios para la Inmigración, con sede en Washington, la construcción emplea a unos 2,5 millones de inmigrantes ilegales, o 20% del total nacional de trabajadores, lo cual da una idea del potencial impacto de la crisis en el bolsillo de los trabajadores.

Tomado de la Revista América Económia. Com_Edición 347

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