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martes, setiembre 07, 2010

Orar…un diálogo ¿con quién?




¿Quién no ora o ha orado? Creo que todos en alguno o en muchos momentos, especialmente en los más difíciles. Pero con el tiempo la oración se va perdiendo cada vez más en formulas hechas, mecánicas, que van extraviando su sentido original.

Pero, en definitiva, a quién oramos ¿a un ser omnipotente, todo poderoso y ...cruel? Aunque, claro, tengamos miedo de reconocerlo así, explícitamente… ¡es tal nuestro pánico!

Bueno, felizmente las cosas están cambiando. Vivimos un nuevo tiempo, en que paralela a la competencia marquetera (de “mercado”) entre las iglesias y sectas por captar fondos bajo la forma de feligreses, está surgiendo, no sin verse libre también de los negociantes de siempre, una corriente espiritual sin necesidad de institucionalidad y organizaciones.

Una corriente espiritual que gruesamente se conoce como Nueva Era. Un saco en el que caben muchas cosas, es cierto, pero que en términos generales esta de acuerdo en que es necesario recuperar la conciencia de unidad con la divinidad.

Es decir abrir los ojos a una realidad esencial. Dios no es alguien por encima de nosotros, con el poder titiritero para levantarnos o hundirnos a voluntad.

Lo que llamamos Dios es simplemente la síntesis de todo lo que existe y puede existir. Por tanto podemos decir que nosotros, tu y yo también, por supuesto, somos Dios.

Dios en el sentido colectivo, unidos, no separados, ni individualmente.

En otras palabras, cuando estamos en armonía y en unidad con el mundo somos y estamos en Dios. En nuestro ser esencial, de origen y fin.

Eso es lo que quería decir Jesús cuando afirmaba: “Yo y el Padre somos UNO”. Y por cierto que no lo decía solo por él, sino por todos. Jesús representa al hombre conciente de su esencia, de su ser, de su naturaleza.

Entonces volviendo al tema de la oración y al acto de orar, debemos comprender que la oración no es una comunicación con alguien externo y lejano a nosotros. Por el contrario, es una comunicación desde y hacia el interior nuestro, un vínculo con lo mas nuestro y esencial que tenemos. Con aquello que nos es común y nos une a todos los seres del universo, sin ningún límite o excepción.

Porque no hay nada ni nadie fuera de ese ser, que llamamos Dios.

De allí que hayamos observado que los grandes místicos prácticamente parecían dejar este mundo para sumergirse en otro, totalmente abstraídos y ausentes. Y es que su comunicación no era exterior y formal, era interior y esencial.

Ahora bien, lamentablemente esta nueva espiritualidad, sin institucionalidad, aun está en desarrollo. Muchos que creen y se identifican con este concepto del Dios interior aun repiten viejas prácticas y formulas, una de ellas es la oración mecánica y repetitiva. Pero no solo eso.

También reproducen aun conceptos como “misericordia”,”perdón”, “suplicamos”, “imploramos”, que en realidad no corresponden a una relación con el Dios interior, con el Dios de la Unidad, con el Dios de Amor. Y lo que en verdad representan, es una transposición de términos. Son palabras temerosas que brotaba de los subditos en relación a su amo y señor, que podía ser tanto un Rey o un caballero de "horca y cuchillo", como el Señor Feudal.

Esta presentación resultó un poco larga para una oración que nos hizo llegar nuestra amiga Viviana Menichetti, que sentimos es una oración de transición, todavía se habla de Dios como a alguien a quien hay que representar, alguien distinto a nosotros, pero creo que se acerca a esa idea de oración que debe ser un dialogo abierto y sincero con nuestra propia esencia, en unidad y armonía.

Y que apunta a asumir nuestra condición divina y a manifestarla al mundo. ¿Qué...dónde esta Dios? Aqui, somos nosotros...también tu y yo. (Jesús Hubert)



Oración del Discípulo

Señor ven a mí
En este instante me entrego a Ti como instrumento físico para Tu tarea.

Entra Señor en mi cuerpo
Te entrego mis ojos para que Tu mirada inunde de Luz a los hombres.
Te entrego mi lengua para que Tu palabra los colme de sabiduría y esperanza.
Te entrego mis oídos para que escuches el llanto de los que sufren y la risa de los niños.
Te entrego mis manos para que sanes a los enfermos y acaricies a todos los seres.
Te entrego mis pies para que camines por el mundo.

Entra Señor en mi corazón
Desde aquí, irradia AMOR a todo lo viviente.
Trasmuta deseos y pasiones en sentimientos de Alegría, Compasión, Ternura y Armonía.

Entra Señor en mi mente
Desde aquí, irradia Tu Paz.
Disuelve todos los pensamientos negativos que separen a los hombres de Ti

1 comentario:

  1. Querido amigo, tu nota me hizo recordar las palabras de Simone Weil;
    "...Una semana después, comenzé la vendimia. Recitaba el Prater en griego cada día antes de trabajar, y lo repetía amenudo en la viña.
    Desde entonces, me he impuesto, como única práctica, decirlo una vez cada mañana con una absoluta atención.
    Si durante el recitado mi atención se distrae o se duerme, vuelvo a comenzar hasta haber obtenido una atención absolutamente pura.
    Entonces vuelvo a empezar por puro placer, solo cuando el deseo me empuja.
    La virtud de esta práctica es extraordinaria y cada vez me sorprende porque, aunque lo experiemente cada día, sobrepasa siempre mi expectativa.
    A veces, ya las primeras palabras separan mi pensamiento de mi cuerpo y lo transportan a un lugar fuera del espacio, desde donde no hay perspectiva ni punto de vista. El espacio se abre.
    La infinidad del espacio ordinario de la percepción es substituido por una infinidad a la segunda, o a veces a la tercera potencia. Al mismo tiempo, esta infinidad de la infinidad se llena totalmente de silencio, un silencio que no es una ausencia de sonido, sino el objeto de una sensación positiva, mas positiva que la del sonido. Los temores, si es que hay,no me llegan hasta después de atravesar este silencio.
    A veces también, durante la recitación o en otros momentos, Cristo se hace presente en persona, pero con una presencia infinitamente mas real, mas notoria, mas clara y mas llena de amor que la primera vez que me tomó."
    Bello ¿verdad?. Se queda una muda después de esto.

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