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domingo, agosto 10, 2014

Las cartas de Miguel Pajares(*), un misionero en medio del Ébola_Escribe: Paco Rego, Diario El Mundo



El espíritu del Cristo sigue vivo en hombres como Miguel Pajares

Es más cómodo leer el evangelio y hablar de un Cristo  que vivió hace más de dos mil años. Pero si se trata de un Cristo de hoy, que se juega la vida por intentar desesperadamente conservar la vida de los que están muriendo, ahora, por ejemplo de Ébola, en la lejana África; poco o nada decimos o hablamos.


Aquí las cartas del padre Miguel, un condenado a muerte por amor, por solidaridad. Casualmente es español, pero en realidad, no tiene nacionalidad: es universal, eterno, como Jesús de Nazareth (Jesús Hubert)

(*)  Esta nota de actualidad.rt es posterior a la publicación del post:


Fallece el misionero español Miguel Pajares enfermo de ébola

Publicado: 12 ago 2014 | 8:37 GMT
Los servicios sanitarios han informado a través de EFE sobre el fallecimiento del religioso español repatriado desde Liberia Miguel Pajares en el hospital Carlos III de Madrid, España.

El misionero contrajo el virus del Ébola en Liberia, de donde fue evacuado de emergencia a España para ser tratado del virus. Miguel Pajares parece haber muerto poco después de recibir el tratamiento experimental contra el ébola ZMAPP.


Las cartas del ébola del misionero Miguel
  • Historia de sacrificio y heroicidad de Miguelín, como le llaman los suyos
  • El misionero español contagiado lucha por sobrevivir en una habitación-burbuja
  • En exclusiva sus cartas desde el infierno del 'dichoso ébola'
  • Pedía máscaras y guantes. No llegaron. Las últimas las escribe ya con fiebre
PACO REGO 
Actualizado: 10/08/2014 01:12 horas
«Tenemos muchos problemas. Han fallecido dos personas y 13 se niegan a venir a trabajar, quieren quedarse en cuarentena. Yo he ido cada día y he saludado a todos, me meten miedo, la muerte ronda. Se sospecha de algún caso más de ébola. Esperamos resultados. Es penoso pero hay que estar. Lo comparo a la guerra, aunque esto es más peligroso. El enemigo en casa. Estamos encomendando a Dios que haga su parte, todo, y nosotros a sus órdenes».
11 de julio St. Joseph's Catholic Hospital de Monrovia, Liberia
El grito llegaba desde el mismo infierno. Era la voz de Miguel Pajares, Miguelín el misionero, la voz del ébola. Aquel viernes, 10:08, dos horas menos que en España, mientras tecleaba su desesperación en el dormitorio, el maligno virus ya miraba de cerca al padre Miguel, siete años como capellán y enfermero en el centro médico liberiano. Entre rezos y súplicas había despedido, cuatro días antes, el cadáver de una mujer que había contraído la «peste», como él llama a la infección. «Ojalá nos escuchen y la ayuda llegue pronto. Esto puede complicarse. Temo lo peor», confesaba el sacerdote a sus colaboradores en el hospital. Entonces aún le quedaban fuerzas, las suficientes para aliviar en lo posible las almas y los cuerpos de aquellos negros desvaídos a los que iba administrando la extremaunción poco antes de que fallecieran desangrados por las hemorragias del virus. De cerca, sin marcar distancia con nada ni con nadie. Fiel a la promesa asumida desde que abrazara la orden de San Juan de Dios de jugársela -«hasta morir si fuera preciso»- por los más desgraciados. A través de los escritos que ha ido enviando a familiares y amigos en España hacemos el retrato del heroico misionero español -el primer paciente con ébola que llega a territorio español y europeo- que hoy yace en una habitación-burbuja del hospital Carlos III de Madrid, y la crónica de la pandemia que llena de muerte el continente africano.
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