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lunes, marzo 15, 2010

EEUU: 15 razones para otra revolución, o cuando el silencio es traición _ Escribe: Bill Quigley(*)



“Ponerle cascabel al gato”. Es exactamente lo que hace este ciudadano norteamericano y profesor universitario, quien desmitifica a los Estados Unidos de Norteamérica confrontando sus mitos con la cruda realidad de sus resultados.

Para tomas de conciencia, como la que leerán, también ha servido la más reciente y profunda crisis del Imperio. (Jesús Hubert)


Ha llegado el momento de una revolución. El gobierno no trabaja para el común de las gentes. Parece que trabaja bastante bien para las grandes compañías, los bancos, las aseguradoras, los contratistas militares, los grupos de presión, y para los ricos y poderosos. Pero no trabaja para el pueblo.

La Declaración de Independencia de 1776 estipuló que cuando una larga serie de abusos por parte de los que detentan el poder evidencian un propósito para reducir los derechos de las personas a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, es derecho del pueblo, en realidad su deber, el involucrarse en una revolución.

El próximo mes hará 43 años que Martin Luther King dijo que era el momento para una revolución radical de valores en los Estados Unidos. Predicó “una verdadera revolución de valores nos hará poner en duda inmediatamente la equidad y justicia de muchas de nuestras políticas pasadas y presentes”. Es más claro que nunca que ahora es el momento de un cambio radical.

Miren lo que nuestro sistema actual nos ha traído y pregúntense si es el momento de la revolución.

Más de 2,8 millones de personas perdieron sus hogares en el 2009 por ejecución hipotecaria o embargos bancarios –casi 8.000 cada día− unas cifras más altas que las de los dos años anteriores cuando millones de personas también perdieron sus hogares.

Al mismo tiempo, el gobierno corrió al rescate del Banco de América, el Citigroup, AIG, Bear Stearns, Fannie Mae, Freddie Mac, la industria automovilística, y promulgó el programa de alivio de los activos con problemas (TARP, por sus siglas en inglés) con 1,7 billones de nuestro dinero.

Acto seguido Wall Street se recompensó a si misma con unos 20.000 millones de bonificaciones solamente en el 2009, un promedio en la parte superior de la remuneración de 123.000 dólares.

Al mismo tiempo, más de 17 millones de personas están ahora mismo sin empleo. Algunos millones más están trabajando a tiempo parcial cuando quieren y necesitan trabajar a tiempo completo.

Sin embargo, el sistema actual permite que un solo senador de EEUU paralice la prestación a millones de personas de los subsidios de desempleo y de Medicare.

En estos momentos hay 35 cabilderos registrados en Washington DC por cada miembro del Senado y la Cámara de Representantes, en el último recuento de 2009 que era de un total de 13.739. Hay 8 cabilderos por cada miembro del Congreso trabajando solamente para el fracaso de la reforma sanitaria.

Al mismo tiempo, el Tribunal Supremo de EEUU decidió que las empresas tienen ahora un derecho constitucional a interferir electoralmente mediante la inyección de dinero en las contiendas.

El departamento de Justicia se sacó una carta de la manga para liberar de la cárcel a sus propios abogados que autorizaron la tortura ilegal.

Al mismo tiempo otro departamento gubernamental, el Pentágono, está interponiendo una acción judicial a un comando de élite de la Marina [un Navy SEALS, por sus siglas en inglés. NdT] por pegar a un sospechoso iraquí.

Los EEUU no solamente están inmersos en una Guerra sin sentido en Irak, Afganistán y Paquistán. Ahora los EEUU mantienen 700 bases militares a lo largo del mundo y otras 6.000 en los territorios de EEUU. Hombres y mujeres jóvenes se enrolan en el ejército para proteger a los EEUU y para obtener matrículas universitarias y cobertura sanitaria, y mataron y mutilaron en guerras a elegir, y formaron parte de la policía del mundo. Pregunten de quienes son los activos de quienes están protegiendo y sirviendo

De hecho, los EEUU emplean 700.000 millones de dólares por año directamente en gasto militar, la mitad del gastado conjuntamente en todo el mundo (mucho más que Europa, China, Rusia, Irán, Paquistán, Corea del Norte y Venezuela).

El gobierno y las empresas privadas han aumentado considerablemente la vigilancia de la gente mediante cámaras en las calles públicas y en los lugares privados, controles en aeropuertos, pinchazos telefónicos, acceso a los ordenadores personales, y compilación de registros de compras mediante tarjetas de crédito, accesos a sitios informáticos y viajes.

El número de personas en cárceles y presiones en los EEUU se ha multiplicado por siete desde 1970, hasta superar los 2,3 millones. Los EEUU ponen un mayor porcentaje de nuestra gente en la cárcel que cualquier otro país en el mundo.

La gente del tea party (movimiento ultraderechista de EEUU con influencia de masas. NdT) está enojada con los republicanos a los que acusan de venderse a las grandes empresas.

Los demócratas van pasando de la depresión a la rabia porque su partido, a pesar de las mayorías en la Cámara y el Senado, no ha realizado avances significativos para los inmigrantes, o las mujeres, o los sindicatos, o los afroamericanos, o los ecologistas, o los gays y lesbianas, o los activistas de las libertades civiles, o la gente dedicada a la atención sanitaria, o los derechos humanos, o los empleos, o la vivienda, o la justicia económica. Los demócratas también piensan que su partido se ha vendido a las grandes empresas.

El próximo mes hará 43 años que Martin Luther King predicó en la Iglesia de Riverside en Nueva York que “llega un momento en que el silencio es traición”. Continuó con la condena de la guerra con Vietnam y el sistema que la hizo posible, y otras injusticias claramente obvias. “Nosotros como nación debemos emprender una radical revolución de valores. Debemos empezar rápidamente el cambio de la sociedad ‘orientada a las cosas’ a una de ‘orientada a las personas’. Cuando las máquinas y ordenadores, el afán de lucro y los derechos de propiedad se consideran más importantes que las personas, los trillizos gigantes del racismo, materialismo y militarismo se resisten a ser vencidos.”

(*)Bill Quigley es el director de Centro para los Derechos Constitucionales y profesor de derecho en la Universidad de Loyola de Nueva Orleáns

Tomado del news letter de la Revista “Sinpermiso” del 14/03/2010

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