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sábado, octubre 04, 2008

El poder del pensamiento negativo_ Escribe: Barbara Ehrenreich / New York Times


En librerias, kioscos,ambulantes, por doquier, se venden con gran èxito los llamados libros de auto-ayuda. Libros, que transmiten, usan más bien, algunas ideas centrales, algunas leyes que rigen al universo pero con un sentido bastante práctico, explicando por ejemplo, cómo hacerse rico.

Pero… ¿es ese el sentido de la enseñanza espiritual? ¿para eso han venido y siguen viniendo los Maestros de Luz ? ¿para eso nos diò su vida Jesús?.

La crisis norteamericana es la crisis también de una mentalidad, positiva, si, pero en sentido egoísta, individualista.

Por el contrario, la nueva espiritualidad nos señala el camino hacia la evolución y apunta a que cerremos la brecha que nos devuelva a nuestra UNIDAD de origen, con la fuente creadora, con el todo y el todos, que es el Padre…el llamado Dios, nuestro verdadera esencia, nuestro auténtico SER.

"Buscad el Reino de Dios por encima de todas las cosas y todo los demàs les serà dado por añadidura" (Jesùs Hubert)


La AVARICIA — y su taimada hermana, la especulación — son los culpables designados para la crisis financiera. Pero hay otro hábito mental, muy admirado, que debería asumir su parte de la culpa: el ilusorio optimismo del pensamiento positivo convencional y típicamente Americano.

Como publicitados por Oprah Winfrey, montones de pastores de megaiglesias y un flujo sin fin de best sellers de autoayuda, la idea es creer firmemente que usted obtendrá lo que quiera, no sólo porque eso lo haga sentirse mejor, sino porque "visualizar" algo — ardientemente y con concentración — realmente hace que suceda.

Usted será capaz de pagar esa hipoteca con tasa ajustable o, en el otro extremo de la transacción, convertir miles de malas hipotecas en giga-beneficios solamente creyendo que usted puede.

El Pensamiento Positivo es endémico en la cultura Americana — desde programas de pérdida de peso hasta grupos para combatir el cáncer — y en las últimas dos décadas ha hundido sus profundas raíces también en el mundo de las corporaciones. Todo el mundo sabe que uno no puede obtener un trabajo que pague más de $15 por hora a menos que uno sea una "persona positiva," y nadie se vuelve un jefe ejecutivo emitiendo alarmas de posibles desastres.

Los librotes en las secciones de negocios de las librerías de los aeropuertos advierten contra la "negatividad" y aconsejan al lector que sea en todo momento positivo, optimista, lanzándose con confianza. Es un mensaje que las compañías refuerzan implacablemente — tratando a sus empleados de cuello blanco con oradores motivacionales maníacos y eventos motivacionales que parecen religiosos, mientras mandan a los tipos top afuera a lugares exóticos para que les den manija los émulos de Tony Robbins y otros exitosos gurús.

Aquellos que no consigan obtener los beneficios del programa podrían recibir un entrenamiento" personal o ser despedidos.

El antes sobrio sector financiero no fue inmune. En sus sitios de internet, los oradores motivacionales orgullosamente listan a compañías como Lehman Brothers y Merrill Lynch entre sus clientes.

Es más, para los que están en la cumbre de la jerarquía corporativa, todo este pensamiento positivo no les debe haber parecido ilusorio para nada. Con el ascenso en los sueldos de los ejecutivos, los jefes podían tener casi cualquier cosa que desearan, solamente expresando sus deseos. Nadie fue preparado psicológicamente para los tiempos duros cuando llegaran, porque, de acuerdo con los dogmas del pensamiento positivo, aún con pensar en un problema hacemos que aparezca.

Los Americanos no comenzaron siendo ilusos optimistas. El ethos original, al menos de los pioneros blancos protestantes y sus descendientes, fue un austero Calvinismo que prometía abundancia solamente a través del trabajo duro y el ahorro, e inclusive entonces no se les aseguraba nada. Usted podría trabajar duro y aún así fracasar; usted ciertamente no irá a ninguna parte modificando su actitud o "visualizando" el éxito oníricamente.

Los Calvinistas pensaban "negativamente, " como podríamos decir hoy, cargando un peso de culpa y presagios que a veces quebraban sus espíritus. Fue en respuesta a esta bronca actitud que el pensamiento positivo apareció — entre los místicos, curanderos y trascendentalistas — en el siglo diecinueve, con su populista mensaje de que DIOS, o el universo, está realmente de su lado, que usted puede realmente tener todo lo que quiera, si el deseo se focaliza lo suficiente.

Cuando se aplica a la manera de pensar, "negativo" no es la única alternativa a positivo." Como lo demuestran las historias clínicas de depresivos, el pesimismo consistente puede ser tan carente de base e ilusorio como su opuesto. La alternativa a ambos es el realismo — viendo los riesgos, teniendo el coraje de soportar las malas noticias y estando preparado tanto para el hambre como para la abundancia. Nosotros deberíamos intentarlo.

Barbara Ehrenreich es la autora, más recientemente, de "This Land
Is Their Land: Reports From a Divided Nation."

Una versión de este artículo apareció impreso el 24 de
septiembre de 2008, en la página A27 de la edición del New York Times.

1 comentario:

  1. estoy muy de acuerdo con esta idea de que los pensamientos "positivos" deben de dejar de gobernar nuestras vidas,como si un fracaso fuera el fin del mundo!!!!,además, quizás la persona que fracasa o cree fracasar esté necesitando pasar esa experiencia, así es que dejemos que cada cual viva su vida sin tachar de positivo o negativo.Relajémonos todos un poquito,que llorar de frustación de tanto en tanto no es tan malo.

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