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martes, setiembre 01, 2009

Honduras: un pequeño colibrí cercado por halcones y cazadores_ Escribe: Juan Almendares* / Le Monde Diplomatique


Si el mundo fuera el reflejo fiel de los discursos de los políticos viviríamos en el paraíso.

Todos los presidentes –incluyendo a Obama- y los mismos organismos internacionales han condenado el golpe militar en Honduras, pero los golpistas siguen gozando de muy buena salud.

¿Por qué? Un lúcido líder de la resistencia hondureña nos lo explica con mucho detalle. Vale la pena aprender la lección. (Jesús Hubert)


Estados Unidos y el golpe militar en Honduras

A pesar de la inmediata condena del presidente Obama, el vínculo de Washington con el golpe en Honduras es por lo menos ambiguo. Semanas antes, desfilaron por la “república bananera” varios personajes emblemáticos de la derecha estadounidense, para la cual la conversión del presidente Manuel Zelaya al progresismo resulta inadmisible. Exactamente igual que para la oligarquía local alineada con el golpe.

Honduras es un pequeño colibrí cercado por halcones y cazadores. Su historia de coloniaje compite con la de Nicaragua en cuanto al número de invasiones de marines y modernos filibusteros.

Ya desde el siglo XIX, las entrañas de su Madre Tierra han sido históricamente torturadas por las compañías mineras y bananeras y otras multinacionales. Con duro sarcasmo llamaron al país “república bananera”, la patria alquilada; motes con los que se ocultó la verdad del sufrimiento histórico y de las luchas de uno de los pueblos más pobres del mundo.

En noviembre de 1981, después de 18 años de golpes militares financiados y promovidos por Estados Unidos, Honduras volvió a celebrar elecciones. Fue electo presidente Roberto Suazo Córdova, del Partido Liberal (PL): un gobierno con cara civil y corazón militar, con un jefe de las Fuerzas Armadas, el general Gustavo Álvarez, entrenado con los militares de la dictadura argentina, partidario de la Doctrina de la Seguridad Nacional. El Congreso de EE.UU. aprobó entonces la instalación en Honduras de la base militar de Palmerola, posteriormente aprobada por el Congreso Nacional de la República de Honduras.

Su territorio y gobierno se transformaron nuevamente en servidores de la política estadounidense, constituyéndose con una de las bases militares más importantes de América Latina en una plataforma de agresión contra Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Ya en 1954, el coronel Carlos Castillo Armas había utilizado el territorio hondureño como área de entrenamiento y retaguardia para el derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz en 1954.

En 1981 el emisario de Ronald Reagan, John Dimitri Negroponte, ex asesor de Inteligencia en la Guerra de Vietnam fue nombrado embajador de Estados Unidos en Honduras (1). Durante su gestión diplomática y militar se activaron los escuadrones de la muerte y numerosos dirigentes populares fueron asesinados y desaparecidos por los cuadros militares hondureños que habían sido entrenados en la Escuela de las Américas del Comando Sur en Panamá, por el ejército de Pinochet y los militares argentinos.

Se definieron entonces dos enemigos: el interno, que había que eliminar, y el externo, que había que invadir: Nicaragua, El Salvador y Guatemala. La base militar Soto Cano, en Palmerola, se transformó entonces en la sede de la Fuerza de Tarea Conjunta “Bravo” (JTF-B) de Estados Unidos, que coordinaba las operaciones de la contrarrevolución nicaragüense que ocupó el territorio hondureño en la zona de Trojes, cerca de la frontera con Nicaragua.

El general Gustavo Álvarez, Negroponte, Oliver North y la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) trabajaron en estrecha relación. Así, la contra nicaragüense, los escuadrones de la muerte, los sobrevivientes de la Triple A argentina, los agentes de Pinochet, los soldados hondureños entrenados en la Escuela de las Américas y el ejército estadounidense fueron responsables de asesinar y torturar a hondureños y se movieron desde Honduras para reprimir a los revolucionarios centroamericanos. Los manuales de tortura de la CIA se experimentaron aquí, mucho antes de ser aplicados en la guerra de Irak.

Los “pecados” de Zelaya

Sin embargo, Honduras es un país invisible para la comunidad internacional; su nombre sólo se escucha cuando existen desastres naturales y político-sociales: los huracanes Fifí y Mitch, las masacres en las cárceles, los asesinatos de niños, niñas y jóvenes, el comercio de órganos y el tráfico sexual de niñas o los escándalos de corrupción. Pero el nombre de Honduras resuena ahora en todos los rincones del globo, porque en pleno siglo XXI ha ocurrido un golpe de Estado militar condenado por casi todos los países del mundo, por la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

A finales del siglo XX y a comienzos del siglo XXI, los países hegemónicos han impuesto a Honduras y a América Central un nuevo futuro: serán “democracias”... y firmarán tratados comerciales desiguales. En ese contexto, el 27 de enero del 2006, asumió la presidencia Manuel Zelaya Rosales, del Partido Liberal.

En el transcurso de su gobierno cometió varios pecados: desafiar a la oligarquía y a la burguesía nacional dueñas de los medios de comunicación masivos; desnudar la seudodemocracia; aumentar el salario mínimo de los empleados públicos y promover ese mismo aumento en el sector privado; mejorar las condiciones sociales de las trabajadoras domésticas; reducir el precio de los combustibles al integrar a Honduras a Petrocaribe (2) en desmedro de Texaco y Esso Standard Oil; pretender utilizar la base militar de Palmerola como aeropuerto internacional; oponerse a una nueva ley minera lesiva de los intereses del país que otorgaba nuevas licencias y concesiones a empresas mineras tales como Gold Corp y American Pacific entre otras (3). Cometió asimismo el error de creer que el ejército y la policía serían fieles a la Constitución de la República y remilitarizó a la policía y reforzó a los cuadros militares.

El hostigamiento y el cerco mediático de la burguesía contra sus ideales de justicia lo fueron acercando a los sectores populares. Estableció entonces una política de poder ciudadano. La pobreza y la injusticia y el nuevo escenario político en América Latina lo llevaron también a identificarse con la lucha por la dignidad y el respeto a la soberanía de los pueblos y a adherir a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Zelaya fue una sorpresa para todos nosotros y nosotras, los que estábamos en la oposición a las políticas entreguistas del Partido Liberal. Su audacia, su coraje lo convirtieron en uno de los líderes más importantes de la historia de Honduras.

Viejos amigos

El golpe de Estado fue producto de la articulación de cuatro poderes nacionales e internacionales inseparables del poder económico, político e ideológico: el mediático, el militar, el eclesiástico y el jurídico.

Previo al golpe, los magnates de la prensa escrita, radial y televisiva de Honduras, también autores materiales e intelectuales del golpe, desarrollaron una campaña sistemática para desprestigiar al gobierno de Manuel Zelaya. Aceitaron los cuadros oxidados –intelectuales y militares– y las voces de los torturadores para provocar terror en el pueblo hondureño, e inventaron las mentiras más irracionales, alimentando la idea de que vendrían los “comunistas” a comerse los niños y a quitarles sus casas a los hondureños. Satanizaron a las figuras de los presidentes Hugo Chávez de Venezuela y Daniel Ortega de Nicaragua como probables invasores, creando la imagen de un enemigo externo en guerra contra nuestro pueblo.

Esas empresas mediáticas hondureñas establecieron contactos directos antes del golpe militar con el cubano-estadounidense Otto Reich, ex secretario de Estado adjunto de George W. Bush para el hemisferio occidental, y el venezolano Robert Carmona Borjas (Fundación Arcadia), quienes tenían interés en apoderarse de la Empresa Hondureña de Telecomunicaciones. En el curriculum de Carmona Borjas figura haber sido el abogado del golpista venezolano Pedro Carmona.

Los sectores que apoyaron el golpe mantienen relaciones con iglesias ultraconservadoras de Estados Unidos así como con las fundaciones de la CIA y el Departamento de Estado estadounidense: la National Endowment Foundation (NED) y la Unión de Organizaciones Democráticas de América Latina, financiada por la NED (4).

Durante los primeros días de junio 2009 previos al día previsto para el golpe militar –el 25 de junio de 2009–, visitó Honduras John Dimitri Negroponte. ¿Que hacía en Honduras, en un país invisible, este personaje sospechado de violaciones a los derechos humanos en varios países del planeta? Su misión era clara y estratégica. La prensa local reportó que se reunió en forma privada en la base de Palmerola y otros lugares con personas que han desempeñado un papel clave en el golpe militar: en particular, el general Romeo Vásquez, jefe del Estado Mayor Conjunto, y Billy Joya Améndola, quien en los años 80 fue uno de los principales dirigentes del Batallón de Inteligencia 3-36, encargado del secuestro y desaparición de opositores políticos y fundador de los escuadrones de la muerte “Lince” y “Cobra”. Hoy es asesor personal del presidente de facto Roberto Micheletti Bain.

Negroponte también se reunió con la jerarquía de la Iglesia Católica y Osvaldo Canales, de la Confraternidad de las Iglesias Evangélicas, así como otros religiosos, empresarios y dueños de medios de comunicación, al igual que con Ramón Custodio (comisionado nacional de los derechos humanos) y con Micheletti, presidente del Congreso hondureño.

Al igual que los ex dictadores Juan Melgar Castro y Policarpo Paz García, quienes organizaron con la CIA y el Pentágono la guerra contra los sandinistas y la guerrilla salvadoreña en los años 80, los generales Romeo Vásquez y Luis Javier Prince Suazo, autores del actual golpe, han sido formados en la Escuela de las Américas del Comando Sur en Panamá y en el Instituto para la Cooperación en Seguridad del Hemisferio Occidental, de Fort Benning, Georgia (Estados Unidos).
En 2006, el general Vásquez se enfrentó con el presidente Zelaya. Vásquez defendía la idea del Pentágono de construir una nueva base militar estadounidense en la costa hondureña, en respuesta a la decisión del Presidente de transformar la base militar estadounidense de Palmerola en aeropuerto civil.

Cabe preguntarse también si el embajador estadounidense Hugo Llorens tiene relación con el golpe de Estado. Una pregunta ingenua tal vez, ya que Llorens, nombrado por Bush y mantenido en el cargo por Barack Obama, es el representante de la política exterior de Estados Unidos.

En su edición del 22 de junio pasado, el diario golpista La Prensa se refirió a una reunión llevada a cabo el día anterior entre los principales líderes políticos y militares del país y el embajador de Estados Unidos, para “buscar una salida a la crisis por la encuesta del domingo” (28 de junio). Según el periódico, la reunión se realizó en la sede diplomática estadounidense. Asistieron el presidente Zelaya, Micheletti, los candidatos presidenciables –Elvin Santos (liberal) y Porfirio Lobo Sosa (nacionalista)– y el general Vásquez. Se le planteó entonces a Zelaya la necesidad de que “anulara la encuesta”, amordazando así la libertad de expresión del pueblo hondureño.

Por último, el Departamento de Estado reconoció que el subsecretario de Estado para América Latina Thomas Shannon también estuvo en Honduras una semana antes del golpe.

Por su parte, el poder eclesiástico parece haberse inspirado de una versión muy sui generis del refrán popular: “A Dios rogando y con la culata dando”. Su silencio es complicidad con el crimen, con las violaciones a los derechos humanos y con los asesinatos del régimen golpista, como el de Isis Obed Murillo, hijo del pastor evangélico David Murillo al que, lejos de acompañarlo en su dolor, las autoridades de facto han encarcelado.

Las iglesias no han condenado el violento hecho. Ciertamente, algunas se han manifestado en público, han participado en las marchas blanqueadas y perfumadas, han hablado de paz y de diálogo junto a las armas. Han cerrado sus ojos y corazones al dolor de los que han sido brutalmente golpeados, perseguidos. El discurso teológico ha sido similar al discurso golpista. La constitución es Dios. Ambos invitan al “diálogo y a la paz”.

¿Por qué no denuncian las iglesias la responsabilidad que tiene el régimen golpista en las violaciones de los derechos humanos contra el pueblo? ¿Por qué los golpistas y la mayoría de las iglesias hondureñas hacen caso omiso a la condena mundial de las organizaciones de derechos humanos y de múltiples iglesias católicas, cristianas y no cristianas y organizaciones de paz y justicia; de la OEA y la ONU?

Por último, para “articular” y tratar de legitimar el golpe fue también necesario –pero no suficiente– recurrir a las aberraciones jurídicas de los guardianes de la “democracia blindada”. Se inventó una renuncia del presidente Zelaya que no era creíble y que luego, en forma disimulada, se desestimó. Se creó la ficción de que todos los poderes del Estado –el Congreso de la República, la Corte Suprema de Justicia y el Ministerio Público– habían respetado las leyes y que destituir al Presidente era una decisión unánime de estos organismos.
Esas aberraciones jurídicas no pudieron ocultar que sujetos militares armados hasta los dientes secuestraron a un Presidente de la República, que aterrorizaron a su familia y golpearon al mandatario, y que violaron las leyes constitucionales desde el momento en que “Mel” Zelaya no tuvo derecho a defensa alguna.

A ello se sumaron el estado de sitio y la suspensión de todas las garantías constitucionales, la persecución de funcionarios y dirigentes populares –más de doscientos detenidos y heridos, golpeados brutalmente por los cuerpos militares y policiales–, la militarización y el cierre de empresas radiales y televisoras y otros medios de comunicación y la persecución de periodistas opositores al golpe.

El pueblo perdió el miedo

No obstante la condena mundial al golpe militar, las resoluciones de la OEA y de la Asamblea General de la ONU, en vez de recurrir a un organismo internacional para mediar en la solución del conflicto, la mediación fue desviada por el gobierno estadounidense hacia su amigo incondicional y partidario de los Tratados de Libre Comercio (TLC) (5), el Presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz Óscar Arias.

En las negociaciones con Arias los golpistas fueron intransigentes, convencidos de contar con el apoyo de Estados Unidos. Ganaron tiempo, día tras día, para consolidar sus posiciones sabiendo que el Departamento de Estado aún estaba considerando si el golpe militar fue legal o ilegal y que los halcones militares y mediáticos habían lanzado una campaña internacional basada en la mentira de que se estaban preparando contingentes militares invasores avalados por los gobiernos de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

La resistencia popular al golpe, por su parte, ha sostenido sus posiciones: retorno inmediato del presidente Zelaya, respeto a los derechos constitucionales y humanos, convocatoria a una Asamblea Constituyente. Estos reclamos han contado con el apoyo masivo del pueblo aun bajo la represión. El pueblo le ha perdido el miedo al ejército. Las movilizaciones han sido masivas. Más de un millón de personas esperan en las calles y carreteras el retorno inmediato de Zelaya, del orden constitucional y la convocatoria a la Asamblea Constituyente. No los pueden detener ni los tanques pensantes, ni los tanques militares, ni los batallones.

Como dicen los abogados: “las cosas se deshacen en el lugar donde se hacen”. Es decir que el problema –el vínculo de los golpistas con Estados Unidos– tendrá que resolverse en Honduras y en Washington.

La solidaridad internacional crece cada día. Los colibríes vuelan más rápido que los halcones.

(1) En su larga carrera, Negroponte ha sido también bajo el gobierno de George W. Bush, director del Departamento de Inteligencia Nacional (DNI, por pura coincidencia la misma sigla de la policía militar hondureña que torturaba a los dirigentes populares en la década de los años ochenta) y enviado especial en Irak tras el derrocamiento de Saddam Hussein. Aún hoy es consultor de política exterior de la secretaria de Estado Hillary Clinton.

(2) Petrocaribe, creada el 29 de junio de 2005, es fruto de un acuerdo de cooperación energética propuesto por Venezuela que incluye a más de 15 países latinoamericanos.

(3) www.diariocolatino.com/es/20090722/opiniones/69442/

(4) La NED aporta un poco más de 50 millones de dólares anuales al “desarrollo democrático” en Honduras.

(5) Respecto al CAFTA (Tratado de Libre Comercio de América Central), Arias declaró: “Los que vienen en bicicleta, con el TLC vendrán en motocicleta BMW, y los que vienen en un Hyundai, vendrán en un Mercedes Benz”. Y preguntó: “¿Adónde van a trabajar los hijos de todos ustedes y de todos los costarricenses (si no se aprueba el TLC)?”, Prensa Libre, Guatemala, 30-5-07.
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*MIEMBRO DE LA RESISTENCIA CONTRA EL GOLPE MILITAR EN HONDURAS, MILITANTE EN DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS. EX RECTOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE HONDURAS Y PRESIDENTE DEL MOVIMIENTO MADRE TIERRA.

Tomado de "Le Monde Diplomatique"- edición peruana- 28/08/2009

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