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lunes, octubre 18, 2010

Una cachetada al “secreto” oficial_ Escribe Marco Sifuentes / Peru 21


El nuevo "Diario 16", dirigido por el experimentado periodista Juan Carlos Tafur, dio a conocer el hecho y continuidad informativa al caso


Una cachetada, un acto violento y muestra de descontrol de un ser humano privilegiado por su condición de representante de toda una sociedad, nos ha permitido caer en la cuenta, de que el secreto y el manejo de la “verdad” por el poder, va perdiendo peso, piso y relevancia.

Marco Sifuentes, un joven y brillante periodista, salido de las canteras blogueras, desnuda, minuciosamente, las nuevas realidades y condicionamientos comunicacionales del mundo en que, afortunadamente, vivimos hoy. Bienvenida la verdad (Jesús Hubert)


Game is over

Que quede claro, para empezar: Insultar a la gente a gritos es feo. Agarrarla a cachetadas es feazo. Mandar reventar a alguien es espantoso. Engañar al país que votó por ti es inmoral, engañarle burdamente es ridículo y persistir durante una semana con una mentira ya desbaratada es, francamente, candidatear al Larco Herrera.

A estas alturas, ni la cachetada al malcriado ni la cachetada a la inteligencia peruana son lo peor de esta semana que pasó. Lo más peligroso han sido los ataques directos a la libertad de expresión por culpa de un incidente menor y un ego mayor. Ataques inútiles, que revelan un desconocimiento básico de las nuevas reglas de juego, pero ataques al fin.

Juan Carlos Tafur, director del Diario 16, que dio la primicia, ha denunciado que camionetas de Seguridad del Estado se han estado llevando cientos de ejemplares de su periódico y vigilando sus oficinas. El reportero César Pereyra renunció a Enemigos públicos porque el canal en el que trabajaba –alegando su proceso en Indecopi– le vetó un reportaje en el que entrevistaba a testigos de la cachetada. Finalmente, cuando García pensaba que las tenía todas consigo, amenazó: “Un diario y un programa de televisión van a tener que explicar por qué juegan así con estas cosas”. Se refería a Diario 16 y a Prensa Libre, el programa de Rosa María Palacios, que rebotó la denuncia.

Al día siguiente de las declaraciones de García, una web de estudiantes de periodismo llamada Número Zero publicó un vídeo grabado con celular que terminaba de desbaratar la coartada del Presidente. El video muestra momentos inmediatamente posteriores a la cachetada, con Gálvez en el suelo, forcejeando con agentes de seguridad, y testigos que acusan directamente a García de la agresión. Por cierto, ese mismo video había sido rechazado por, al menos, un par de temerosas redacciones periodísticas durante la semana. Lo que no quisieron publicar los medios, fue publicado por Número Zero en YouTube, difundido por las redes sociales y, finalmente, rebotado en CNN.

De nada sirvieron las camionetas de Seguridad del Estado ni la espada de Damocles sobre los gerentes de los canales, ni las bravatas del mismísimo Presidente, un Presidente que no entiende que el juego, tal como lo conocía, ha terminado.

Inevitablemente, cada 28 de Julio, García se ufana con la cantidad de celulares que usamos los peruanos como signo irrefutable de nuestro progreso económico. Lo que no entiende García de su propio pavoneo es que la gente no sólo usa esos celulares para conversar. Primicia, chocherita: los celulares tienen cámaras. Otra, nadie la sabe: los videos de esos celulares se pueden subir a Internet. La última: no hay que pedirle permiso a nadie para publicar en Internet.

García no conoce las nuevas reglas y no es el único. Esta semana, los congresistas Menchola y Bedoya pidieron, respectivamente, multas de 3.5 millones de soles para los que difundan audios sin orden judicial y cárcel de tres a cinco años para los que difundan una comunicación privada. Me gustaría verlos tratando de aplicar sus leyes a los anónimos usuarios “BlancaNieves2010” y “LuzRiosPz” que fueron los que originalmente subieron los potoaudios a YouTube. Buena suerte tratando de multarlos. O mejor aún, tratando de encarcelar al CEO de Google, los dueños de YouTube, el “medio” donde se difundieron estas comunicaciones privadas. Están legislando para un mundo que ya no existe. Están jugando un juego que ya se acabó.

Sin Internet, sin celulares, hace diez años, el incidente de la cachetada se hubiera reducido a puros dimes y diretes, a la palabra de uno contra la del otro, y habría terminado con el aprista kamikaze que se autoinculpó. Pero no más. Las reglas del juego que los políticos jugaban con los medios, han cambiado. Comprar todos los ejemplares de un diario no sirve para nada si el diario tiene una web. Tener canales asustados no sirve de nada si existe YouTube. Amenazar periodistas no sirve de nada si universitarios te pueden desmentir desde sus blogs. El juego terminó, Mr. President. You lose.

Publicado en el diario “Perú 21”, de Lima-Perú, el 17/10/2010, con el título: “Game is over”

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