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jueves, noviembre 22, 2007

Tres oportunidades para entender lo que pasa en el mundo

Hoy, leyendo el diario, encontré tres artículos que constituyen en su conjunto una certera descripción y toma del pulso mundial: la economía, el hambre y, como telón de fondo - ¿final y definitivo? - el calentamiento global.

Después leer estos articulos que a continuación les presentamos , creo que ya empezaremos a pensar que también con nosotros es la cosa. (Jesús Hubert)

Bangladesh: Lo peor del calentamiento global ha comenzado_Escribe: Ramiro Escobar / Perú 21


No hay que olvidarlo, a pesar de las guerras y las cumbres borrascosas: en Bangladesh ('el país de Bengala') habrían muerto, a causa del ciclón 'Sidr', unas 10 mil personas. Y hay más de 4 millones de damnificados.No obviemos la noticia, además, por otras razones.

Tanto la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR), como Oxfam Internacional, han señalado que esta tragedia sería un avance en vivo del calentamiento global.¿Exageraciones de 'comunistas transformados en ambientalistas'?

La semana pasada, Ban Ki Moon, secretario general de la ONU, dijo en España que se necesita "una acción urgente y a nivel mundial" contra el fenómeno.Fue en una reunión del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), donde dudo que las investigaciones se basen en el materialismo dialéctico. Estamos en rojo sí, pero climático.

Lo que pasa en Bangladesh es un síntoma de esta locura ambiental. Apenas en julio pasado, sufrió inundaciones bíblicas, que causaron cientos de muertos, y continuamente es agobiado por furiosos ciclones.La tragedia de este país, también asolado por guerras, hizo que, en 1971, el hoy difunto ex beatle George Harrison organizara el Concierto por Bangladesh, que fue el primer evento de rock benéfico de la historia.

Ahora en Bangladesh suena una música tenebrosa. Es uno de los tres países que, según el Tyndall Centre for Climate Change Research (centro de investigación inglés), será más vulnerable al cambio climático. ¿Cuáles son los otros dos? Honduras, por los huracanes, y... ¡Perú!, por el fenómeno El Niño, las inundaciones, las heladas y los huaicos. ¿Esperaremos a que Harrison vuelva de la tumba para salvarnos?

Articulo: "Desconcierto por Bangladesh", extraido de la edición digital del Diario "Peru 21" del 22/11/07

Tiembla Wall Street_Escribe: Francisco Durand(*) / Perú 21

En este tiempo global es más válido que nunca el dicho que, si Estados Unidos se resfría, al resto del mundo le da neumonía. Nos anima algo que los analistas internacionales estén divididos. Los optimistas sostienen que la situación es manejable con la intervención del Estado y si el crecimiento continúa.

Los pesimistas predicen una crisis similar a la de 1929 debido a que el corazón de Wall Street es financiero y su comportamiento, especulativo. Hoy, 77% de las acciones que negocia Wall Street están en manos de bancos, financieras y fondos de pensión.

Firmas gigantes como Merrill Lynch y Citigroup han reportado pérdidas billonarias. También jugaban a la ruleta. Será por eso que hasta los más neoliberales de Washington y Londres -lugares desde donde se inició el neoliberalismo- defienden la intervención estatal. Lo que hasta el momento está evitando una caída mayor es la inyección de unos US$90 mil millones de los bancos centrales de Estados Unidos, Europa y Japón para prevenir el colapso de las empresas expuestas a la crisis del mercado inmobiliario e hipotecario. También las menores tasas de interés. Por el momento, ello controla la recesión, pero hay inflación.

El precio del petróleo crudo está en alza por el espectacular crecimiento de China e India, así como por los desaciertos militares y diplomáticos estadounidenses. Puede no solo llegar a US$100 el barril sino pasar la barrera y mantenerse alto. El alza se debe en parte a que el hemisferio occidental entra al invierno, periodo en el que sube el consumo. Además, ni Irak ha resuelto cómo repartirse el petróleo ni las tensiones con Irán están bajando. Si ocurre el bombardeo, la ruta de salida del petróleo de buena parte del Medio Oriente podría bloquearse y ahogar a las economías de países desarrollados, empezando con Europa y Japón. Esta combinación de factores económicos y geopolíticos es mala.

La inflación es evidente en los Estados Unidos para toda ama de casa, aunque el Gobierno y la prensa no dicen nada. No solo han subido los precios del transporte y de los alimentos, de la educación y de la salud -hecho que todos, menos Bush, comentan-, sino que el alza de la gasolina ha impulsado un consumo mayor de maíz, materia prima del etanol, el combustible alternativo de moda. Todo ello ha elevado el precio de los granos, importante producto de exportación estadounidense, lo que empuja los precios en otros lares.

Algo se puede hacer, pero es poco y nadie está seguro si dará resultado. Ben Bernanke, de la Federal Reserve, ha bajado las tasas de interés a 4.5% porque considera que la recesión es más peligrosa que la inflación. Ha decidido pichicatear (potenciar) la economía, rescatando de paso a los malos empresarios y a los especuladores financieros, para estimular el consumo y evitar más quiebras. Hasta ahora, 635 mil propietarios han perdido sus casas, pero se calcula que la cifra se elevaría hasta 2 millones en 2008. Es el fin del sueño americano para esos pobres que compraron casas, entre los cuales se encuentran muchos inmigrantes y algunos peruanos.

El caso es que con la recesión y la inflación en curso en los Estados Unidos, combinación temida por todos, estamos en el comienzo de un shock externo. Sus efectos ya se están sintiendo en otros países, como el Perú, con la caída del dólar, el alza de la gasolina y del pan. Y si quiere un consejo, no les haga caso a los analistas de inversión; ellos trabajan para los especuladores.
También recuerde que una crisis es más probable aquí en los años que terminan en 8 (68, 78, 98). Por eso nos preocupa Wall Street. Imagino que, si lo que viene es una fuerte euforia sobre la firma del Tratado de Libre Comercio, esta durará poco.

(*) Especialista en sociología económica
Extraido de la edición digital del Diario "Perú 21": 22/11/07

El hambre en Occidente (I) (II) Escribe Guillermo Giacosa / Perú 21


Este artículo de Santiago Alba Rico tiene todos los ingredientes necesarios para atraer la atención y revelar el mundo real.

"En julio se celebró en Coney Island el campeonato del mundo de devoradores de hot dogs. El joven estadounidense Joey Chestnut batió en la final al japonés Takeru Kobayashi y superó todas las anteriores marcas mundiales al engullir 66 hot dogs en 12 minutos y ante el delirio de más de 50,000 espectadores que presenciaron en directo la hazaña. Como premio, el campeón recibió un bono de 250 dólares en compras y un año entero de hot dogs.

En este instante, mientras redacto estas líneas, se celebra el campeonato mundial de perdedores de peso. Cada segundo, cinco personas disputan la final -un haitiano, un somalí, un ruandés, un congoleño, un afgano- y los cinco obtienen la victoria. El premio es la muerte. El apetito de Joey Chestnut no es nada comparado con el que ha devorado -digamos- a René, Sohad, Randia, Sevére y Samia: cada 12 minutos, la pobreza mata de hambre a 3,600 hombres, mujeres y niños en el mundo. O lo que es lo mismo: cada 5 hot dogs en Coney Island, 300 seres humanos mueren de inanición en África.

En 1876, el virrey de la India, lord Lytton, organizó en Delhi el banquete más caro y suntuoso de la historia para festejar el entronizamiento de la reina Victoria como emperatriz colonial. Durante una semana, 68,000 invitados no dejaron de comer y de beber; durante esa semana, según cálculos de un periodista de la época, murieron de hambre 100,000 súbditos indios en el marco de una hambruna sin precedentes que se cobró al menos 30 millones de vidas y que fue inducida y agravada por el "libre comercio" impuesto desde Inglaterra.

Mientras los colonialistas ingleses comían perdices y corderos, los supervivientes indios se comían a sus propios hijos. El hambre, lo sabemos, disuelve todos los lazos sociales e impone el canibalismo. Hace falta tener mucha hambre para comerse con lágrimas en los ojos el cadáver de un vecino, pero hace falta tener muchísima más hambre para devorar alborozadamente 66 perritos calientes en 12 minutos. Confesaré que cada vez que pienso en hambrunas no me viene a la cabeza el vientre abultado de René ni la teta escurrida de Samia sino la voracidad de Chestnut, como símbolo de una economía que no puede permitirse siquiera calmar el apetito de los saciados. Chestnut no es un caníbal, no, pero en cierto sentido se alimenta del adelgazamiento de los etíopes, los tailandeses y los egipcios: 1/3 de la cosecha mundial de cereales sirve para engordar los animales que nos comemos los occidentales (1 kilo de carne por persona y día en EE.UU., más de 1/2 kilo los europeos), y bastaría reducir un 10% la producción de pienso para dar de comer a 1/3 de los 850 millones de personas que, según la FAO, pasan hambre en el mundo. Exagerar es medir lo inconmensurable, hacer aprehensible lo irrepresentable. Exageremos: Chestnut es un caníbal. Delante de 50,000 personas que aplaudían se comió a René, Sohad, Randia, Sevére y Samia y a otros 3,595 hombres, mujeres y niños". (Sigue).

El hambre en Occidente (II)

Continuamos con el artículo de Santiago Alba Rico: "A Chestnut se le puede pedir que coma menos e incluso que se enfrente a su gobierno, pero en realidad es solo otra víctima del hambre. Está el hambre de los que no tienen nada y el hambre de los que nunca tienen suficiente; el hambre de los que quieren algo y el hambre de los que quieren siempre más: más carne, más petróleo, más automóviles, más teléfonos móviles, más imágenes, más juguetes y -también- una moralidad superior. La relación entre ambas insatisfacciones es un sistema global. Queríamos un hombre libre y tenemos un hambre libre. Confieso que cada vez que pienso en el hambre no me viene a la cabeza el esqueleto de Sohad ni los inmensos ojos febriles de Sevére sino el ejército de los EE.UU. en Irak y la alegría depredadora del Carrefour. Exagerar es empequeñecer lo ilimitado, reducir lo descomunal a escala humana.

Exageremos: el canibalismo es no ya obligatorio sino elegante. Unos pocos millones de mentes privilegiadas (desde gobiernos y multinacionales) dedican todo su esfuerzo a encontrar la manera de que a todo el mundo, en todas partes, le falte algo; de que los niños de Haití y Sierra Leona pasen hambre y se desesperen por ello y de que los consumidores occidentales, después de devorar bosques, ríos, minerales y animales (con sus imágenes), se queden con hambre y se alegren de ello. El capitalismo quita a los países pobres sus recursos y, al mismo tiempo, las fuerzas para resistir; el capitalismo nos da mercancías a los occidentales y, al mismo tiempo, el hambre necesario para engullirlas sin parar; y el hambre se convierte así, de un lado y de otro, en la desgracia objetiva de África, Asia y Latinoamérica y en la felicidad subjetiva de una humanidad cultural y materialmente insostenible y condenada a la destrucción.

La hambruna disuelve, sí, todos los lazos sociales e impone el canibalismo. La pobreza relativa aviva el ingenio, inventa soluciones colectivas, improvisa solidaridades y crea redes sociales de resistencia. Pero por debajo de cierto umbral, cuando el hambre amenaza la supervivencia, las tramas se deshacen y solo quedan impulsos atómicos, solitarios, animales: individuos puros enfrentados entre sí. Solo en este sentido -biológico y casi zoológico- puede decirse que nuestras sociedades occidentales son "individualistas".

Alguna vez he expresado la regla de la satisfacción antropológica con la siguiente fórmula: "Poco es bastante, mucho es ya insuficiente". Por debajo de "poco" hay hambre y son imposibles la conciencia, la resistencia y la solidaridad; por encima de "bastante" hay más hambre y son imposibles también la conciencia, la resistencia y la solidaridad. "Demasiado" siempre quiere "más". Hemos superado ya ese punto a partir del cual lo único que tenemos -ni coches ni carne ni casas ni imágenes- es hambre; y nuestra voracidad, como la de Joey Chestnut, se está comiendo, mientras redacto estas líneas, no solo a Samia y Sohad y Sevére, tan borrosos y lejanos, sino a los propios hijos".
Extraido de la edición digital del Diario Peru 21: 21/11/07 y 22/11(07