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sábado, marzo 22, 2008

Monseñor Romero, un Cristo de América_ Su última Homilía

En una semana santa como esta, hace 28 años, Monseñor Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador, tuvo su última cena y dijo su última homilía que reproducimos a continuaciòn, en texto y audio.

Un día después sería “clavado” a balas, como su Maestro, a quien supo ser fiel con su palabra. Palabra que nunca ocultó debajo de la cama sino que la grito, no de desde las “azoteas”, pero si desde los púlpitos y de cuanta tribuna tuvo a voz. Y a quién defendía, este purpurado de excepción a la regla, pues precisamente a los humildes de un pueblo pequeño y expoliado, que coincidentemente se llama El Salvador.

Llamado “El Pulgarcito de Amèrica” con sus 1.652 Km² y una población menor a los siete millones de habitantes, El Salvador era la victima inocente de la violencia y la represión.

Hoy lo recordamos, con el corazón abierto a la verdad, que siempre tiene un precio muy alto y que Monseñor Romero supo pagar con su vida, la terrena, porque la otra la ganó para siempre.(Jesús Hubert)




23 de marzo de 1980

Queridos hermanos:

Comparten con nosotros esta celebración de la palabra de Dios y de la Eucaristía nuestros hermanos que forman una Misión Ecuménica que visita a El Salvador estos días para darse cuenta de nuestra situación en asuntos de derechos humanos. Son ellos: el Rvdo. Alan McCoy, franciscano, que junto con el P. Juan Macho Merino me acompañan en la presidencia de esta misa; el Rvdo. McCoy es presidente de la Conferencia de Superiores de Ordenes Religiosas de Hombres, en Estados Unidos...

Está también el Rvdo. Thomas Quigley, Laico de la División de América Latina del Departamento de Paz y Desarrollo en la Conferencia Episcopal de Estados Unidos... El Rvdo. William Wipfler del Programa de Derechos Humanos del Consejo Nacional de Iglesias de Estados Unidos... la Sra. Betty de Nute Richardos del Comité de Servicio de los Amigos Americanos también de Estados Unidos... y el Sr. Ronald Joung del Programa de Educación por la Paz, del Comité de Servicio de los Amigos...

Sentimos en ellos la solidaridad de Norte América en su pensamiento cristiano y así comprendemos cómo el Evangelio puede iluminar las diversas formas de sociedades; y siempre, desde la perspectiva del respeto al hombre como nos ha revelado Nuestro Señor, se siente solidaria con una Iglesia que, precisamente, trata de defender esos derechos del hombre tan pisoteados en nuestra patria. Les agradecemos mucho... Nuestro agradecimiento a ellos, y que estos días que pasan entre nosotros sean sumamente beneficiosos para afianzarse más en su compromiso cristiano. Y en nuestra comprensión hacia otros países veamos también cómo nuestro esfuerzo es comprendido y apoyado por todos aquellos que se iluminan verdaderamente con la luz del Evangelio. Queremos saludar, repito, a los oyentes de YSAX que por tanto tiempo han esperado este momento y que, gracias a Dios, ha llegado...

No ignoramos el riesgo que corre nuestra pobre emisora por ser instrumento v vehículo de la verdad y de la justicia, pero sabemos que el riesgo hay que correrlo porque detrás del riesgo hay todo un pueblo que apoya esta palabra de verdad y de justicia...

Me alegro de contar también esta mañana con la colaboración de Radio Noticias del Continente que está, desde este teléfono y desde nuestra emisora, llevando, como los domingos pasados nuestra voz a América Latina... Está con nosotros el periodista Demetrio Olaziregui y nos ha informado como estalló una bomba cerca de la cabina de locución de aquella emisora en Costa Rica. Eran varias cargas de dinamita, destruyó parcialmente la pared de un edificio de dos pisos y todos los vidrios. Tuvo que silenciarse un momento pero luego ha seguido funcionando y está prestándonos este maravilloso servicio... Nos dice que la homilía seguirá transmitiéndose ya que hay demanda de Venezuela, de Colombia y hasta de Brasil... Aquella emisora ha recibido de 300 a 400 cartas en que manifiestan que oyen perfectamente esta onda en Honduras, en Nicaragua, y aquí mismo en El Salvador, en muchas partes. Es entonces para darle gracias a Dios que un mensaje que no quiere más que un modesto reflejo de la palabra divina, encuentre canales maravillosos para extenderse y llegar a muchos hombres y decirles que en el contexto de la Cuaresma todo esto es una preparación para nuestra Pascua, y que ya de por sí la Pascua es grito de victoria, que nadie puede apagar aquella vida que Cristo resucitó y que ya la muerte, ni todos los signos de muerte y de odio contra él, ni contra su Iglesia podrán vencer. ¡El es el victorioso!... Así como florecerá en una Pascua de resurrección inacabable es necesario acompañarlo también en una Cuaresma, en una Semana Santa que es cruz, sacrificio, martirio y como El decía: "¡dichosos los que no se escandalizan de su cruz!". La Cuaresma es, pues, un llamamiento a celebrar nuestra redención en ese difícil complejo de cruz y de victoria. Nuestro pueblo actualmente está muy capacitado, todo su ambiente nos predica de cruz; pero los que tienen fe y esperanza cristiana saben que detrás de este calvario de El Salvador está nuestra Pascua, nuestra resurrección y esa es la esperanza del pueblo cristiano...

......He tratado durante estos domingos de Cuaresma de ir descubriendo en la revelación divina, en la Palabra que se lee aquí en la misa el proyecto de Dios para salvar a los pueblos y a los hombres; porque hoy, cuando surgen diversos proyectos históricos para nuestro pueblo podemos asegurar: tendrá la victoria aquel que refleja mejor el proyecto de Dios. Y esta es la misión de la Iglesia. Por eso, a la luz de la Palabra divina que revela el proyecto de Dios para la felicidad de los pueblos tenemos el deber, queridos hermanos, de señalar también las realidades; ver como se va reflejando entre nosotros, se está despreciando entre nosotros, el proyecto de Dios. Nadie tome a mal que a la luz de las palabras divinas que se leen en nuestra misa iluminemos las realidades sociales, políticas, económicas, porque de no hacerlo así, no sería un cristianismo para nosotros. Y es así como Cristo ha querido encarnarse para que sea luz que él trae del Padre, se haga vida de los hombres y de los pueblos. Ya sé que hay muchos que se escandalizan de estas palabras y quieren acusarla de que ha dejado la predicación del evangelio para meterse en política, pero no acepto yo esta acusación, sino que hago un esfuerzo para que todo lo que nos ha querido impulsar el Concilio Vaticano II, la Reunión de Medellín y de Puebla, no sólo lo tengamos en las páginas y lo estudiemos teóricamente sino que lo vivamos y lo traduzcamos en esta conflictiva realidad de predicar como se debe el Evangelio... para nuestro pueblo. Por eso le pido al Señor, durante toda la semana, mientras voy recogiendo el clamor del pueblo y el dolor de tanto crimen, la ignominia de tanta violencia, que me dé la palabra oportuna para consolar, para denunciar, para llamar al arrepentimiento, y aunque siga siendo una voz que clama en el desierto sé que la Iglesia está haciendo el esfuerzo por cumplir con su misión...
.....en los domingos de Cuaresma, entonces, hemos visto ese proyecto de Dios que se podría sintetizar así: Cristo es el camino, por eso nos presenta ayunando y venciendo tentaciones en el desierto. Cristo es la meta y la vida, el impulso, por eso nos lo presentaba transfigurado, como llamándonos a esa meta a la que todos los hombres son llamados.... Y los otros domingos, 3o., 4o y 5o, la colaboración que Dios pide a los hombres para salvarlos: su conversión, su reconciliación con él. Bajo ejemplos preciosísimos como la higuera estéril, como el hijo pródigo y esta mañana como la adúltera que se arrepiente y es perdonada, es el llamamiento que Dios nos hace y nos dice que nos encontrará así como el padre del hijo pródigo, así como el salvador de la adúltera; no hay pecado que no quede perdonado, no hay enemistad que no se pueda reconciliar cuando haya una conversión y un retorno sincero al Señor. ¡Esa es la voz de la Cuaresma!. Y como las lecturas de Cuaresma también nos van diciendo como ese Dios aplica su proyecto en la historia, para hacer de la historia de los pueblos su historia de salvación. Y en la medida en que esos pueblos reflejen ese proyecto de Dios, de salvarnos en Cristo por la conversión, en esa medida los pueblos se van salvando y van siendo felices. Por eso, en la primera lectura de toda Cuaresma, es la historia de Israel, el pueblo paradigma, el pueblo ejemplar, ejemplar hasta en sus infidelidades y pecados para que en ellas aprendamos también cómo castiga Dios las infidelidades, el pecado. Y modelo también en traer la promesa de salvación de Dios. Desde Abraham hemos recorrido con Moisés la peregrinación del desierto, con Josué llegamos a celebrar la primera pascua en la tierra prometida. Y hoy nos invita a un segundo éxodo: el retorno de Babilonia, Es una historia que cada pueblo tiene que imitar; porque no es que cada pueblo sea igual a Israel, pero hay algo que en todo pueblo existe: el grupo de los que siguen a Cristo, el grupo del Pueblo de Dios que no es todo el pueblo natural pero sí es grupo fieles. Y por eso, el ejemplo es precioso esta mañana: Seguidores de Cristo allá en Estados Unidos vienen a compartir con los seguidores de Cristo aquí en El Salvador, y ellos en la gran nación del Norte, son voz de evangelio contra las injusticias de aquella sociedad... así vienen a darnos solidaridad para que nosotros, Pueblo de Dios aquí en El Salvador, sepamos también denunciar con valentía, las injusticias de nuestra propia sociedad...

A la luz de las palabras divinas de hoy voy a presentar esta reflexión con este título: La iglesia, un servicio de liberación personal, comunitaria, trascendente; estos tres calificativos marcan los tres pensamientos de la homilía de hoy. Allí tenemos el Evangelio. Y no encuentro una figura más hermosa de Jesús salvando la dignidad humana que este Jesús que no tiene pecado frente a frente con una adúltera, humillada porque ha sido sorprendida en adulterio. Y piden para ella, sentencia de lapidación. Y aquel Jesús que después de echar en cara, sin decir palabra, el pecado de los propios jueces, le pregunta a la mujer: "Nadie te ha condenado?' "Nadie, Señor. Pues yo tampoco te condeno; pero no peques más." Fortaleza pero ternura. La dignidad humana ante todo. Era un problema legal en el tiempo de Jesús. En el Deuteronomio toda mujer sorprendida en adulterio debía morir y cuando quedaba un espacio para discutir cómo debe ser esa muerte, discutían los fariseos y los letrados: "¿por lapidación, por estrangulación?" y a esto se refiere la pregunta: "Esta mujer ha sido sorprendida en adulterio, nuestra ley dice que debe morir, ¿Tú qué dices? Según la discusión actual, ¿cómo debemos matarla?". A Jesús no le importan estos detalles legalistas. Con un disimulo superior a esa mala voluntad de los que le ponían una trampa se puso a escribir en la tierra, como cuando uno disimula con un lápiz manchando un papel. Ellos insisten y Jesús da la gran respuesta de su sabiduría: "El que de ustedes estén sin pecado, que tire la primera piedra".

Ha tocado la conciencia. Eran los testigos según las leyes antiguas, los primeros que debían tirar la primera piedra. Pero los testigos, al mirarse a su conciencia sentían que eran testigos de su propio pecado. Y la dignidad de la mujer se salva. Dios no salva el pecado pero sí la dignidad de una mujer sumergida en el pecado. El ama, ha venido precisamente a salvar a los pecadores y aquí tiene un caso. Convertirla es mucho mejor que apedrearla. Perdonarla y salvarla es mucho mejor que condenarla. La ley tiene que ser un servicio a la dignidad humana y no los falsos legalismos con los cuales se pisotea la honradez, muchas veces, de las personas. Y dice con un realismo espantoso el evangelio: Comenzaron a irse comenzando por los más viejos. La vida se ocupa para ofender a Dios y los años que debían de servirnos para ir creciendo en este compromiso con la humanidad, con la dignidad del hombre, con Dios se va haciendo cada vez más hipócrita la vida, escondiendo los propios pecados que crecen juntamente con la edad.

Y esto hay que tenerlo muy en cuenta, queridos hermanos, porque hoy es muy fácil, como los testigos de la adúltera, señalar y pedir justicia para ésos; pero ¡qué pocos se miran a su propia conciencia! ¡Qué fácil es denunciar la injusticia estructural, la violencia institucionalizada, el pecado social! Y es cierto todo eso, pero ¿dónde están las fuentes de ese pecado social?: En el corazón de cada hombre. La sociedad actual es como una especie de sociedad anónima en que nadie se quiere echar la culpa y todos son responsables. Todos son responsables del negocio pero es anónimo. Todos somos pecadores y todos hemos puesto nuestro grano de arena en esta mole de crímenes y de violencia en nuestra Patria. Por eso, la salvación comienza desde el hombre, desde la dignidad del hombre, de arrancar del pecado a cada hombre. Y en la Cuaresma, este es el llamamiento de Dios: ¡Convertíos! individualmente. No hay aquí entre todos los que estamos, dos pecadores iguales. Cada uno ha cometido sus propias sinvergüenzadas y queremos echarle al otro la culpa y ocultar las nuestras. Es necesario desenmascararme, yo soy también uno de ellos y tengo que pedir perdón a Dios: he ofendido a Dios y a la sociedad.

Este llamamiento de Cristo: ¡la persona ante todo! Qué hermoso el gesto de aquella mujer sintiéndose perdonada y comprendida:"nadie Señor, nadie me ha condenado. Pues yo tampoco, yo que podía dar la palabra verdaderamente condenatoria, no te condeno; pero cuidado, no vuelvas a pecar". ¡No vuelvas a pecar! Cuidémonos hermanos, si Dios nos ha perdonado tantas veces aprovechemos esa amistad del Señor que hemos recuperado y vivámosla con agradecimiento. ¡Qué hermoso cabría aquí un capítulo de la promoción de la mujer por parte del cristianismo!. Si la mujer ha logrado alturas semejantes al hombre, gran parte es este evangelio de Jesucristo. En tiempos de Cristo se extrañaban de que él platicara con una samaritana porque la mujer era algo indigno de platicar con el hombre. Y Jesús sabe que todos somos iguales: ya no hay griego o judío; hombre o mujer, todos somos hijos de Dios. Al cristianismo la mujer que debía estar doblemente agradecida porque El Cristo con su mensaje, es el que ha promovido la grandeza y la mujer. Y de qué alturas son capaces esos dones femeninos que muchas veces con el machismo de los varones no se estimula, no se aprecia.

También los testigos han comprendido que la redención comienza por la dignidad humana, y que antes de ser jueces que administran justicia tienen que ser hombres honrados y tienen que saber decir con su conciencia limpia una sentencia, porque ellos serían los primeros en aplicársela si cometieran ese crimen. La actitud de Jesús, hay que fijarse en este evangelio, que es lo que tenemos que aprender. Una delicadeza para con la persona. Por más pecadora que sea, él la distingue como hijo de Dios, imagen del Señor. No condena sino que perdona. Tampoco consiste en el pecado, es fuerte para rechazar el pecado pero sabe azuzar, condenar el pecado y salvar al pecador. No subordina el hombre a la ley. Y esto es bien importante en nuestro tiempo. El ha dicho: "No se ha hecho el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre". No queramos, por salvar la Constitución del país cuando se ha pisoteado por todos lados, llamarla; y a ella se le quiere usar más bien para defender nuestros egoísmos personales. La ley para el hombre, no el hombre para la ley.

Y entonces Jesús es fuente de paz cuando ha dado así a la dignidad humana su verdadera primacía. El hombre siente que cuenta con Jesús, que no cuenta con el pecado y que tienen que arrepentirse y volverse a él con sinceridad. Es la alegría más profunda del ser humano. En la segunda lectura de hoy también tenemos el ejemplo de otro pecador que anduvo engañado mucho tiempo, pero que al conocer a Cristo, Cristo lo salva y ya pone toda su ilusión como meta de toda su vida: alcanzar a Cristo. "... Y todo lo demás lo considero como basura", nos ha dicho la epístola de hoy. Cuando ya no se idolatran las cosas de la tierra sino se ha conocido al verdadero Dios, al verdadero Salvador, todas las ideologías de la tierra, todas las estrategias de la tierra, todos los ídolos del poder, del dinero, de las cosas, parecen basura. San Pablo, la palabra es más dura, "estiércol," dice. "Con tal de ganar a Cristo, todo lo demás parece basura".....
....este pueblo de Dios va sucediéndose en la historia. ¿Se fijaron qué bellamente ha dicho la lectura de hoy: "Ustedes se glorían del primer éxodo cuando yo los saqué de Egipto, cuando atravesaron el desierto, ¡cuántas maravillas se hicieron en aquel recorrido con Moisés! Pero ya no se gloríen de ese pasado, eso ya quedó en la historia, yo hago nuevas las cosas?". ¡Qué frase más bella de Dios! Dios es el que hace nuevas las cosas, es el Dios que va con la historia. Ahora el éxodo será de otro rumbo, de Babilonia, del destierro. El desierto por donde van a pasar florecerá como jardín, brotarán las aguas como simbolizando con el paso del perdón de Dios, del pueblo reconciliado con Dios hacia Jerusalén, que ya no es propiamente la esclavitud de Egipto sino es el destierro de Babilonia, y así se irá sucediendo la historia. Hoy también El Salvador vive su éxodo propio, hoy estamos pasando también nosotros la liberación por el desierto donde cadáveres, donde el dolor angustioso nos va asolando, y muchos sufren la tentación de los que caminaban con Moisés y querían volverse y no colaboraban. Es la historia de siempre, Dios quiere salvar al pueblo haciendo nueva la historia. La historia no se repite aunque el dicho dice: "la historia se repite', hay ciertas cosas que aparentemente son repetición. Lo que no se repite son las circunstancias, las coyunturas, somos testigos en El Salvador. ¡Qué densa nuestra historia, qué variado de un día para otro! Sale uno de El Salvador y regresa la semana siguiente y parece que ha cambiado tan rotundamente la historia.

No nos estabilicemos en querer juzgar las cosas como las juzgamos una vez. Una cosa sí: tengamos firmemente anclada en el alma la fe en Jesucristo, el Dios de la historia, ese sí no cambia. Pero él tiene como la complacencia de cambiar la historia, jugar con la historia; 'hago nuevas las cosas". El gran trabajo de los cristianos tiene que ser ése, empaparse del Reino de Dios y desde esa alma empapada en el Reino de Dios, trabajar también los proyectos de la historia. Está bien que se organicen en organizaciones populares, está bien que hagan partidos políticos, está bien que tomen parte en el gobierno, está bien con tal que seas un cristiano que llevas el reflejo del Reino de Dios y tratas de implantarlo allí donde estás trabajando, que no seas juguete de las ambiciones de la tierra... Y este es el gran deber de los hombres de hoy.

Mis queridos cristianos, siempre les he dicho y lo repetiré, de aquí, del grupo cristiano, del Pueblo de Dios tienen que salir los hombres que van a ser los verdaderos liberadores de nuestro pueblo... Hay que tener en cuenta que todos los males tienen una raíz común y es el pecado. En el corazón del hombre están los egoísmos, las envidias, las idolatrías y es allí donde surgen las divisiones, los acaparamientos; como decía Cristo: "No es lo que sale del hombre lo que mancha al hombre, sino lo que está en el corazón del hombre", los malos pensamientos. Hay que purificar, pues, esa fuente de todas las esclavitudes. ¿Por qué hay esclavitudes? ¿Por qué hay marginaciones? ¿Por qué hay analfabetismo? ¿Por qué hay enfermedades? ¿Por qué hay un pueblo que gime en el dolor? Todo esto está denunciando que existe el pecado. "La pobreza, dice Medellín, es una denuncia de la injusticia de aquel pueblo". Por eso, la trascendencia de la liberación arranca del pecado y la Iglesia siempre estará predicando: arrepiéntanse de sus pecados personales. Y les dirá como a la adúltera: "ya no te condeno, te has arrepentido pero no vuelvas a pecar", el pecado es el mal siempre.

¡Cómo quisiera decirles, hermanos, a todos los que le dan poca importancia a estas relaciones íntimas con Dios, que le den la importancia que tiene! No basta decir: yo soy ateo; yo no creo en Dios; yo no lo ofendo. Si no es cuestión de que tú creas, es que objetivamente tú tienes rotas tus relaciones con el principio de toda vida. Mientras no lo descubras, y no lo sigas, y no lo ames, tú eres una pieza descoyuntada de su origen y por eso llevas en tí mismo el desorden, la desunión, la ingratitud, la falta de fe, de fraternidad. Sin Dios no puede haber un concepto de liberación. Liberaciones inmediatistas sí las puede haber, pero liberaciones definitivas, sólidas, sólo los hombres de la [fe las]van a realizar. Es incomparable la página de San Pablo, el pecador que había olvidado a Cristo, mejor dicho, no lo conoció y más bien creía que Cristo y sus cristianos eran unos traidores de la religión verdadera que era el judaísmo. Y se sentía autorizado para irlos a traer amarrados y acabar con esa secta. Pero cuando Cristo se le presenta y le revela, él cae en la cuenta de su ignorancia y le escribe: "Todo lo estimo ya como pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor". ¡Qué gratitud la de un pecador cuando dice: no te conocía, Señor, ahora sí ya te conozco y ahora todo lo demás me parece inútil en comparación de la excelencia de conocerte a ti, mí Señor! Por él lo perdí todo y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no como justicia mía sino con la que viene de la fe en Cristo.

Esta es la trascendencia. Hay muchos que quieren una justicia, una justicia mía, una justicia de hombres. No trascienden, no es ésa la que me salva dice San Pablo, es la justicia que viene por la fe de Cristo, mi Señor. ¿Y cómo es Cristo justicia del hombre? Dice: "Para conocerlo a él y la fuerza de su resurrección y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte para llegar un día a la resurrección de entre los muertos". ¿Ven cómo la vida recobra todo su sentido, y el sufrimiento ya es una comunión con el Cristo que sufre, y la muerte es comunión con la muerte que redimió al mundo? ¿Quién puede sentirse inútil ante este tesoro del que ha encontrado a Cristo que le da sentido a la enfermedad, al dolor, a la opresión, a la tortura, a la marginación? ¡No está vencido nadie aunque pongan bajo la bota de la opresión y de la represión, el que cree en Cristo, sabe que es un vencedor y que la victoria definitiva será de la verdad y de la justicia ... ! Y en su misma página íntima San Pablo dice: no es que ya haya conseguido el premio sino que corro hacia adelante, olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante; corro hacia la meta para ganar el premio al que Dios desde arriba, llama en Cristo Jesús. Esta es la trascendencia: una meta hacia la cual queremos empujar toda nuestra liberación, una meta que es alegría definitiva de todos los hombres.

Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejercito, y en concreto a las bases de la guardia nacional, de la policía, de los cuarteles. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: NO MATAR... Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios... Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla... Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado... La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre... En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión ... !

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