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domingo, setiembre 23, 2007

Observaciones científicas y Profecias Mayas_Luis García La Cruz

El cumplimiento de las detalladas predicciones que la antigua cultura maya hizo para el periodo que media entre los años 1992 y 2012 de nuestro calendario plantea un profundo misterio y una pregunta inquietante: ¿nos encontramos realmente viviendo el final de una era cósmica y veremos dentro de siete años el amanecer de una con signo muy distinto?.

Los científicos no saben qué está sucediendo con el Sol.

El 20 de enero del 2005, una sorpresiva tormenta solar alcanzó la Tierra con su máximo de radiación sólo 15 minutos después de iniciarse la serie de explosiones, cuando lo habitual son 2 horas. Según Richard Mewaldt, del California Institute of Technology, fue la más violenta en los últimos 50 años. También ha sido la más misteriosa.Los científicos creían que dichas tormentas se producían en la corona solar por las ondas de choque asociadas a eyecciones de plasma. Sin embargo, en este caso parece haberse originado extrañamente en el interior del Astro Rey, según afirmó el profesor Robert Lin, de la Universidad de California.Los astrónomos expresaron su perplejidad. El profesor Lin –principal investigador del satélite Reuven Ramaty High Energy Solar Spectroscopic Imager (RHESSI)– concluyó su declaración con una frase muy significativa: «Esto significa que realmente no sabemos cómo funciona el Sol».En resumen: el insólito fenómeno del 20 de enero del 2005 ha pulverizado los modelos predictivos de nuestra ciencia.

Pero además, ¿por qué se produce una actividad tan intensa y anómala en este momento? El pico de máxima actividad de nuestra estrella –en su ciclo principal de 11 años– tuvo lugar en el año 2000.En 2004 los físicos solares observaron una ausencia total de manchas, algo que siempre anuncia la proximidad de un mínimo de actividad.Dicho mínimo debía producirse entre 2005 y 2006, unos 4 años antes del nuevo máximo, previsto para el año 2010 o 2011, precisamente en vísperas de la fecha para la cual los antiguos mayas profetizaron el final de la era correspondiente al «Quinto Sol» y el comienzo de otro ciclo cósmico, llamado «Sexto Sol».¿Sabían algo los mayas que nuestra ciencia actual ignora? ¿Podrían ayudar sus textos sagrados a los científicos, desconcertados por el extraño e inquietante comportamiento del Astro Rey?Y sobre todo: ¿por qué motivo prestó aquella antigua cultura tanta atención a la actividad solar de nuestros días en tiempos tan remotos?

El calendario maya finaliza abruptamente el sábado 23 de diciembre de 2012, 5.125 años después de iniciarse la era del «Quinto Sol».Según sus profecías, la causa física desencadenante es que el Sol recibiría un rayo proveniente del centro de la galaxia y emitiría una inmensa «llamarada radiante» que transmitiría esa radiación a la Tierra y al resto del sistema solar. Este evento precedería al comienzo de un nuevo ciclo cósmico.Según su cómputo, habrían tenido lugar ya 5 ciclos de 5.125 años, completando una serie de 25.625 años, periodo muy próximo al de «la precesión de los equinoccios», conocido como «Año Platónico» o «Gran Año Egipcio», correspondiente a un ciclo completo formado por 12 eras astrológicas ( 25.920 años).Según los mayas, en la Tierra cada ciclo de 5.125 años habría sido el escenario de la aventura de una Humanidad –«una raza» en su concepto– y habría acabado con su destrucción, seguida por la regeneración que trae el siguiente ciclo o «Sol». Al comienzo de éste se produce una sincronización de la «respiración» de todas las estrellas, planetas y seres.

El 11 de agosto de 3.113 a.C. los mayas fijaron el nacimiento del «Quinto Sol» –la era actual– cuyo final llegaría en 2012. La Era del Agua habría acabado con el Diluvio, la posterior a ésta con un diluvio de fuego y la nuestra, llamada «del Movimiento», finalizaría con violentos terremotos, erupciones volcánicas y huracanes devastadores.La mitología de las culturas antiguas más diversas recoge la memoria de inundaciones catastróficas que tuvieron lugar hace unos 12.000 años y de misteriosas lluvias de fuego, hace algo más de 5.000 años, que investigadores como Maurice Cotterell asocian a un gran cometa que rozó la atmósfera terrestre.La predicción maya también describe los 20 años anteriores al primer día del «Sexto Sol» con cierto detalle. Este ciclo menor, que ellos denominaban Katum, ya ha consumido casi dos tercios de su duración total. Ello nos permite verificar hasta qué punto se han cumplido sus profecías hasta este momento y, en consecuencia, decidir si su nivel de aciertos merece suficiente credibilidad como para prestarles atención.

El último Katum –denominado por ellos «el tiempo del no tiempo»– habría empezado en el año 1992 de nuestro calendario, después de un eclipse de Sol que esta cultura pronosticó para el 11 de julio de 1991 y que se cumplió puntualmente. En el concepto maya se trataría de un periodo de transición, caracterizado por profundos cambios cósmicos, telúricos e históricos.Es curioso observar que en septiembre de 1994 se produjeron fuertes perturbaciones en el magnetismo terrestre, con alteraciones importantes en la orientación de las aves migratorias y cetáceos, e incluso en el funcionamiento de la aviación.En 1996, la sonda espacial Soho descubrió que el Sol no presentaba ya polos magnéticos sino un único campo homogeneizado. En 1997 se produjeron violentas tormentas magnéticas en el Sol. Y en 1998, la NASA detectó la emisión de un potente flujo de energía proveniente del centro de la galaxia que nadie supo explicar.

Otra fecha importante de las profecías mayas fue el eclipse total de Sol del 11 de agosto de 1999, que también se verificó puntualmente. Según el Chilam Balam –un libro sagrado maya–, siete años después del inicio del último Katum (1999) comenzaría una era de oscuridad y las convulsiones de la Tierra –sismos, huracanes, erupciones volcánicas– aumentarían sensiblemente.

El 15 de septiembre de 1999, sólo un mes después del mencionado eclipse, una misteriosa explosión proveniente del espacio eclipsó durante horas el brillo de algunas estrellas. Las radiaciones de ondas radio, rayos gamma y rayos X multiplicaron su intensidad por 120. Astrónomos como Richard Berendzen y Bob Hjellming, del Observatorio Radioastronómico de Nuevo México (EE UU), calificaron este fenómeno como un enigma «digno de una investigación detectivesca».El rayo y la llamarada radianteAnte estos hechos objetivos cabe preguntarse: ¿podría ser esa misteriosa e inexplicada radiación de 1999 el rayo proveniente del centro de la galaxia que, según los mayas, alcanzaría al Sol antes del año 2012, cuando se dispararan los fenómenos sísmicos? ¿No resulta también evocador de «la llamarada radiante» que, según los mayas emitiría el Sol después de recibir ese «rayo», la igualmente enigmática y anómala explosión solar del 20 de enero de 2005, que ha dejado perplejos y sin respuestas a los científicos?El eclipse del 11 de agosto de 1999 que precedió a la fuerte radiación proveniente del espacio del 15 de septiembre de 2005 inauguró un periodo de cataclismos naturales.

El día 7 de ese mismo mes se produjo un terremoto de 5,9º (escala Richter) en Grecia, con 218 muertos; el 8, inundaciones catastróficas en China, con miles de muertos; el 17, un terremoto de 7,4º en Turquía, con 15.000 muertos; el 20, un terremoto de 7,6º en Taiwan, con 2.000 muertos; el 22, una cadena de terremotos menos destructivos –entre 2º y 5,2º– en todo el planeta; el 30, un terremoto en Oaxaca (México), seguido de grandes incendios debidos a explosiones de gas, con más de 100 muertos; y el 10 de octubre las lluvias produjeron 300 muertos y 500.000 damnificados, también en México.No se trata de una lista exhaustiva de catástrofes ni mucho menos, sino sólo de una muestra de algunos fenómenos muy destructivos, ocurridos tan sólo en los dos meses que siguieron al eclipse de agosto. Incluir los conflictos humanos que estallaron en esos dos meses y otras catástrofes naturales requeriría un abultado volumen.En este mismo número se recogen otros datos sobre el aumento espectacular de los seísmos, erupciones volcánicas y meteoros violentos. La comparación de la intensidad y la cantidad que estos fenómenos tuvieron en los últimos años con periodos anteriores revela que experimentaron un incremento espectacular en este periodo que los mayas denominaron «el tiempo del no tiempo».Después de la potente y anómala radiación emitida por el Sol el 20 de enero del 2005 se han disparado las erupciones volcánicas, que ya habían experimentado un incremento notable después del eclipe de 1999.

En todo 2004 se registraron 31 erupciones significativas.Sólo entre enero y abril de 2005, se han detectado 21. Y si sumamos los informes sobre nueva actividad de los volcanes que experimentaron erupciones significativas desde 1999, la cifra asciende a 43 para los 4 meses iniciales de este año.A esta confirmación de las predicciones mayas debemos añadir otras.Según dichas profecías, a partir del eclipse de 1999 se incrementarían las guerras y la destrucción.El cono de sombra de este eclipse se proyectó precisamente sobre Medio Oriente, Irak, Irán, Afganistán, Paquistán e India, señalando un área sacudida por los conflictos más sangrientos y la amenaza permanente de una confrontación entre Paquistán e India, ambos con arsenal nuclear.Al acercarse el 2012 una ola de calor aumentaría la temperatura del planeta, produciendo cambios climáticos, geológicos y sociales sin precedentes, con una rapidez asombrosa. Estamos inmersos en dicha dinámica. El acelerado derretimiento de los glaciares en todo el mundo y la aparición de zonas verdes en la Antártida es ya un hecho confirmado científicamente. También anunciaron los cambios inesperados de la actividad del Sol que los científicos están verificando.

Las profecías mayas pronostican la aparición de un cometa, con alta probabilidad de un impacto contra la Tierra. Curiosamente, también en el Apocalipsis de San Juan se predice la llegada de este cometa llamado «Ajenjo» como signo del «Final de los Tiempos».Otra coincidencia llamativa es que el 11 de agosto de 1999, no sólo tuvo lugar el último eclipse total del milenio, sino la formación de una configuración astrológica muy rara: la Gran Cruz Cósmica, formada en los signos de Tauro, Leo, Escorpio y Acuario, por el Sol, la Luna y tres planetas (AÑO/CERO, 102).Esta Cruz también nos remite al Apocalipsis porque evoca a «los cuatro vivientes custodios del Trono».El primero es descrito como «semejante a un león» (Leo), el segundo «semejante a un toro» (Tauro), el tercero «con semblante humano» (Acuario, el Aguador) y el cuarto semejante a un águila (Escorpio).

Estamos ante un simbolismo complejo que encaja con las profecías mayas del comienzo del «Sexto Sol»: una nueva era que, según su predicción, supondrá «el final del tiempo del miedo» y una Humanidad renovada cósmicamente, que construirá una civilización superior a la actual.Esta convergencia de expectativas, independientes unas de otras, que avalan las profecías mayas es otro hecho a tener en cuenta.Resulta inevitable recordar a maestros como Sri Aurobindo que, junto a su compañera Madre y su discípulo Satprem, promovieron una transformación fisiológica, convencidos de que, en un ser humano superior, debería producirse «el despertar» del cuerpo a nivel celular e incluso de los átomos.

Una evolución programada

Aurobindo enseñó que se produciría «un descenso de la luz superior a las partes más bajas de la naturaleza», que favorecería el acceso del ser humano a un nivel de conciencia más elevado que el actual.¿Podría este cambio ser activado o favorecido por ese gran evento cósmico que anunciaron las profecías mayas? ¿Podría ese salto vibracional del Universo, transmitido por el Universo al Sol y por éste a la Tierra, estar impulsando «la gran transformación» que, según los mayas, llegará definitivamente a nuestro planeta el sábado 23 de diciembre de 2012?En cualquier caso, todas estas profecías son muy elocuentes respecto a dicho salto cualitativo en la evolución de la conciencia.El cambio cósmico crea las condiciones, pero la transmutación interior sólo puede ser el resultado de una decisión libre y de un trabajo interior individual.En este final del último Katum del calendario maya el Cielo nos pone ante una encrucijada: autodestrucción o transformación. Nos hallamos, por tanto, en una especie de «tierra de nadie»: una fase definitiva que ya no pertenece a la vieja era, pero tampoco a la que amanecerá dentro de siete años, cuando se abra «la puerta» cósmica de un tiempo renovado.En cualquier caso, nos parece evidente que los hechos corroboran las profecías mayas lo suficiente como para tomarlas en serio y examinarlas sin prejuicios a la luz de lo que sabemos del mundo. ¿La evolución biológica y psicoespiritual responde a una programación cósmica inteligente?Este es, sin duda, el gran misterio que se nos plantea.

Comentario de la responsable del blog PRINCESS OLIE:

Primeramente, aclaro que recibí tal artículo - cuyo autor es Luis García La Cruz - por email y suscitó gran interés en mí, siempre ávida de explicaciones científicas para los fenómenos físicos, lo que me impulsó a navegar por Internet para verificar la información que en él se vierte, lo que hallé en el siguiente sitio de la Nasa, que está traducido al español:

http://ciencia.nasa.gov/headlines/y2005/10jun_newstorm.htm

Sólo debo rectificar una fecha: la tormenta solar en cuestión es del 20 de enero de 2005 y no de 2007. Es decir, cuando el autor citó "este año" se refiere al que vivimos hace dos, época en que redactó su escrito.Dicha explosión se originó en la mancha solar 720 y se produjo en pocos minutos, en circunstancias que hasta ese momento se necesitaban días o, a lo menos, horas, para su formación.Para mejor entender, cabe señalar que una mancha solar es un lugar donde fuertes campos magnéticos atraviesan la superficie del Astro Rey. Ahora bien, por razones que nadie comprende aún, estos campos se vuelven inestables y explosionan, liberando la energía equivalente a 10.000 millones de bombas de hidrógeno. La luz de la erupción alcanza la Tierra en ocho minutos.

Estas tormentas solares causan problemas tales como interferir las comunicaciones de radio aficionados; afectar los satélites, causando cortocircuitos y fallas de computador. Pero lo peor de todo es que pueden traspasar el tejido de los trajes espaciales y hacer que los astronautas se enfermen. Es más, la energía de este suceso llegó a 100 millones de electronvoltios: esto puede dañar células y tejidos humanos.Lo misterioso es que en esta ocasión la tormenta se originó en un lugar especial del Sol: 60°de longitud Oeste y la línea de campo magnético que emerge de ese sitio llega normalmente hasta la Tierra.Por otra parte, en cuanto a los mayas, es de público conocimiento que fueron una cultura avanzada en el campo de la física, la astronomía y las matemáticas, a más de la medicina y la política.El Ingeniero Luis Dumois, a su vez, explica que los antiguos mayas descubrieron dos ideas fundamentales en matemáticas: el valor posicional y el cero. Sólo otra gran cultura de la antigüedad llegó a encontrar, cerca de 300 años después que los mayas, estos conceptos: la cultura hindú

Estos dos elementos, el valor posicional y el cero, pudieran parecernos simples y básicos hoy en día. De hecho, lo son, y en ello radica precisamente su genialidad. Griegos y romanos, con toda la fuerza de su espíritu y de sus instituciones, no lograron descubrir estos principios. Basta tratar de escribir un número suficientemente grande en notación romana para darnos cuenta de la importancia del cero y del valor posicional.El sistema maya es vigesimal, no decimal como el nuestro. Esto significa que, en lugar de contar con diez dígitos, del cero al nueve, los mayas contaban desde el cero hasta el diecinueve antes de empezar de nuevo en el siguiente orden. Esto tal vez se deba a que usaban dedos de manos y pies para llevar la cuenta.En el sistema decimal, el valor posicional se encuentra en cuanto pasamos del nueve. Esto es, un uno seguido de un cero es un diez. En el sistema maya, un uno seguido de un cero es igual a veinte.Nuestro sistema numérico emplea diez símbolos para representar cada uno de los dígitos. Los numerales mayas se escriben con sólo tres símbolos: un punto, que significa uno; una raya, que es un cinco, y el glifo de un caracol para representar el cero.Otro de los milagros producidos por la cultura maya fue el calendario de la cuenta larga, sistema más preciso que el calendario gregoriano, que es el que usamos hoy en día. Una comparación sencilla ilustra el grado de perfección a que llevaron los mayas sus medidas del tiempo:

Duración del año según la astronomía moderna: 365.2422 díasSegún el antiguo año juliano sin corregir: 365.2500Según nuestro año actual gregoriano corregido: 365.2425Según los antiguos mayas: 365.2420 días.Se ha llegado a establecer por diferentes medios y correlaciones que el año cero del sistema calendárico maya corresponde al 3113 A.C., con lo cual tenemos todos los elementos necesarios para calcular y corresponder cualquier fecha de la cuenta larga con nuestro propio sistema calendárico.Uno de los objetos mayas fechados de mayor antigüedad que conocemos es la famosa placa de Leyden, misma que se cree procede de Tikal, aunque fue encontrada en Puerto Barrios, Guatemala, en 1864. Se trata de un pequeño objeto en forma de hachuela, hecho de jade y grabado por ambos lados y corresponde al año 320 D.C.Por otra parte, tenían un calendario ritual de 260 días, el que, coordinado con el calendario solar, formaba ciclos de 52 años. Su sistema de registro de fechas se llamó Serie Inicial.

Otro descubrimiento fascinante de esa cultura es la Calavera de Cristal, réplica exacta y fidelísima de un cráneo humano, moldeada en un solo bloque de cristal de cuarzo. La mandíbula inferior del objeto está suelta, lo que demuestra acabados conocimientos de anatomía. Mide 12,5 cms., de modo que su elaboración acredita, también, grandes conocimientos de óptica.También crearon el sistema de escritura más avanzado de América, combinando signos fonéticos e ideográficos.Basada en estos descubrimientos que sin duda demuestran que esta gran cultura alcanzó niveles de conocimiento científico y cosmogónico insospechados, creo que sus profecías no deben subestimarse, pues se basan en cálculos astronómicos, en la observación del Universo y en la comprensión total de éste.Para ellos, "todo ser humano tiene conciencia de estar inmerso en el Cosmos, por lo que tiende a buscar la armonía con el Universo".Con ese fin, en el año 2012 la Humanidad estará a las puertas de optar por un gran cambio: desaparecer como la especie pensante que amenaza con destruir al planeta o evolucionar hacia la integración armónica con todo el Universo.La nuestra es una civilización basada en el miedo y debe transformarse en otra que obedezca a una vibración más alta, de armonía y bajo esta condición se podrá atravesar la puerta que evitará el cataclismo e iniciará el Sexto Ciclo del Sol, esto es, una nueva Era dentro de la concepción maya que, de paso, también ha sido vaticinada por las religiones de nuestro tiempo, como ocurre con el Libro de la Revelación, que anuncia el encuentro de la Humanidad, tras una serie de tribulaciones, en la Nueva Jerusalén.Es por ello que acepto la sabiduría de este pueblo y considero la verdad de sus profecías: no es casualidad que, a la par con el materialismo actual, el menosprecio por la Naturaleza, el egoísmo, la ignorancia y la arrogancia, se verifica en forma paralela una búsqueda espiritual que empieza en nuestra alma y acaba en los amorosos brazos del Padre, con la ayuda del Espíritu Santo y la guía fiel del Hijo. Finalmente, todo apunta a que estamos bajo cambios físicos y climáticos, causados por nuestra irresponsabilidad con la Naturaleza.
Desde ANTOFAGASTA, copyright by princess olie en
viernes, marzo 02, 2007


Tomado del blog: PRINCESS OLIE. http://princessolie.blogspot.com

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