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sábado, noviembre 27, 2010

Nuestro Vinicius_ Escribe: Rosario Peyrou / El País





Los hombres que abren caminos son como los faros. Uno solo abre la senda al puerto. Y el puerto ha sido la revolución de la música brasileña iniciada a mediados de los años 50.

Y el hombre-faro, Vinicius de Moraes, cuya poesía y música marcan el encuentro mayor de la cultura brasileña con el mundo. Un desembocar en ríos y mares de ritmos agitados, multicolores y mágicos, que ha lanzado la inspiración carioca hacia nuevos horizontes.

De ese encuentro de un hombre culto, inicialmente de cuna, cenáculo y bohemia parisina, con el Brasil de nordeste, fabela y candomblé y también con otros talentos como el genial Antonio Carlos Jobim, han surgido los ritmos y las nuevas letras que han permitido al novel gigante del Sur, ingresar al imaginario mundial con paso bailador y huella honda.

La argentina Liana Wenner, acaba de publicar precisamente “NUESTRO VINICIUS” (*), una semblanza del gran brasileño, que nos permite aquilatar su altura, desde sus orígenes hasta su exilio en Argentina y Uruguay, que lo hizo más brasileño aun, pero también más americano y universal.

Aquí un pasaje de este nuevo libro, gracias a esta recientísima nota del diario El País, de Uruguay. (Jesús Hubert)






"Garota de Ipanema"

Letra: Vinicius de Moraes
Música: Antonio Carlos Jobim
Interpretan: Roberto Carlos y Caetano Veloso


VINICIUS de Moraes fue algo más que un poeta y el creador, junto a Tom Jobim, de la bossa nova, la música que despertó el interés por la cultura brasilera en el mundo entero en los años sesenta. Fue y sigue siendo, en un país que tutea -y llama con su nombre de pila- a sus músicos y escritores igual que a sus jugadores de fútbol, una leyenda. Vinicius, o "Vina", como le decían sus íntimos, mereció al cumplirse este año tres décadas desde su muerte, ocurrida el 9 de julio de 1980, una serie interminable de homenajes en Brasil. Desde el acervo completo de su obra con acceso gratuito en Internet por una iniciativa de la Biblioteca Brasiliana de la Universidad de San Pablo y el Ministerio de Cultura, hasta una ley promovida por el presidente Lula da Silva devolviéndole la condición de diplomático que le había quitado la dictadura militar en 1968 por el Acto Institucional No. 5. Ya en 2006 el Ministerio de Relaciones Exteriores había inaugurado en el Palacio Itamaraty de Río de Janeiro el Espacio Vinicius de Moraes dedicado a la música brasileña, en una fiesta monumental donde participaron las escolas de samba Mangueira y Portela. Ahora, la ley No. 12.265 del 21 de junio de 2010 promovió "a Ministro de Primera Clase de la Carrera de Diplomático al Primer Secretario Marcus Vinícius da Cruz de Mello Moraes".

Itamaraty cierra así uno de los capítulos más ridículos de su historia, que ha pasado a ser parte del anecdotario humorístico de la dictadura militar. Se dice que a mediados de 1968, durante una escalada de protestas que hizo tambalear al régimen, el Mariscal Costa e Silva le envió un billete de su puño y letra al canciller Magalhaes Pinto que decía así: "Asunto: Vinícius de Moraes. Destitúyase a ese vagabundo". El acto institucional No. 5 que cumplió la orden del dictador, justificaba las destituciones en el caso del Ministerio de Relaciones Exteriores como una medida moralizadora para purgar el servicio público de "corruptos, homosexuales y borrachos". Según contó Marcelo Dantas, Vinicius se enteró de su destitución en Buenos Aires y amigos que fueron a recibirlo al aeropuerto de Río, lo vieron descender del avión con una botella de whisky levantada en un puño, diciendo, para disipar malentendidos:

-Eu, sou bêbado! (¡Yo, soy borracho!)

UNA LARGA CARRERA. Vinicius había ingresado en la carrera diplomática en 1943, a los 29 años, cuando era un poeta y un periodista cultural que hacía sobre todo crítica de cine. Nacido el 29 de octubre de 1913 en Río de Janeiro, segundo de cuatro hijos en una familia de clase media culta en la que hubo historiadores, poetas, periodistas y guitarreros, Vinicius se formó en los jesuitas, estudió Derecho sin mucha vocación y publicó su primer libro de poesía O caminho para a distancia en 1933. Católico y conservador, en su primera poesía pesarán tanto su formación religiosa como sus lecturas de poesía francesa moderna. Admirador de Rimbaud, es un poeta visionario, con un acerado cuidado de la forma, y está todavía lejos del Vinicius de Moraes compositor y figura central de la música popular brasileña. Es más, siente un cierto desdén por el arte popular del Brasil. El contacto con la poesía inglesa, que conoce a fondo en 1938 en una estadía en la Universidad de Oxford (había obtenido una beca del Consejo Británico para estudiar lengua y literatura inglesa) le dará un cariz más terreno a su poesía, iniciando un proceso de naturalización de su lenguaje. En 1941 entra como crítico literario en el diario A Manha donde hace amistad con los poetas Manuel Bandeira, Cecilia Meireles y Cassiano Ricardo. Con sus amigos Rubem Braga y Moacyr Werneck fundan una tertulia literaria en el Café Vermelhinho adonde concurren jóvenes arquitectos y artistas plásticos como Oscar Niemeyer, Carlos Leao y Alfonso Reidy.

Sus biógrafos hablan de esa primera etapa como la de un Vinicius antes de Vinicius. Un viaje sería el parteaguas. Acompañando al escritor norteamericano Waldo Frank, muy vinculado con Victoria Ocampo y la revista Sur, en 1942 hace un extenso recorrido por el Nordeste del Brasil que sería central en su vida. Lo que descubrió cambia radicalmente la visión política y social que tenía del Brasil. Allí presenció por primera vez esa suerte de danza marcial africana llamada capoeira, oyó una batucada de cuíca, vio rituales de candomblé y entró en el ambiente del samba bahiano: deslumbrado, descubrió un Brasil pobre y marginado pero dueño de una cultura viva y pujante.

Sus intereses se amplían y ninguna vertiente de la cultura queda fuera de su curiosidad. En 1944, ya iniciada su carrera diplomática, dirige el Suplemento Literario de O Jornal, donde reúne un equipo de colaboradores que incluye a Oscar Niemeyer, Lucio Rangel y Pedro Nava y publica y da a conocer a artistas plásticos como Carlos Scliar y María Helena Vieira da Silva. Otro viaje incorporará un par de ingredientes importantes a su formación: en 1946 es nombrado vice-cónsul en Los Ángeles donde permanecerá cinco años. Allí se vincula al cine, toma clases con Gregg Toland y Orson Welles y acompaña a este último en la filmación de La dama de Shanghai. El jazz fue el otro descubrimiento del período: se entusiasma con las improvisaciones de Charlie Parker y viaja a New Orleans donde conoce y hace amistad con Jelly Roll Morton. Con una intensa vida social, en Hollywood se ocupó de divulgar una visión del Brasil que no era solo Carmen Miranda, quien por entonces enloquecía a los norteamericanos. De vuelta en Río en 1950 sus proyectos parecen encaminarse hacia las artes cinematográficas: tiene en mente un film sobre la obra del Aleijadinho, y encargado por los organizadores del Festival de Cine de San Pablo planeado para la conmemoración del IV Centenario de la Ciudad, parte a Europa a ver de cerca los festivales de Cannes, Berlín, Locarno y Venecia. Deus e o Diabo no Terra de Sol, la mítica película de Glauber Rocha llegó a Cannes con leyendas en francés escritas por Vinicius de Moraes, con un lenguaje, que según Glauber era más poético que el original.

La bossa nova. 1956 es un año clave para la música popular brasileña (MPB). Vinicius, recién regresado de su estadía como cónsul en París, buscaba un músico para poner en escena su drama inédito Orfeu da Conceicao. En el bar Villarino de Río de Janeiro, el periodista y escritor Lúcio Rangel lo pone en contacto con Antonio Carlos Jobim. Si el viaje con Waldo Frank al Nordeste había cambiado al católico conservador en un hombre con una sensibilidad social, Orfeu da Conceicao marca un corte nítido en su orientación poética. La obra (que sería llevada al cine por Mario Camus como Orfeo Negro en 1959), ambienta el mito griego de Orfeo y Eurídice en una favela de Río de Janeiro durante una semana de Carnaval. Vinicius tenía referencias sobre Jobim (un disco de Dick Farney con canciones suyas había tenido un éxito considerable en 1954) y pensó que era la persona ideal para los temas de su espectáculo que, con actores negros, iba a estrenarse en el Teatro Municipal de Río, con escenografía de Oscar Niemeyer. Jobim aceptó el convite. Al día siguiente comenzaron el trabajo de "parceria" del que surgió "Se todos fossem iguais a Você", el primer clásico de una serie que prendería la mecha de una revolución.




"Se todos fossem iguais a você" - Cantan: Tom e Vinicius

Antonio Carlos Jobim (1927-1994), nacido en una familia carioca de profesores, tenía una sólida formación musical y había sido alumno de piano de Hans Joachim Koellreuter, un músico alemán que trajo al Brasil las novedades del atonalismo. Interesado tanto en la obra de Villa-Lobos como en los maestros del jazz, Tom Jobim buscaba una música que fuera a la vez nueva sin dejar de lado la identidad brasileña. Su búsqueda coincidía con un momento cultural signado por un impulso renovador en el arte del Brasil. Son los años en que Lúcio Costa y Oscar Niemeyer construyeron Brasilia en medio del desierto. Los años del concretismo en poesía, del Cinema Novo y la Bienal de artes plásticas de San Pablo. La música, sin embargo, había quedado estancada en boleros y sambas-cancoes de poca calidad, perdido el rumbo que abrieran las canciones de compositores como Orlando Silva y Noel Rosa más de dos décadas atrás. Con la popularización de la radio, la música extranjera -especialmente la música negra norteamericana y el jazz- se habían vuelto conocidas para los estudiantes universitarios. Bajo ese influjo, Jobim inventará una fusión refinada, que liga el jazz con la tradición de los grandes sambistas brasileros del pasado, especialmente con la vieja bossa de Noel Rosa, que mezclaba ritmos del morro con elementos melódicos de los barrios de clase media de Río, y daba especial lugar a la poesía.

La "parceria" con Vinicius sería fundamental para esa música nueva que necesitaba una poesía de calidad, depurada de lugares comunes. En 1958 aparece el LP Cancao do Amor Demais de Elizeth Cardoso cantando canciones de Tom Jobim y Vinicius de Moraes. Por primera vez se escucha la "batida" de la guitarra de Joao Gilberto en dos temas: "Chega de saudade" y "Outra vez". Un año después aparecería el LP Chega de Saudade interpretado por Joao Gilberto con arreglos y dirección musical de Jobim. El impacto fue enorme. Las principales figuras de la MPB recuerdan con nitidez el día en que escucharon por primera vez "Chega de saudade". Gilberto Gil ha contado que acababa de volver de la escuela y se sentaba a almorzar cuando en la radio de Bahía pasaron aquella canción. Dejó de comer, se acercó a la radio y quedó tan impresionado que sintió que él tenía que aprender a hacer eso mismo en seguida. Dejó el acordeón por la guitarra y no paró hasta conseguir reproducir la "batida" de la mano derecha que hacía Joao Gilberto. "Aquel estilo, aquella poesía, hablaba de las cosas comunes con una elegancia poéticamente nueva. Chega de saudade cambió mi vida", recordó años después. Caetano Veloso, que tenía 17 años cuando la escuchó por primera vez, escribió en Verdade Tropical, su libro de memorias: "La bossa nova nos arrebató. Lo que acompañé como una sucesión de delicias para mi inteligencia fue el desarrollo de un proceso radical de cambio cultural que nos llevó a rever nuestro gusto, nuestro acervo y -lo que es más importante- nuestras posibilidades." Chico Buarque ha dicho que para él fue una piedra de toque. Desde niño conocía a Vinicius de Moraes, amigo de su padre, el historiador Sergio Buarque de Holanda, y como otros jóvenes se sintió deslumbrado con esa sensibilidad desconocida que brillaba en las canciones cantadas casi en un susurro por Joao Gilberto. En la bossa "todo era nuevo, la estructura armónica, la letra", dice Edu Lobo, pronto incorporado al movimiento. La fórmula calaba en una característica del samba que mucho tiene que ver con la mistura especial de la cultura brasilera y que Vinicius entendió como pocos a la hora de escribir sus letras. Lo dijo en el "Samba da Bencao", dedicado "a todos los grandes sambistas de mi Brasil blanco, negro, mulato" con palabras que Maria Bethânia considera la mejor definición del género: "É melhor ser alegre que ser triste/ Alegria é a melhor coisa que existe/ É assim como a luz no coracao/ Mas pra fazer um samba com beleza/ É preciso um bocado de tristeza/ É preciso um bocado de tristeza/ Senao, nao se faz um samba nao".



Joao GIlberto y su hija Bebel, interpretando: "Chega de saudade"

Claro que no faltaron críticas conservadoras, que tildaron al trío Jobim/Vinicius/Gilberto de "extranjerizantes". Por otro lado, en las filas de la poesía culta, se reprochó a Vinicius (Joao Cabral, viejo amigo de Vinicius, fue uno de esos críticos), de desperdiciar su talento en canciones, y pasó a llamársele "Poetinha". Susana Moraes, hija del poeta, ha contado que esta última crítica siempre le dolió, pero no por eso abandonó el intento: había encontrado un camino que parecía ser el suyo. Tantos años después de su muerte, Antonio Cândido, uno de los mayores críticos literarios de Brasil, afirma en el film de Miguel Faría Jr y Susana Moraes (Vinicius, 2005) que "Vinicius se aproximó como ningún otro a lo que querían los modernistas, a la vida cotidiana, a la destrucción del tema poético `noble`. Nadie llegó más lejos que él a lo natural y solo puede ser considerado un gran poeta".

La bossa nova tuvo rápidamente difusión internacional. El éxito del film de Marcel Camus, Orfeo negro ayudó a ese conocimiento externo: aunque Vinicius salió furioso de la sala de estreno por considerarlo falso y pintoresquista, obtuvo el Premio del Festival de Cannes y el Oscar a mejor película extranjera. A su manera, la bossa cumplía con los postulados del Manifiesto Antropofágico paulista de 1922, aquel en el que Oswald de Andrade hablaba de un arte "pau Brasil", hecho con la asimilación de elementos venidos de todas partes pero pasadas por una sensibilidad brasileña y convertido luego en producto de exportación. En Estados Unidos la bossa tuvo un éxito enorme y fue adoptada por músicos de jazz, como Stan Getz (el disco Getz/Gilberto, en el que colaboraron Gilberto y Jobim, fue un acontecimiento). También en Europa, "Garota de Ipanema", la canción más emblemática de Vinicius y Jobim, vendió millones de copias. A esa difusión mundial colaboró también Un hombre y una mujer, el film de Claude Lelouch que hizo famosa una versión del "Samba da bencao" de Baden Powell y de Moraes.

En Uruguay, la bossa tuvo una recepción entusiasta, y forma parte de esa mistura original que conformó la obra de un músico clave: Eduardo Mateo. Aquí se había conocido temprano: en 1958 Vinicius llegó como cónsul a Montevideo y ese período, en el que hizo amigos músicos y escritores, fue fundamental para dar a conocer la bossa nova en el Río de la Plata.

La bohemia itinerante. En los primeros años sesenta Vinicius agregó a su actividad de compositor la de intérprete, siempre en "parceria", en shows con Jobim y Joao Gilberto, Dorival Caymmi o Chico Buarque y más tarde con Toquinho y la participación de intérpretes femeninas como Bethânia, Miúcha, Maria Creuza, o Marília Medalha. Parecía haberse descubierto a sí mismo y entrado en una espiral creativa imparable: además de la colaboración con Jobim, también incursiona en la música como compositor, y escribe letras para Carlos Lyra, Pixinguinha, Francis Hime y Edu Lobo. En 1962 empieza su colaboración con Baden Powell en otro emprendimiento renovador: la notable serie de lo que se llamó afro-sambas, con hitos como "Berimbau", "Canto de Osanha" y "Samba da bêncao". Es en ese momento que se definió a sí mismo como "el blanco más negro del Brasil".




Vinicius en lo suyo, cantando "Canto de Osanha" (Vinicius, Jobim, Toquinho & Miúcha - Milão, 1978)


Para la burocracia del Ministerio de Relaciones Exteriores aquello era difícil de tragar. La manera de Vinicius en el escenario, tan íntima y distendida, tan poco formal, tan conversada, siempre con su vaso de whisky en la mano, le quita el sueño a Itamaraty. La popularidad actúa como un freno para las ganas de sacárselo de encima, pero al menos consiguen obligarlo a cantar de traje y corbata en sus shows. Una victoria bien flaca, porque Vinicius no deja pasar la oportunidad de ironizar sobre las formalidades de la condición de diplomático.

Brasil vivía todavía el optimismo de la era Kubitschek, el país se modernizaba rápidamente y las grandes ciudades crecían a velocidad inusitada. Vinicius tiene su casa de Petrópolis siempre abierta y allí a toda hora llegan los amigos, se componen canciones, corre el whisky "el mejor amigo del hombre, el perro embotellado", según su provocativa definición. No le importaba el dinero, que entraba y salía de su bolsillo como por arte de magia. Iba ya por su tercera esposa. Se había casado por primera vez en 1939 con Beatriz Azevedo, "Tati", una muchacha de buena familia que llegó a ser una respetada crítica de cine, y según dicen, la persona más influyente en la transformación del primer Vinicius. El matrimonio con Tati, del que nacieron sus dos hijos mayores, Susana y Pedro, duró once años. Después, ya convertido a la bohemia bossanovista, vendrían ocho matrimonios más: Regina Pederneiras, Lila Bôscoli (madre de Luciana y Georgiana), Lucinha Proenca, Nelita Abreu, Cristina Gurjao (madre de Maria), Gesse Gessy, Marta Rodríguez Santamaría, Gilda Matoso, mujeres cada vez más jóvenes, a medida que él envejecía. De todas se enamoraba perdidamente y les escribía canciones apasionadas. Cuando el fuego se apagaba, hacía la maleta y a otra cosa. En el Brasil pasaron al lenguaje cotidiano dos versos suyos que condensan su definición del amor y una pretendida justificación: "Que no sea inmortal puesto que es llama/ pero que sea infinito mientras dure". ("Soneto da fidelidade")

Vinicius, dice la actriz Tônia Carrero en el film de Miguel Faria Jr. era capaz de cualquier cosa para conquistar a una mujer. Necesitaba la pasión como combustible para su creación, así como necesitaba el alcohol y los amigos para esquivar su tendencia a la depresión. En el libro de Geraldo Carneiro (Vinicius de Moraes, 1997) se recuerdan los versos que el periodista José Carlos Oliveira hizo para ser cantados con una melodía tradicional (la de "Nessa rua nessa rua tem um bosque"), y que los amigos del poeta entonaban a su llegada: "Si tuviese si tuviese muchos vicios/ mi nombre sería el de Vinicius/ Si esos vicios fueran muy muy inmorales/ Yo sería Vinicius de Moraes".

Por el mundo. El acta institucional número 5 de 1968 cayó como un vendaval en el ambiente cultural brasilero. Además de las prohibiciones y la instalación de la censura, Caetano Veloso y Gilberto Gil estuvieron presos y debieron marchar al exilio londinense; Chico Buarque, después de pasar unas horas detenido, se exilió en Roma, donde había vivido parte de su infancia. Vinicius, ya desligado de las obligaciones diplomáticas, podrá dedicarse sólo a la poesía y a la música, pero dentro de Brasil tendrá que enfrentar más de una vez la censura. Para respirar, sale cada vez con más frecuencia al exterior. En 1970 inicia una nueva etapa de su carrera: la "parceria" con Antonio Pecci Filho (Toquinho), un joven guitarrista de San Pablo de 24 años, con quien compondrá una serie de canciones fundamentales ("Sei lá", "Para viver um grande amor", "Carta ao Tom" entre muchas otras) y hará más de mil shows en los años siguientes. Recién casado (por séptima vez) con la actriz bahiana Gesse Gessy, instala su residencia en Bahía y se vincula al ambiente del candomblé. Es su etapa más "hippy": bajo la influencia de Gesse, se deja el pelo largo, se viste con ropa colorida y usa collares africanos de significado vagamente religioso. Con ese nuevo look se presentará en algunos escenarios internacionales. El enorme éxito en el Río de la Plata, en Italia y en París, donde graban discos y hacen varios shows con Maria Creuza, Bethânia, Marília Medalha, Miúcha y Chico Buarque, lo consuelan del progresivo enfriamiento de su prestigio dentro del país. Por un lado, los años duros de la dictadura militar inundarán el Brasil de música comercial importada; por otro, la aparición del Tropicalismo hace sentir que la bossa nova está pasando de moda y hasta cierta crítica la califica de "easy music". Solo en los ambientes universitarios todavía hay interés en la producción de Vinicius y Jobim, y es allí donde el poeta y Toquinho harán sus presentaciones más frecuentes cuando están en el país. Afuera en cambio, recibe ofertas de trabajo todos los días. Se siente cómodo en Buenos Aires y compra una casa en Punta del Este a la que llama Orfeo Negro, donde pasa temporadas con su nueva mujer, la jovencísima argentina Marta Rodríguez Santamaría. En cierta ocasión Tom Jobim le preguntó: "Al final, ¿Poetinha, cuántas veces te vas a casar?", a lo que respondió sin perder el sentido del humor: "Cuantas veces fueran necesarias". Pero su físico empieza a manifestar los efectos de los años de alcohol y vida bohemia. En 1977, ya terminada la relación con Marta, se casa con Gilda Matoso, a quien empieza a presentar como su "viuda". Aparece en público cada vez menos: en 1979 participa de una lectura de poemas en el Sindicato de los Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo invitado por el líder sindical Luis Inácio Lula da Silva. Poco después, en un viaje de avión, sufre un derrame cerebral. Muere el 9 de julio de 1980 de un edema pulmonar, en su casa de la Gávea en Río de Janeiro en compañía de Gilda y de Toquinho. Tenía 66 años pero parecía mucho mayor. Chico Buarque ha dicho que Vinicius hizo más por el conocimiento de la cultura del Brasil en el mundo que todos los embajadores juntos. El poeta Carlos Drummond de Andrade escribió, después de su muerte: "Vinicius es el único poeta brasilero que osó vivir bajo el signo de la pasión. Quiero decir, de la poesía en estado natural. Fue el único de nosotros que tuvo una vida de poeta".

(*)NUESTRO VINICIUS. Vinicius de Moraes en el Río de la Plata, de Liana Wenner. Sudamericana, 2010. Buenos Aires, 253 págs. Distribuye Random House Mondadori.

Publicado en el diario El País, de Montevideo, el 10/11/2010, con el título “Vinicius de Moraes, embajador de Brasil”

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