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lunes, julio 25, 2011

Indignados españoles: “No es la crisis, es el sistema”_ Reuters / Página 12



Algunos jóvenes manifestaron su indignación quitandose la ropa
en la ya legendaria Puerta del Sol, en Madrid

Indignarse es una reacción moral; es lo opuesto a la indiferencia y la pusilanimidad. Cuando el cause institucional de los países ya no deja fluir los intereses de las grandes mayorías, los pueblos desbordan la formalidad y levantan su voz.

Nunca, mejor que ahora, que los jóvenes españoles se vuelven a revelar contra los recortes fiscales que favorecen al capital financiero y les niegan trabajo y oportunidades, aquello de que la voz del pueblo, es la voz de Dios, se reafirma como una irrebatible verdad. (Jesús Hubert)



Unos miles de personas marcharon bajo el lema “No es la crisis, es el sistema”, y expresaron un fuerte rechazo hacia los banqueros, los políticos y el sistema financiero. España atraviesa una severa crisis económica.

Bajo un sol radiante, miles de españoles indignados llegaron ayer desde distintos puntos del país y tomaron las calles de Madrid para exigir un profundo cambio del sistema político. “Esta crisis no la pagamos”, gritaban los manifestantes que partieron al atardecer de la estación de Atocha, atravesando las céntricas avenidas madrileñas rumbo a la Puerta del Sol, la emblemática plaza donde el movimiento de indignados nació hace dos meses. Una vez en la plaza, los manifestantes organizaron un debate sobre sus objetivos a corto plazo, como el futuro calendario de acciones. Las columnas marcharon bajo el lema “No es la crisis, es el sistema” y expresaron un fuerte rechazo hacia los banqueros, los políticos y el sistema financiero, considerados culpables de la actual crisis económica y social que atraviesa España, con casi cinco millones de españoles desocupados. El encuentro fue pensado para reunir, en una misma manifestación, a miembros de las diferentes asambleas españolas. Muchos de ellos llegaron desde el interior del país, luego de recorrer varios kilómetros a pie, en columnas que partieron desde Valencia, Cataluña, el País Vasco, Galicia, Andalucía y Extremadura. “¡Que no, que no, que no nos representan!” y “El pueblo, unido, jamás será vencido” fueron las consignas más escuchadas durante la tarde. Los indignados también corearon “lo llaman democracia y no lo es” y “la lucha sigue, cueste lo que cueste”. Con diferentes consignas, la manifestación –colmada de jóvenes– marchó en un ambiente festivo con pancartas que mostraban mensajes originales y poéticos: “El capitalismo es el genocida más respetado del mundo”, “El futuro nació el 15 de mayo”, “Dormíamos, despertamos”, “Parados, moveos: juntos podemos”.

Unos 500 caminantes, desparramados en seis columnas y procedentes de distintos puntos de España, llegaron a pie hasta la capital. Durante el mes en el que peregrinaron con su bronca a cuesta, hicieron escuchar su mensaje en asambleas populares organizadas hasta en los pueblos más pequeños. “Al principio no sabíamos lo que iba a pasar. En el segundo pueblo vimos que era genial. Llegó el cura con una bandeja enorme llena de comida”, contó José, un joven de 19 años que partió el 20 de junio de Valencia. “Utilizamos su coche de servicio para llevar cosas. La gente quería sentirse parte del movimiento. Daban todo lo que tenían como aportación”, agregó el estudiante de cine. “En otro pueblo, cuatro abuelas hicieron un gazpacho y comimos con la alcaldesa”, recordó Raquel, una manifestante de 29 años que quedó desempleada una semana antes de salir con la caravana de indignados.

“Fue algo muy emotivo, nos acogían con bandas de música”, dijo Miguel Angel Ruiz Gallego, un andaluz que partió de Málaga el 25 de junio transportando en su pequeña carreta agua, bebidas, medicamentos. “A veces dormíamos en las tiendas, en parques o en plazas, a veces en polideportivos, por la ley de trashumancia los ayuntamientos tienen obligación de abrirlos”, señaló el manifestante. Tras 600 kilómetros de recorrido, el obrero de 33 años explicó que caminaron en etapas de 12 a 42 kilómetros. “Fue algo muy duro por el calor, un día hizo 42 grados en la carretera a las dos de la tarde. Yo no pensaba que iba a llegar, y llegué”, comenta.

La manifestación de ayer fue una nueva apuesta del Movimiento de Indignados, que emergió el 15 de mayo (15-M) como protesta espontánea de los españoles para exigir cambios políticos y sociales en el contexto de las elecciones municipales y autonómicas que se celebraron el 22 de mayo. Con un desempleo record que alcanza al 21,29 por ciento –en los jóvenes ese índice trepa al 45,4 por ciento–, Madrid concentra buena parte de las demandas de los españoles.

La última gran jornada de protesta tuvo lugar el 19 de junio, con más de 200 mil personas reunidas en diferentes ciudades de España. Después de aquella jornada, convocada por la plataforma Democracia Real Ya, miles de personas acamparon en las principales plazas del país, donde, durante más de un mes, funcionaron asambleas populares en las que los ciudadanos autoconvocados analizaban la crisis y los cambios que quieren llevar a cabo para transformar el sistema político y económico. “Las asambleas de barrio quedaron muy activas”, explicó Lola Marina, una vecina de Batan, un barrio del oeste de Madrid. “Nos reunimos todos los sábados, hablamos de acciones, de intercambiar libros para que los niños los tengan gratuitos”, añadió la comerciante de 55 años que se encuentra desempleada desde hace varios meses y que apoya al movimiento de protesta como ama de casa. “Estaba cansado de ver a la gente quejándose de no poder llegar a fin de mes”, afirmó Rubén Rodenas Moran, desempleado de 26 años. “Fui a las asambleas, me enamoré del movimiento y decidí tomar la calle, apagar la tele y manifestarme”, concluyó

Tomado del diario PAGINA 12, de Argentina, del 25/07/2011

Calle 13: Famosos, pero fieles a sus raices




En lo que verán, más allá del ritmo contagiante, hay varias cosas. Una, es la agresividad propia de quien se siente postergado, es una reacción de los pobres frente a la inequidad y la marginación.

Lo otro, es Calle 13, un par de muchachos portorriqueños, a quienes la fama no ha llevado a olvidarse de su origen, si no mas bien a afirmarlo. Cosa rara, en este mundo en que todos quieren estar arriba, para pisar a los quedan abajo. Por eso, vale la pena escucharlos. (Jesús Hubert)


El baile de los pobres_ Calle 13





La economia mundial pende de un hilo...de decisiones_ Escribe: Paul Krugman (*)




Nos han metido a presión, la idea de que la economía es un universo autónomo, con sus propias leyes “naturales”, que siguen un curso imposible de ser alterado; casi como las fuerzas de la naturaleza. Pero, como en la salsa de Rubén Blades, “cada dia, alguien pierde, alguien gana, Ave María”. En realidad, depende de quién toma qué decisiones.

El Nóbel de economía 2008, Paul Krugman, nos explica y advierte acerca de la delicada situación en que se encuentra la economía mundial, por la situación europea y norteamericana. Y nos recuerda que una situación similar en el siglo pasado, solo se “superó” con la II Guerra Mundial… ¡Cuidado con las decisiones!(Jesús Hubert)


Esta es una época interesante, y lo digo en el peor sentido de la palabra. Ahora mismo, estamos viendo no una sino dos crisis inminentes, cada una de las cuales podría provocar un desastre mundial. En Estados Unidos, los fanáticos de derechas del Congreso pueden bloquear un necesario aumento del tope de la deuda, lo que posiblemente haría estragos en los mercados financieros mundiales. Mientras tanto, si el plan que acaban de pactar los jefes de Estado europeos no logra calmar los mercados, podríamos ver un efecto dominó por todo el sur de Europa, lo cual también haría estragos en los mercados financieros mundiales.

Solamente podemos esperar que los políticos congregados en Washington y Bruselas consigan esquivar estas amenazas. Pero hay una pega: aun cuando nos las arreglemos para evitar una catástrofe inmediata, los acuerdos que se están alcanzando a ambos lados del Atlántico van a empeorar la crisis económica casi con toda seguridad.

De hecho, los responsables políticos parecen decididos a perpetuar lo que he dado en llamar la Depresión Menor, el prolongado periodo de paro elevado que empezó con la Gran Recesión de 2007-2009 y que continúa hasta el día de hoy, más de dos años después de que la recesión supuestamente terminase.

Hablemos un momento sobre por qué nuestras economías están (todavía) tan deprimidas. La gran burbuja inmobiliaria de la década pasada, que fue un fenómeno tanto estadounidense como europeo, estuvo acompañada por un enorme aumento de la deuda familiar. Cuando la burbuja estalló, la construcción de viviendas cayó en picado, al igual que el gasto de los consumidores a medida que las familias cargadas de deudas hacían recortes.

Aun así, todo podría haber ido bien si otros importantes actores económicos hubiesen incrementado su gasto y llenado el hueco dejado por el desplome de la vivienda y el retroceso del consumo. Pero ninguno lo hizo. En concreto, las empresas que disponen de capital no ven motivos para invertir ese capital en un momento en el que la demanda de los consumidores es débil.

Los Gobiernos tampoco hicieron demasiado por ayudar. Algunos de ellos -los de los países más débiles de Europa y los Gobiernos estatales y locales de EE UU- se vieron de hecho obligados a recortar drásticamente el gasto ante la caída de los ingresos. Y los comedidos esfuerzos de los Gobiernos más fuertes -incluido, sí, el plan de estímulo de Obama- apenas bastaron, en el mejor de los casos, para compensar esta austeridad forzosa.

Así que tenemos unas economías deprimidas. ¿Qué proponen hacer al respecto los responsables políticos? Menos que nada. La desaparición del paro de la retórica política de la élite y su sustitución por el pánico al déficit han sido verdaderamente llamativas. No es una respuesta a la opinión pública. En un sondeo reciente de CBS News/The New York Times, el 53% de los ciudadanos mencionaba la economía y el empleo como los problemas más importantes a los que nos enfrentamos, mientras que solo el 7% mencionaba el déficit. Tampoco es una respuesta a la presión del mercado. Los tipos de interés de la deuda de EE UU siguen cerca de sus mínimos históricos.

Pero las conversaciones en Washington y Bruselas solo tratan sobre recortes del gasto (y puede que subidas de impuestos, es decir, revisiones). Esto es claramente cierto en el caso de las diversas propuestas que se están tanteando para resolver la crisis del tope de la deuda en Estados Unidos. Pero es igual de cierto en Europa.

El jueves, los "jefes de Estado y de Gobierno de la zona euro y las instituciones de la UE" -este trabalenguas da idea, por sí solo, de lo confuso que se ha vuelto el sistema de gobierno europeo- publicaban su gran declaración. No era tranquilizadora.

Para empezar, resulta difícil creer que la compleja y estrambótica ingeniería financiera que la declaración propone pueda resolver realmente la crisis griega, por no hablar de la crisis europea en general.

Pero, aunque así fuera, ¿qué pasará después? La declaración pide unas drásticas reducciones del déficit "en todos los países salvo en aquellos con un programa" que debe entrar en vigor "antes de 2013 como muy tarde". Dado que esos países "con un programa" se ven obligados a observar una estricta austeridad fiscal, esto equivale a un plan para que toda Europa reduzca drásticamente el gasto al mismo tiempo. Y no hay nada en los datos europeos que indique que el sector privado vaya a estar dispuesto a cargar con el muerto en menos de dos años.

Para aquellos que conocen la historia de la década de 1930, esto resulta demasiado familiar. Si alguna de las actuales negociaciones sobre la deuda fracasa, podríamos estar a punto de revivir 1931, el hundimiento bancario mundial que hizo grande la Gran Depresión. Pero si las negociaciones tienen éxito, estaremos listos para repetir el gran error de 1937: la vuelta prematura a la contracción fiscal que dio al traste con la recuperación económica y garantizó que la depresión se prolongase hasta que la II Guerra Mundial finalmente proporcionó el impulso que la economía necesitaba.

¿He mencionado que el Banco Central Europeo -aunque, afortunadamente, no la Reserva Federal- parece decidido a empeorar aún más las cosas subiendo los tipos de interés?

Hay una antigua cita, atribuida a distintas personas, que siempre me viene a la mente cuando observo la política pública: "No sabes, hijo mío, con qué poca sabiduría se gobierna el mundo". Ahora esa falta de sabiduría se pone plenamente de manifiesto, cuando las élites políticas de ambos lados del Atlántico malogran la respuesta al trauma económico haciendo caso omiso de las lecciones de la historia. Y la Depresión Menor continúa.

(*) Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008.

Tomado de SINPERMISO, edición del 24/07/2011 (*)