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sábado, agosto 13, 2016

Bandas criminales & Estado: La asociación del apocalipsis_ Escribe: Oscar Balderas / Medios CC/CL / INICIATIVA DEBATE





Pocas veces, como al compartir esta historia, he sentido con tanta intensidad y estremecimiento, que hay situaciones de la vida real que superan ampliamente, en este caso, en su horror infinito, a la fantasia, literaria o cinematográfica.

Lamentablemente no se trata de una pesadilla imaginada. Es el trasfondo escalofriante de la descomposición de nuestras sociedades latinoamericanas y lamentablemente, en la que llevan la trágica vanguardia, los paises centroamericanos. 

Ya no se trata únicamente de los abismos sociales y económicos que claman un cambio urgente y definitivo, no. Es la degradación de la vida civilizada y la disolución de los causes institucionales mínimos que garantizan la convivencia humana. La delincuencia organizada, al rededor del negocio de la droga, ha desbordado todas las formas conocidas de violencia y de salvajismo. No sabemos si peores o iguales que las hordas mercenarias del pseudo fundamentalismo religioso del llamado Estado Islámico en otras latitudes, pero lo cierto es que ambos caballos del apocalipsis avanzan sin dique alguno, arrasandolo todo.

La sociedad humana está siendo triturada desde la cúspide de la escala social, por el poder económico y político y desde la base misma del cuerpo social, a través del crimen institucionalizado.

Las bandas criminales se entremezclan, se asocian y se confunden con los funcionarios corruptos de los estados. Ya no hay autoridad confiable. Es más, las mismas bandas usan la institucionalidad de los gobiernos, nacionales y locales, para liquidar a sus competidores en el negocio mafioso y criminal.

¿Que hacer? Si los estamentos sanos de nuestras sociedades no reaccionamos, estamos asistiendo, sin duda alguna, al final de la civilización humana.

¿Y tiene que ver esto con el sistema económico y social que nos rige? Por cierto que si. Vivimos inmersos en un universo basado en el valor supremo del dinero como fin último para todo ser humano. Por el dinero se engaña, se traiciona, se roba y se mata. Alli está la raiz, a la vez estructural y axiológica, del drama que vivimos. 

No dejen de leer el siguiente informe. Después de hacerlo, ya no serán los mismos. (Jesús Hubert)

Sobrevivir a lo imposible: mis 7 años como esclava sexual de Los Zetas y Cártel del Golfo

Por Medios CC/CL 12/08/2016


Daniela fue raptada en Nicaragua por narcos mexicanos para prostituirla en Tamaulipas. Después de un largo secuestro, huyó y narra a VICE News cómo es el negocio del sexo manejado por los cárteles: chips bajo la piel y clientes que pagan por torturar 



Oscar Balderas | news.vice.com | 10/08/2016


Una mujer aterrada viaja en una camioneta que recorre Tamaulipas, México. No sabe a dónde va y para qué. Sólo sabe que si se quita la venda de los ojos, la ejecutarán. Que esos hombres armados que la custodian son tan sádicos que parecieran paridos en el infierno. Y que ese podría ser su último día con vida.

Esa mujer desciende con miedo de la camioneta. Las piernas le tiritan mientras entra a una quinta grande, polvosa, aislada bajo el calor desértico de la frontera entre México y Estados Unidos. Le ordenan quitarse la venda y avanza detrás de los hombres armados. Atraviesa una habitación, otra, un pasadizo, un túnel. La mansión se va oscureciendo mientras desciende unas escaleras y sus ojos se fijan en una luz tenue y roja que cubre todo lo que hay en un sótano casi sin muebles: cuerpos desnudos y encadenados a las columnas que van de techo a piso.

Ahí hay jóvenes que agonizan. Desvanecidas, sostenidas sólo por cadenas. Que balbucean a través de hilos densos de saliva y sangre. Que parecen estar en sus últimas horas de vida. Y alrededor de ellas merodean hombres que sonríen y las violan, ríen y las golpean, se tocan los genitales y las hieren con cuchillos.

Esa mujer asustada cierra los ojos. Cree que hay cuatro, cinco, seis mujeres. Sus custodios la obligan a mirar y, para evitar llorar, pone la mente en blanco y enfoca un altar y unas velas. La sangre que se esparce en el piso desprende un intenso olor a hierro, como de ferretería vieja, como sabor a moneda bajo la lengua.

Se pregunta en silencio ¿de dónde sacaron a esas mujeres?, ¿en dónde quedarán sus cuerpos? Y cuando pregunta en voz alta por qué le hacen eso a las jóvenes, un hombre armado, con gesto “aburrido” responde con naturalidad “porque esos clientes son buenos y pagaron mucho dinero”.
Entonces esa mujer aterrorizada cae en la cuenta: está ahí para saber que ese es el destino “normal” para una esclava sexual que, como ella, está secuestrada por un cártel. Así es la vida en cautiverio cuando el cerrojo lo tiene el Cártel del Golfo.

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