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lunes, diciembre 24, 2007

Cuando faltan tres horas para la Navidad...Escribe: Jesùs Hubert

Faltan escasamente tres horas para que sean las 12 de la noche y suenen las campanas de Navidad...y, como nunca, aun no he preparado mensaje alguno para saludar a mis clientes y tampoco a mis amigos. Y recién, leyendo la columna de Guillermo Giacosa que les reproduzco a continuación, me he animado a escribir algo.

La verdad es que con el paso de los años va cambiando el sentido personal de esta fecha, se va esfumando el contagio emocional y queda la verdad "sin cáscara" de esta conmemoración.

Así como en las recientes Semanas Santas, también en esta Navidad los hechos, las fechas y los detalles históricos ya no son tan fiables como cuando éramos niños. Ya no es seguro que Jesús nació un 25 de Diciembre, se habla por ejemplo de Agosto o de Marzo, hay versiones y argumentos en un sentido u otro.

Pero... ¿es esto importante? Es posible que si, para quienes se alimentan del rito y del dogma, para quienes Jesús es el hijo único de Dios, extraordinario y adorable, en un altar, para quienes aplauden a Jesús como los hinchas a su equipo favorito.

Sin embargo, lo que si sigue siendo sólido e incontrovertible, es el sentido del nacimiento de Jesús y su mensaje, vivido. Es cierto, antes también se amaba, pero solo en el sentido de interés personal y dentro de los límites de la pareja o de la relación familiar. Con Jesús de Nazareth se proclama el sentido del amor como medio de relación por excelencia entre los hombres, en tanto hijos del mismo Padre, sin distingo de pueblos, de castas o de razas.

Ese es el sentido de la Navidad: el nacimiento de un espíritu, nuevo aun hoy, en que nos siguen desgarrando las guerras y los abismos entre los hermanos de la gran familia humana. La necesidad, no solo de conmemorar ese nacimiento como un hecho congelado en el tiempo, sino que ese mismo espíritu nazca y se extienda de verdad para curar las entrañas de este planeta y su sociedad, ese es un imperativo histórico que no requiere de fechas o pruebas precisas, sino únicamente de sinceridad y de atención para escuchar la voz de nuestros propios corazones y ...¡ojo!...porque desde allí nos sigue hablando aun el mismo Jesús que hoy recordamos. ¡Feliz Navidad!

Modesto aporte navideño...Escribe: Guillermo Giacosa


No caeré en los lugares comunes relativos a la Navidad, no por ser original, nunca me importó serlo sino, simplemente, porque se trata de palabras, en el 90% de los casos, absolutamente vacías, y pocas veces expresan las emociones reales que experimentan quienes las pronuncian. Nada pues, entonces, de Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

Tampoco criticaré, como otros años, la jungla eléctrica que se dispone para estas fiestas y que gasta energía que otros no tienen. Menos aún las tradicionales comilonas o comiditas, según la situación económica, que reunirá a la mayoría de la población en torno a la mesa familiar. Es un derecho adquirido en torno a una tradición a la que todo pueblo, en general, o ser humano, en particular, tiene total derecho. Menos diré que, a veces, esa mesa familiar es un barril de dinamita al que le han mojado, por ese único día, la mecha que les amenaza. Seré justo, son dos días al año en que se moja la mecha, Navidad y el Día de la Madre.

He llegado a la conclusión de que 1,600 años de buenos propósitos (creo que la Navidad se celebra desde hace ese tiempo) no han logrado gran cosa. Feliz Navidad y guerra, Feliz Navidad y miseria, Feliz Navidad e injusticia, Feliz Navidad y maltrato al más débil, etc., etc. Es decir, que ni el Feliz Navidad, ni la sonrisa que debe acompañarla (como en los filmes gringos donde después de pronunciar su 'Merry Christmas', el tipo se va con una cara de quien acaba de ver un ángel o de completar su buena obra del año) han solucionado hasta ahora, que el mundo sepa, ningún problema. Salvo el hambre endémico de algunas poblaciones pobres -pues, ese día, quienes comen más de lo que pueden digerir- les suelen alcanzar una taza de chocolate que les sirve como alimento ocasional y obra como lejía del alma para quien la entrega.

La solidaridad de un día al año, no es solidaridad. Es circo. Dirán que es mejor que nada. No, es peor que nada, pues, como las teletones, tranquiliza a quienes debieran estar intranquilos por la injusticia de tener tanto ante quienes tienen tan poco. Los justifica ante ellos mismos y eso es injustificable. Si son miserables con su dinero, tengan el coraje de serlo durante todo el año. Dios, si existe, se verá obligado, al menos, a reconocerles su coherencia. En esta Navidad, y en los otros 364 días del año, debemos luchar por que la humanidad reconozca cuatro realidades fundamentales que la religión no enseña específicamente:

1) Tenemos un solo planeta y no tiene repuesto. Debemos cuidarlo como a nosotros mismos, pues él aloja la simiente de la vida.

2) No existen las razas: somos una sola especie, la especie humana, absolutamente iguales en el punto de partida y con diferencias de color, sexo, creencias que, de ningún modo, hacen a un ser humano más valioso que otro.

3) 6,300 millones de congéneres conviven con nosotros, más de la mitad lo hace en la miseria.

4) Poseemos 100,000 millones de neuronas. El potencial de nuestro cerebro es asombroso. Usarlo para vencer prejuicios y hacer justicia es nuestra obligación.

Tomado del Diario "Perù 21" del 23/12/07