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martes, junio 01, 2010

Lori Berenson: Una norteamericana en el “circo” peruano _ Escriben: Santiago Pedraglio y Ricardo Vásquez Kunze / Perú 21


Caricaturista: Alfredo Marcos
Diario "OJO" - 01/06/2010 - Lima/Perú


¡Iugulla! (¡Degüéllalo!)era el grito de la plebe romana en el coliseo para que el gladiador en la arena termine con su adversario.

Y ese debió ser el titular sincero de gran parte de los medios peruanos que, como en la vieja Roma, alientan a la masa a cebarse en la norteamericana Lori Berenson, acusada de terrorismo, por haber obtenido su libertad después de haber cumplido la mayor parte de su condena.

La misma actitud de la soldadesca norteamericana de ocupación con los prisioneros de Abu-Ghraib, en Irak, que se tomaba fotos sonriente mientras escarnecía a sus cautivos.

Desde ópticas distintas, pero con una profunda actitud de respeto por el ser humano, dos comentaristas del Diario Perú 21 levantan su palabra como un dique para el odio que impide cerrar heridas y reconocernos como hermanos. (Jesús Hubert)

La ley es también para los adversarios
Autor: Santiago Pedraglio

¿Es posible entender por qué algunos vecinos de Miraflores se ponen sensibles e irritables frente al hecho de que habite en su distrito Lori Berenson? ¿Reaccionarían de la misma manera si supieran que se mudó cerca de su casa algún miembro del grupo Colina? (dicho sea esto subrayando una diferencia crucial: que estos últimos ejecutaron a decenas de personas y Lori Berenson, como es sabido, no estuvo comprometida en hechos de sangre, sino que participó en una conspiración para cometer un delito).

Las reacciones de los días recientes dejan ver que, en estos terrenos, la sensibilidad y la desconfianza se mantienen vivas. Sin duda, las particularidades del caso –el que Berenson sea norteamericana, por ejemplo– y el peso de los medios de comunicación en Lima –que en su mayoría alentaron el acoso– han hecho que esos sentimientos se exacerben, al punto que hubo quienes gritaron hostilidades a los padres y al hijo de la excarcelada, un pequeño de dos años.


Sin embargo, no podemos olvidar que, contradictoriamente, la situación es distinta donde el conflicto fue más agudo. En las zonas rurales, donde largamente se sufrió la mayor cantidad de muertes y destrucción, van superándose las barreras, aunque no sin dificultades. En Lucanamarca, por ejemplo, se ha construido un monumento que tiene inscritos, en un lado, los nombres de las 69 personas asesinadas por Sendero y, en otro, los nombres de la familia senderista asesinada como represalia por la matanza. En Putis, uno y otro saben de qué lado estuvo cada quien, pero se soportan. Hoy por hoy, la palabra clave para entender estos nuevos vínculos, más que reconciliación, quizá sea tolerancia. Una tolerancia que lleva en sí la esperanza de alcanzar la reconciliación.

En países como Alemania, después de la experiencia fascista, tomó años, pero la comunidad nacional se reconstituyó. Y una persona como José Mujica, dirigente de los guerrilleros tupamaros que purgó muchos años de prisión, es ahora presidente de uno de los países más institucionales y de más larga trayectoria democrática de América Latina: Uruguay. Todo esto empezó por la tolerancia y la preeminencia del raciocinio.

Es comprensible que la gente se mantenga alerta, pero queda claro que, desde el punto de vista legal, Lori Berenson fue sentenciada, cumplió tres cuartos de su condena al permanecer quince años en la cárcel y, en consecuencia, tras las evaluaciones del caso, la justicia le otorgó la libertad condicional de acuerdo con la ley. Lo mismo sucederá mañana más tarde –cuando cumplan con su condena o cuando el juez considere que les corresponde su libertad condicional– con los militares sentenciados por violar los derechos humanos; como también con Maritza Garrido Lecca, otra mujer permanentemente singularizada por los medios.

Hay algo que aún cuesta entender y aceptar: que la ley es igual para todos, para los amigos, para los que nos resultan indiferentes y para los enemigos. Aunque es difícil de asimilar, es un primer paso para alcanzar la tolerancia.

Sáb. 29 may '10

Jauría
Autor: Ricardo Vásquez Kunze

No hay algo más repugnante al espíritu humano que las jaurías. Y lo es porque la jauría es la esencia misma de la animalidad. Una grey de bestias, llevada por el instinto de la cacería, es empujada a perseguir, acosar, horrorizar y, finalmente, atrapar a su presa para destazarla y devorarla en un banquete sangriento. La jauría ofende a la justicia porque, precisamente, no hay justicia en la naturaleza. Todos contra uno nunca será justo para hombre alguno, salvo que el hombre haya abandonado el cuerpo y lo haya poseído el animal. Así actuaba el terrorismo con sus víctimas. Por eso es que el terror de toda laya es el antónimo por excelencia de la civilización.

Lori Berenson, la terrorista, ha sido puesta en libertad condicional luego de 15 años en la cárcel. Así lo han dispuesto la ley y la jueza que, para todos los efectos objetivos en el mundo civilizado, son la voz de la justicia. Quienes han sido sus celadores durante tres lustros han informado que Berenson se ha rehabilitado. Que ha cumplido con todas las normas y procedimientos que el Estado peruano requiere para medir este fin en sus códigos legales.

No soy quién, a diferencia de muchos, para refutar y ni siquiera opinar contra el informe de sus celadores. Y esto por un mínimo de sentido común. Yo he estado en mi casa durante estos últimos 15 años y no en la cárcel. Por lo tanto, no puedo oponerme ni opinar sobre lo que no conozco. Si sus propios celadores dicen que Berenson se ha rehabilitado, pues ellos mejor que nadie sabrán por qué lo dicen y asumirán su responsabilidad. Lo mismo con la jueza. Desde mi sala, nadie puede conocer lo que la jueza sabe por el expediente. Entonces, cómo pretendería yo insinuar que se ha equivocado. ¿Con qué derecho, con qué razón, con qué pruebas?

Pero si esto hiere ya el sentido común, la jauría –sí señores y amigos, porque eso es– ofende la humanidad. Una histeria colectiva se ha puesto a perseguir a Berenson tal cual el terrorismo perseguía y cazaba a sus víctimas. Piquetes vociferantes en la puerta del edificio donde con todo derecho ha fijado su residencia. Declaraciones asustadizas del alcalde diciendo que por su bien mejor se vaya para que no perturbe el orden público (¿quién, Berenson o los destemplados vociferantes?), fotos en portada de la administradora del predio que la acoge (¡cómo si fuera una delincuente!); en fin, un ensañamiento intolerable para una sociedad civilizada que le niega cualquier oportunidad de cambio a un ex delincuente en su primer día de libertad.

No me tembló la mano cuando hace tiempo escribí a favor de Moisés Wolfenson luego de que tras varios años detrás de las rejas se hacía obvio un ensañamiento para retenerlo allí. Hoy tampoco me tiembla para elevar mi voz contra el ensañamiento que vive Lori Berenson. Espero, sinceramente, que se haya rehabilitado. Pero más espero que la que se rehabilite sea nuestra sociedad. Una jauría nunca es ejemplo para nadie civilizado.

Lun. 31 may '10

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