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lunes, septiembre 20, 2010

Lo que no debe cambiar en Cuba _ Carta abierta al compañero Fidel Castro Ruz





Compañero Fidel:

Difícil momento para Cuba, más aun en el marco de la crisis mundial. Y ya se oye de cambios de fondo, se aflojan los barrotes para los disidentes pero también para la economía.

En el mundo han caído los “muros” de ayer, pero otros nuevos se han levantado. El capitalismo se recompone con una voracidad renovada por las materias primas, sin límites ni escrúpulos.

Y…¡oh ironía!...para alimentar las únicas usinas que siguen trabajando a todo vapor: las de la China (¿comunista?), especialmente, pero también las de la resucitada Rusia(post-URSS) y las de la India.

Pero hay que decirlo claramente, no para un desarrollo diferenciado y autónomo de nuevos países líderes de la economía mundial. No, porque en realidad se trata de una producción por encargo de las mismas empresas multinacionales de siempre, que han trasladado su producción a China y otros países que permiten zonas libres de obligaciones laborales y reducidos impuestos. Nuevas formas de explotación de mano de obra barata, casi esclava.

Hay que decirlo claramente. La República Popular China encarna el sueño capitalista de la dictadura absoluta sobre el proletariado…en su nombre. Síntoma y prueba de ello es el índice creciente de suicidios, que manifiesta la trágica situación de un pueblo sojuzgado e impotente para expresarse.

Es más, este crecimiento efectista no corresponde, en el caso particular de China, a un nuevo criterio de selección de qué producir, ante el deterioro creciente de las condiciones del planeta, dañado de muerte por el calentamiento global, producto de la explotación irracional de los recursos naturales, devorados insaciablemente por un monstruo consumista mundial, frívolo e irresponsable. Por el contrario, es de un seguidismo patético y suicida para la humanidad.

Compañero Fidel, no se trata pues de nuevas alternativas de desarrollo económico, ni menos de crecimiento social y humano. Las seductoras macro-cifras de crecimiento económico de estos nuevos paradigmas, son solo nuevos cantos de sirena para encubrir la misma opresión contra la que insurgió la Revolución Cubana, como una esperanza para los pobres del mundo.

Sabemos que el pueblo de Cuba está sufriendo hace años de restricciones y limitaciones a todo nivel. Y que el bloqueo económico y el verticalismo político se han confabulado para impedir mejores niveles de vida para los cubanos. Sin embargo, en esta encrucijada, hay que levantar la cabeza y mirar el horizonte recorrido.

Compañero Fidel, hay valores y conquistas para la humanidad de la Revolución Cubana que no tienen precio y deben no solo mantenerse, sino profundizarse y acrecentarse, porque representan la única luz tangible para un mundo que marcha al abismo, al impulso de un individualismo materialista, exacerbado por el consumo desmedido y la ambición hedonista.

Resuenan en mi memoria estas frases de despedida del Comandante Ernesto “Che” Guevara: “…no dejo nada material a mis hijos y no me apena, porque el Estado les dará lo que necesitan” y dirigiéndose a sus entonces pequeños hijos “Acuérdense que la Revolución es lo más importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”.

Este ideario sencillo, pero claro y directo del Che, describe muy bien lo que ha hecho Cuba con las generaciones de jóvenes que han recibido una educación inspirada en los principios de la solidaridad y la emulación revolucionaria.

Que en otro tiempo, significó el apoyo logístico y presencial de contingentes cubanos junto a los pueblos que luchaban por romper las cadenas coloniales, pero lo que nunca cesó ni cesará –esperamos, deseamos, reclamamos, exigimos- es la solidaridad médica y educativa que miles de voluntarios cubanos han llevado por todo el mundo, sin hacer distinciones ideológicas, ante la urgencia de atenciones de salud después de calamidades climáticas o sísmicas, o ante el reto de alfabetizar a los pueblos, como en Nicaragua, Bolivia o Venezuela, solo para citar unos casos.

Trabajar por servir a la sociedad, no por dinero o ambición personal. Trabajar solidariamente no solo para servir a nuestra sociedad, nacional, propia, sino a la sociedad humana, sin excepciones, es –inobjetablemente - un valor superior.

Un valor y un ejemplo elevado de humanidad que agradecemos, infinitamente, a la Revolución Cubana y al pueblo cubano, que ha pagado y sigue pagando un precio muy alto por esto. Vivir con un salario pequeñísimo y compartir un racionamiento espartano, de lo más elemental para la existencia.

Un precio muy alto por algo que no puede, no debe perderse ante la presión de un mundo enloquecido por el individualismo, negador de nuestra condición unitaria, como habitantes del planeta tierra: el trabajar por servicio y vocación, no solo por dinero y ambición personal.

Compañero Fidel, estas líneas tal vez torpes, de alguien a quien le duele Cuba en esta hora y aprecia en todo su valor lo que un pequeño pueblo, en número, pero grande de corazón y humanidad, nos ha dado y sigue dando, quiere ser una voz de aliento y de advertencia para que no se dejen arrastrar por falsas alternativas económicas que significarían traicionar la razón misma de la Revolución Cubana.

Un abrazo, desde el Perú

Jesús Hubert
20/09/2010