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lunes, setiembre 29, 2008

Al César lo que es de Dios_Escribe: Jorge Majfud(*) / Revista FUSIÒN


Desde que Pablo de Tarso predicó un cristianismo comprensivo con la esclavitud, a lo largo de los siglos se ha identificado el orden social y económico con el “orden divino”.

Es mas, ese criterio en estos tiempos se ha extendido al progreso. El progreso es sacrosanto y cualquiera que se oponga a él, es un nuevo hereje al que hay que sacar del camino y llevar a la hoguera.

Veamos, por ejemplo, como el discurso excomulgador del Presidente Alan García contra la vana pretensión de los nativos de la selva peruana de defender sus tierras del rapiñaje mercantil, tiene antecedentes “ilustres” en los conquistadores españoles y se emparenta cercanamente con la iluminada candidata republicana a la vicepresidencia de USA.

En lo que leerán, hay mucho material de reflexión y motivo real para las “santas iras” de tanto predicador a quien preocupa más las opciones sexuales de la gente. (Jesùs Hubert)


No hace muchos días la candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos por el partido Republicano, Sarah Palin, afirmó que la construcción de un oleoducto en Alaska representaba la voluntad de Dios para unir a las personas y a las compañías.

Luego pidió a la gente que orase por aquellos que estaban cumpliendo el deseo de Dios en Irak. “Esto es lo que debemos tener por seguro -dijo-, que nuestros líderes están enviando soldados a Irak para cumplir con un plan, que es el plan de Dios” (CNN, 9-9-2008).

A lo largo de la historia, Dios, los dioses o sus representantes han expresado la misma voluntad, desde el antiguo Egipto hasta las salvadoras revoluciones de Augusto Pinochet y Rafael Videla. Un best seller del siglo XVI, como las Cartas de Relación (1522) de Hernán Cortés, llena páginas de orgullosas descripciones sobre esta noble tarea.

Por la cultura jurídica propia de la España de la época, Hernán Cortés envió a los mexicanos una larga carta explicando quién era el rey, a quien todo le pertenecía, incluidas las tierras de quienes no entendían el idioma del enviado del cielo. De esa sabia manera, se justificó y legalizó el sometimiento de los rebeldes, ya que la insubordinación era el mayor delito por entonces: “les quemé más de diez pueblos -escribió Hernán Cortés-, en que hubo pueblo de ellos de más de treinta mil casas […] ” Jesús predicó el amor indiscriminado, pero sus seguidores más fieles mejoraron esta prescripción”. Y como traíamos la bandera de la cruz, y pugnábamos por nuestra fe y por servicio de vuestra sacra majestad en su muy real ventura, nos dio Dios tanta victoria que les matamos mucha gente, sin que los nuestros recibiesen daño”. Para que no quedasen dudas, “los mandé tomar a todos cincuenta y cortarles las manos, y los envié que dijesen a su señor que de noche y de día y cada cuanto él viniese, verían quiénes éramos”.

El paso implacable del hombre de armas y letras no se detiene: “seguí mi camino considerando que Dios es sobre natura, y antes que amaneciese di sobre dos pueblos, en que maté mucha gente”. Y más tarde “ya que amanecía di con otro pueblo tan grande que se ha hallado en él, por visitación que yo hice hacer, más de veinte mil casas. Y como las tomé de sobresalto, salían desarmados, y las mujeres y niños desnudos por las calles, y comencé a hacerles algún daño; y viendo que no tenían resistencia vinieron a mí ciertos principales del dicho pueblo a rogarme que no les hiciésemos más mal porque ellos querían ser vasallos de vuestra alteza y mis amigos; y que bien veían que ellos tenían la culpa en no me haber querido servir”.

El objetivo final -la pacificación de pueblos tan feos y crueles- es siempre logrado con ayuda del cielo: “Después de sabida la victoria que Dios nos había querido dar y cómo dejaba aquellos pueblos en paz, hubieron mucho placer”.

Este best seller del momento fue traducido a varias lenguas europeas y admirado como un modelo de héroe de la civilización. Es cierto que el gran Hernán Cortés termina sus días traicionando sus propios valores por la influencia de los valores humanistas, de los valores de los propios salvajes o quizás por las debilidades propias de su edad acrecentada.

Después de más de veinte años viviendo y conviviendo con los nativos, Hernán Cortés escribe, melancólico: “tengo experiencia de los daños que se han hecho y de las causas de ellos, tengo mucha vigilancia en guardarme de aquel camino, y guiar las cosas por otro muy contrario”. Más adelante, el héroe arrepentido resiste la costumbre, “y por esto yo no permito que saqueen oro con ellos, aunque muchas veces se me ha requerido […] Ni tampoco permito que los saquen fuera de sus casas a hacer labranzas, como lo hacían en otras islas”.

Bernal Díaz del Castillo (Historia verdadera, 1575), un soldado que se aproxima más a las convicciones de nuestra época, no cae en romanticismos de viejo y justifica la violencia de la empresa. Lo mismo había hecho Pedro Cieza de León (Historia del Perú, 1553). Según el antropólogo peruano Manuel Burga (Nacimiento de una utopía, 1988), “podríamos decir que la violencia constituye el principio ordenador del sistema colonial. Indudablemente, los incas también utilizaron la violencia en sus campañas de conquista, pero ella, sin embargo, se ocultaba cuando los incas conservaban intactas las sociedades conquistadas. [Los españoles] se esforzaron en quebrar la autosuficiencia de los ayllos y lanzarlos a una economía de mercado”.

La heroica y necesaria violencia de la Conquista fue presentada por otros malos españoles y peores católicos, como Fray Montesinos y sobre todo por el delirante Fray Bartolomé de las Casas, para denunciar una empresa que consideraban injusta y genocida.

Bartolomé de las Casas dejó sus memorias y denuncias escritas y se enfrentó en debates públicos (como en la Junta de Valladolid, 1551), ante el rey y la noble nobleza española de la que pareció salir vencedor. Por el buen corazón del Rey se promulgaron las humanísimas Leyes Nuevas en 1542, prohibiendo el abuso de los salvajes, pero nunca llegaron a imponerse en la práctica por la mala voluntad de algunos gobernantes.

El sojuzgador de Nueva Granada, Balacázar, respondió a una de estas órdenes Reales según la práctica corriente: “Se respeta, pero no se cumple”. Esto, para otro intelectual rebelde y traidor de su propia clase social, el peruano Manuel González Prada (Nuestros indios, 1908), era parte de un mismo juego: “los Reyes de España, cediendo a la conmiseración de sus nobles y católicas almas concibieron medidas humanitarias o secundaron las iniciadas por los Virreyes […] oficialmente se ordenaba la explotación del vencido y se pedía humanidad y justicia a los ejecutores de la explotación; se pretendía que humanamente se cometiera iniquidades o equitativamente se consumara injusticias”.

Durante siglos y milenios de literatura escrita y oral, por lo menos hasta la llegada de la crítica ilustrada del siglo XVIII, siempre se absolvió al rey y se culpó a los mandos medios por corrupción y abuso, desde los escritos de Guamán Poma Ayala (1610) o dramas como Fuenteovejuna (1612) de Lope de Vega hasta nuestros tiempos, mucho más espectaculares y virtuales.

Los Derechos Humanos se respetan pero no se cumplen. Como afirman nuestros sabios líderes del siglo XXI, las guerras son parte del plan del verdadero Dios, aunque siempre hay algunos individuos, generalmente mandos medios, que desvirtúan tan nobles objetivos como lo es la Paz mundial por la fuerza muscular del brazo armado del Señor. Jesús predicó el amor indiscriminado, pero sus seguidores más fieles mejoraron esta prescripción. Como decía el gran Theodore Roosevelt, “Speak softly and carry a big stick; you will go far” (“Carga un garrote en la mano mientras hablas dulcemente y llegarás lejos”). En antiguo castellano se decía: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

Lo que demuestra que si algunas sagradas escrituras pueden parecer contradictorias con la moral y la teología política, éstas en sí mismo extienden su inquebrantable coherencia a lo largo de los siglos, a través de las naciones y más allá de las diversas culturas que pueblan nuestro adorable mundo humano: el poder procede de Dios, ergo el plan del César es el plan de Dios.

(*)Jorge Majfud. Escritor uruguayo. Profesor. Lincoln University of Pennsylvania.
Tomado de la ediciòn digital de la Revista Fusiòn (España) del 28/09/2008

1 comentario:

  1. Amado Hermano, ha llegado a mis manos una CANALIZACION de IMPORTANCIA VITAL que es
    Enormemente Sorpendente, hecha por un Amadisimo Maestro Ascendido, sobre una PELICULA que
    pueden ver en esta web

    http://www.mensajdeluz445.net84.net

    YO SIENTO que esta Maravilla de Noticia ha de Expandirse entre Todos los Hermanos de la Luz, pues
    es de VITAL IMPORTANCIA para la Evolución de cada uno individualmente, y de TODO EL
    PLANETA en Conjunto.
    Gracias a esa carta, y a esas películas, yo soy un TESTIMONIO VIVO de la Veracidad de las Mismas,
    pues mi TERCER OJO SE HA ABIERTO y ya VEO EL AURA, tengo TELEPATIA con otros Hermanos
    de mi Reunión, ya NO SIENTO DOLOR, ni frio, y ya INVOCO ANGELES. Y si yo, que No era Nada,
    fui así Bendecido por estos 2 presentes del cielo que son esa Carta y esa Película ¿Qué No conseguirán en
    en Hermanos más Evolucionados que yo?
    Por eso te envio la carta CON TODO MI AMOR DE LUZ POR TI, te envio Copia de la Carta del
    Maestro Ascendido (esta en la pagina), y de la Película, para que esas Noticias lleguen a tus oidos,
    llenando de Amor tu Corazón, y para que LA LUZ te Inunde abriendo tu Tercer Ojo como hizo en mi, y
    en mis Hermanos de Reunión.
    Lee la carta Primero, y luego ve la Película con tu Corazón Abierto, y tras hacerlo, ENVIA UNA COPIA
    DE LA CARTA y de la película, a CADA HERMANO de Luz que conozcas, porque EN VERDAD que
    ESTAS SON NOTICIAS DE UNA NUEVA ERA!!!
    Firmado con TODO mi Amor hacia tí,
    de tu Hermano de Luz Gabriel

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