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lunes, noviembre 23, 2009

Bases militares "avisadas"...¿no matan gente? _ Escribe: Guillermo Giacosa / Perú 21

No es broma ni politiquería. Es una amenaza real e inminente. Y ya es tiempo que el mayor número de latinoamericanos se informe y tome conciencia de lo que significa el indigno acuerdo del Presidente Uribe con los Estados Unidos de Norteamérica para instalar siete bases militares en un territorio que no es privativo de Colombia. Porque este acuerdo compromete no solo la seguridad sino el rumbo de todos nuestros países y si no le ponemos un enérgico y unitario paralé, abdicaremos en perspectiva a nuestro derecho de elegir a nuestros gobernantes y, aun, nuestro propio destino.

Este no es un tema solo de Chavez & Cia., como pretenden hacerlo aparecer, es un problema de soberanía y de patria en el sentido mas profundo y amplio, tal como lo entendieron los próceres, de diferente procedencia, pero que hermanados, nos dieron la libertad del imperio español.

Esperamos que nuestros gobernantes se sacudan de su letargo y rebusquen algo de su perdida dignidad y se pongan de pie a través de UNASUR, o nos quedaremos sin otro futuro que no sea el de seguirle los tristes pasos a Puerto Rico y quedar estigmatizados como vergonzosas estrellas en la bandera del norte.

El artículo que les presentamos es una breve pero documentada advertencia. (Jesús Hubert)


La Fuerza Aérea de los Estados Unidos tendrá, como sabemos, siete bases militares en Colombia. Leamos lo que dicen sobre la base de Palanquero, para la que el Congreso de la superpotencia ha recibido una solicitud de su Fuerza Aérea de 48 millones de dólares. “Palanquero garantiza las operaciones del espectro completo por toda América del Sur” –es decir, de todas las ramas de las Fuerzas Armadas en forma simultánea–. Y agrega: “La seguridad y estabilidad de EE.UU. están bajo amenaza constante por gobiernos antinorteamericanos, las insurgencias terroristas financiadas con el narcotráfico, la pobreza endémica y los frecuentes desastres naturales”.



También especifica: “La fuerte relación de cooperación en seguridad (con Colombia) ofrece una oportunidad para conducir operaciones de amplio espectro por toda Sudamérica. La ubicación aislada (de la base) ayudará a las capacidades de Seguridad Operativa y Protección de Fuerza, minimizando el perfil de la presencia militar de EE.UU.”. Su intención es “utilizar la infraestructura existente el máximo posible, mejorar la capacidad para responder rápidamente a una crisis y asegurar el acceso regional y la presencia de Estados Unidos a un costo mínimo”. Dice también que “aumentará nuestras facultades de 'guerra expedita’, es decir, organizar a las Fuerzas Armadas de una nación para luchar en el exterior, especialmente cuando están ya ubicadas en bases militares extranjeras”.

Yo no sé a usted, pero a mí me parece lo más cercano a la peor pesadilla que jamás pudo soñar nuestro subcontinente. Los gringos han vivido inventando enemigos y fabricando causas de guerra. Cualquiera que no favorece sus intereses económicos o geoestratégicos entra de inmediato en la categoría de peligro para la seguridad nacional de los EE.UU., y a partir de ahí podemos esperar cualquier cosa. Y cualquier cosa es cualquier cosa. Nunca buena, por supuesto, pues quien tiene las armas se acostumbra a la prepotencia y el atropello. Y Estados Unidos no solo tiene las armas, sino que está entrenado para la prepotencia y el atropello –si no, que le pregunten a Vietnam, Panamá, Nicaragua, Granada, Irak, Afganistán, más un largo etcétera–. Suele, además, no cumplir sus compromisos, como no los cumplió con la Argentina ni con el resto de América cuando el Reino Unido retomó el control de las Islas Malvinas. Ni es transparente. Nadie que no sea ellos, Uribe y algún servicio secreto colombiano conocen los términos reales del acuerdo firmado para que EE.UU. establezca o se establezca –no cambia mucho la cosa– en las bases militares colombianas.

Los gringos deben sentirse inmunes al desgaste. Su etnocentrismo no les permite ver más allá de su propio ombligo. Durante Bush lograron el más colosal menosprecio de la opinión pública internacional –digo la real, no la que cuenta la prensa pro yankee–. ¿Seguirá Obama en la línea de su predecesor? ¿Traicionará así el discurso que lo encumbró en su cargo actual? Todo es posible. La guerra es, para Estados Unidos, una forma normal de resolver sus problemas.

Publicado originalmente con el título: ¿Nos estamos acercando a lo inimaginable?

Tomado del Diario Perú 21 - 17/11/2009