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| Nada está en venta en esta feria de Plaza Italia, en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Crédito: Juan Moseinco/IPS. |
Hay muchas formas de estar harto de la sociedad en que
vivimos. Las hay destructivas y las hay también constructivas. En una sociedad
individualista, cuya esencia es la competencia y el tener más que el otro, el
compartir gratuitamente objetos y servicios, es como una peligrosísima “kryptonita”
para el sistema.
Estaba medio adormilado y de verdad que me desperté con la
noticia increíble de las GRATIFERIAS. Eventos comunitarios que rompen todos los
esquemas y que en Argentina y otros países están empezando a sembrar el germen
de una verdadera revolución que va más allá de los esquemas ideológicos y los planteamientos
políticos, para regresarnos a lo más elemental de los orígenes de la humanidad:
el compartir, sin lucro.
No es casual, como se menciona en este interesante informe
de TIERRAMÉRICA, que el 2011, la
revista estadounidense Time definiera el consumo colaborativo como una de las
10 ideas capaces de cambiar el mundo. Y
agregaremos nosotros, también de devolvernos la esperanza. (Jesús Hubert)
“Trae lo que quieras
(o nada) y lleva lo que quieras (o nada)”
BUENOS AIRES, 3 sep 2013 (IPS) - Desencantados con una
economía que promueve el individualismo y el consumo depredador, miles de
argentinos se suman a ferias en las que los objetos se regalan, comparten
traslados en automóvil con desconocidos u ofrecen alojamiento gratuito a
viajeros del exterior.
Son tendencias incipientes en este país sudamericano, pero
que crecen apoyadas en las plataformas 2.0. Los usuarios comparten una misma
preocupación por el cuidado ambiental y cierto rechazo al consumismo. Pero
también su voluntad de incrementar el contacto comunitario y de fomentar la
confianza entre las personas.
“Necesitamos mucho menos de lo que consumimos. Por eso, la
base de nuestras ferias es el desapego, la necesidad de liberar objetos del
concepto de propiedad privada”, explica Ariel Rodríguez, creador de La
Gratiferia bajo el lema “Traé lo que quieras (o nada) y llevate lo que quieras
(o nada)”.
La iniciativa se puso en marcha en 2010. La primera feria
fue en su casa, en el barrio porteño de Liniers. Rodríguez puso a disposición
de amigos y vecinos libros, discos, ropa, muebles y otros bienes que acumulaba
y no necesitaba. Preparó también algo de comer y sirvió algo de tomar.
Con el tiempo, hubo quienes lo imitaron y, recuerda, la
feria número 13 “salió a la calle y explotó” con la difusión en redes sociales.
“Es algo que rompe con los esquemas”, dice Rodríguez. Los visitantes se acercan
con incredulidad, sin saber si tienen o no derecho a tomar objetos sin dejar
nada a cambio.
La gente puede ir a una gratiferia con los objetos que desea
liberar y no tiene que preocuparse de que alguien se los lleve. La idea es
justamente que encuentren un interesado en prolongar su vida útil, en lugar de
adquirir uno nuevo.
“Es como un reordenamiento de los objetos que además genera
una socialización interesante porque surge un patrimonio que ahora es
comunitario”, define Rodríguez.
Las gratiferias se extendieron a ciudades de algunas
provincias y también a Chile, México y otros países, aseguró su impulsor.
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