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sábado, setiembre 22, 2012

Operativo policial-militar: Una niña muerta más… ¿qué importa? _ Escribe: Ricardo I. Ráez Ruiz





“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor”
De “Cambalache”, tango de Carlos Gardel

“Verdades” oficiales. Indiferencias aprendidas. Silencios cómplices. Vivimos en una sociedad hecha a imagen y semejanza del poder: hipócrita y mentirosa.

Y la única forma de exorcizarla, es hablando claro, terminando con esas opiniones a media voz, susurradas al oído y con la mano ahuecada.

Y eso es lo que hace el destacado profesor y literato Ricardo Raez, con la segunda entrega de CAMABALACHE, prensa de opinión por internet, que los tiene bien puestos. (Jesús Hubert).
 




"Una niña de ocho años es muerta por un balazo en la espalda “tras el fuego cruzado en un operativo de las fuerzas combinadas del ejército y la policía contra terroristas”, informa un diario.  l hecho ocurrió el 8 de setiembre en el anexo de Ranrapata, distrito de Santo Domingo de Acobamba, en Huancayo.  “El padre de la víctima y el abuelo materno aseguraron a la prensa que los agentes del orden ingresaron a su vivienda, donde dispararon y posteriormente arrastraron el cuerpo de la niña unos 50 metros, hasta dejarla sobre unos matorrales”

–LA PRIMERA. Domingo 16 de setiembre de 2012.

"Sólo unos días después de que las fuerzas armadas y policiales comunicaran el suceso, sin  mencionar la muerte de la niña,  se conoce este hecho por la denuncia del alcalde de Ranrapata. El analista político “Carlos Tapia reveló que los efectivos policiales a cargo del operativo tuvieron conocimiento de la muerte de la menor y sin embargo no transmitieron la información a través de la cadena de mando”

(LA PRIMERA, 15 de setiembre de 2012).

Como resultado de  la misma operación, las fuerzas armadas y policiales traen a Lima a tres niños, de diez meses, de cuatro y de ocho años.  Dicen que los han rescatado, que eran  pioneritos, niños secuestrados por grupos terroristas. Después se sabrá que no era cierto, que “eran beneficiarios del programa Vaso de leche e incluso eran estudiantes del centro educativo de Ranrapata”, (como informó el alcalde, que agregó: “Nadie me hizo caso ni me preguntó sobre ellos”).  Los retienen en la pista de aterrizaje por varias horas hasta que lleguen los periodistas, la prensa y la Televisión y la primera dama y la ministra de la mujer. Entonces comienza el espectáculo: Las fotos ilustran el amoroso cuidado de las damas acogiendo a niños de muy corta edad. 

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Al día siguiente, en todas las primeras planas, en todos los noticieros de la televisión se suceden las imágenes de las damas y se da gran publicidad al operativo de las fuerzas conjuntas del ejército y de la policía.  El congresista Fredy Otárola dirá que “el operativo fue impecable”. ¡¿Impecable?! Una niña muerta, niños secuestrados y varias mujeres acusadas falsamente de terroristas –que después serán liberadas- y  todo el trauma causado a los niños y a los pobladores, ¿no significa nada? ¿Es que, como titula un cuento de Julio Ramón Ribeyro, “La piel de un indio no cuesta caro”?

Y la perla: el ilustrísimo señor Cardenal  Juan Luis Cipriani,  minimizando la muerte de la niña y mostrando su verdadera cara y posición  en este mundo terrenal, dice: “Las intervenciones militares contra el terrorismo no pueden ser  con guante y mandil y (pidiendo) permiso para entrar”. Para un cardenal que combate el aborto en todas las circunstancias, a todo pulmón en cada homilía,  ¿esta vida no le significa nada? ¿Qué vidas le parecen valiosas? ¿No lo fueron las de decenas que se perdieron en el cuartel de Los Cabitos cuando estaba de obispo en Ayacucho y cuyos cadáveres se están desenterrando hasta ahora? Seguro que este obispo asume también que se justifica la muerte de diez individuos si en el grupo hay tres o algún terrorista.

Nadie pretenda enlodar a nuestras heroicas fuerzas armadas que luchan día a día por defender la democracia. Que no la enloden los malos efectivos. Ya no estamos en el régimen del dictador A. Fujimori, que cumple condena por corrupto y asesino. La democracia debe mostrarse limpia y llegar a todos los rincones de nuestra patria. Ha habido un mal operativo. Luego se ha agraviado a niños y pobladores, se ha mentido en las altas esferas. No se puede mezclar las cosas. Es necesario dar respuesta rápida con la verdad y pedir perdón al ofendido. La confianza en la democracia está en juego.

Algunos congresistas pretender salvar su imagen pidiendo investigación de los hechos. Por cierto, comenzará, ¿y cuando terminará?  Tenemos la experiencia que las fuerzas armadas no envían nombres de los jefes involucrados en acciones por investigar, no dan informes, y se dilatará la investigación y al final la democracia seguirá herida, lamentablemente, como se dice.

Ya han pasado varios días, se ha empleado mucho tiempo en el congreso; se dan argumentos de toda especie. Sin embargo, ahí están los hechos. Está en prueba la confianza de los millones de peruanos en la democracia, en la que creemos y por la que tenemos que levantar la cara y debemos defender. Es la única manera de derrotar a todo terrorismo: lograr que todos los peruanos confíen en la democracia. Que en cada rincón del país se entienda que no hay peruanos de primera, de segunda, tercera y cuarta categoría.

Al final, ¿qué va quedar?

La convicción de que todo sigue igual en el país. Las poblaciones del interior indefensas, sin atención de su gobierno. Sin esperanzas.  Raúl Mayo Filio, en El Comercio, domingo 16 de setiembre del 2012, informa: “Ranrapata, el aislado centro poblado de Junín (…) es uno más sumido en la extrema pobreza (…). Donde los niños viven sin alimentos, abrigo ni la mínima atención de salud. (…) la única fuente de agua de la comunidad es un manantial que los pobladores comparten con las bestias de carga y los animales domésticos. No hay saneamiento básico, tampoco electricidad; menos una carretera. La penosa realidad está plasmada en los rostros de los niños llenos de llagas por infecciones cutáneas, con ojos enrojecidos por la conjuntivitis, pelo rojizo producto de la desnutrición. En estas condiciones, un pueblo es presa fácil para el engaño.” Con seguridad, el Cardenal jamás irá a llevarles consuelo alguno. Y dirá: “La criatura está muerta. Recemos y busquemos la mejor manera de actuar.” Le decimos: ya estamos cansados de rezar, lo estamos haciendo desde hace siglos, y cierto, mejor busquemos qué hacer, comenzando por llevar auxilio y justicia a esa poblaciones, con el ejemplo.

La lucha contra los terroristas debe comenzar por atender las necesidades primarias de estos pueblos olvidados. Los olvidados de siempre deben sentir la presencia del gobierno en realizaciones concretas y no en promesas que no se cumplirán. Deben sentir la sinceridad de quienes dicen respetar sus derechos y ser considerados ciudadanos como los que viven en Miraflores o en La Planicie.

No creo en “investigaciones”. La verdad se ocultará entre los folios de los juzgados. Ya en el comunicado oficial del 25-2012-CCFFAA se decía en el ítem 3: “El operativo se desarrolló con presencia de personal del Ministerio Público que elaboró el acta correspondiente, haciéndose cargo del caso (…).” Sin embargo, el Fiscal de la Nación, José Peláez, reveló que el Ministerio Público desconocía la realización del denominado “Operativo Mantaro” y que “la fiscal Elaina Aguilar Solórzano recién tomó conocimiento del hecho, el pasado 09 de setiembre, cuando se encontraba en la base militar de Pichari” (información publicada en La Primera, sábado 15 de setiembre de 2012). Entonces, ¿en qué investigaciones vamos a confiar con todos los antecedentes que conocemos?

Es triste reconocer que parece que las cosas seguirán igual como siempre.

¿Qué piensan ustedes, queridos amigos? Quisiera conocer sus opiniones. Y si les parece pueden reenviar CAMBALACHE a sus amigos.
                             

 

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